
El genio del poder rojo
¿Cómo entender la perennidad y la irradiación mundial del terrible régimen que instituyó el creador del partido bolchevique? La académica francesa Héléne Carrére d´Encausse lo explica con gran rigurosidad en su libro Lenin (Fondo de Cultura Económica), de inminente aparición y del que aquí se publica un anticipo.
1 minuto de lectura'
EL retorno de Lenin a Petrogrado fue aparentemente triunfal. (...) A la llegada del tren, Lenin sale el primero. Está frente a Chkeidze, que pronuncia el discurso de bienvenida "en nombre del sóviet de obreros y soldados" del que es presidente, y agrega: "Consideramos que la tarea principal de la democracia revolucionaria, en la hora actual, es la defensa de nuestra revolución contra cualquier tentativa enemiga, tanto del interior como del exterior. Creemos que no hay que dividir sino, al contrario, cerrar las filas de todos los demócratas. Esperamos que ésa sea la meta que usted persiga junto a nosotros". Durante el discurso, Lenin permanece impasible (...). Pero ni bien Chkeidze termina, le da la espalda y machaca:
"Queridos camaradas (...) saludo en ustedes la revolución rusa victoriosa, la vanguardia del ejército proletario mundial. La guerra de rapiña imperialista es el comienzo de la guerra civil en toda Europa (...). Despunta la aurora de la revolución mundial. (...) ¡Viva la revolución socialista mundial!".
Luego, ante sus oyentes petrificados, se aleja al son de La Marsellesa y sube a un auto oficial (...).
Llega al palacio donde lo esperan sus fieles, Lenin se precipita al balcón, pronuncia una breve arenga entrecortada por los aplausos pero también por algunos gritos hostiles, prontamente reprimidos por un servicio de orden eficaz, y se reúne por fin con los dirigentes bolcheviques.
(...) Durante dos horas por reloj, arrebatado por la dicha de haber vuelto a Rusia luego de siete años de exilio y de reencontrarse entre los suyos, les prodiga en su estilo oratorio muy personal que "martillaba, hostigaba al oyente", un discurso sin matices. (...) No demora un instante en retomar su tema favorito, la transformación de la guerra en guerra civil, y condena sin ambages la actitud adoptada hasta entonces por el sóviet, afirmando que la "democracia soviética propiciada por Tseretelli y Chkeidze no puede conducir ni a la paz real (por la guerra civil) ni a la revolución. (...) El sóviet dirigido por oportunistas, por social patriotas, no puede ser sino el instrumento de la burguesía. ¡Para que sirva a la revolución mundial, es preciso conquistarlo, es preciso que sea proletario!" De allí se deducen dos conclusiones: la negativa a sostener al gobierno provisional; la necesidad de imponer al sóviet una mayoría, incluso una dominación bolchevique. Petrificados, los partidarios de Lenin escuchan ese discurso para el cual no estaban en modo alguno preparados.
(...) Durante las semanas que siguieron al derrumbe del zarismo, los bolcheviques, privados de su jefe, no permanecieron inactivos. El 26 de febrero, en plena agitación de Petrogrado, Chliapnikov, Zalutski y Molotov habían preparado un manifiesto que publicó Izvestia , el recién nacido órgano del sóviet de aquella ciudad. Desde 1916, Molotov y Chliapnikov habían trabajado para volver a levantar una organización bolchevique en la capital y constituyeron entonces el buró ruso del Comité Central. El tono de su manifiesto era de modestia: el 28 de febrero, cuando apareció, el nuevo poder todavía no estaba estabilizado. Ese texto se contentaba por ende con llamar a la formación de un "gobierno provisional de la Revolución" y reclamar reformas de naturaleza democrática (...).
En los días siguientes, y restablecida la libertad de prensa en Rusia, reapareció Pravda bajo la dirección de Molotov; el diario adoptó de entrada las posiciones del manifiesto. Sin embargo, a los bolcheviques no les resultaba sencillo optar por una línea política clara, en especial frente al gobierno provisional, cuando éste se constituyó. ¿Había que sostenerlo? ¿O bien, al contrario, combatirlo, como opinaba Molotov? El 13 de marzo, tres veteranos de Pravda que, por haber estado exilados en Siberia, habían perdido el control del diario: Stalin, Kamenev y Muranov, regresaron a Petrogrado y de inmediato retomaron en sus manos el órgano del partido. La posición que le imprimieron entonces no tenía nada que ver con la que iba a defender Lenin. (...) Los responsables del diario habían decidido prudentemente esperar que los acontecimientos tomaran un rumbo más claro para afinar su propio análisis.
Elemento dominante de su actitud: la certidumbre de que la revolución de febrero era burguesa y, en consecuencia, que el gobierno provisional podía pretender legítimamente representarla y hablar de paz teniendo en cuenta los intereses revolucionarios. Otro ingrediente de la actitud de los bolcheviques: su deseo de unidad (...). La distancia entre sus puntos de vista "conciliadores" y las posiciones de Lenin era tal que, al recibr en marzo de éste (...) unos artículos titulados "Cartas desde lejos", que (...) llamaban a derrocar al gobierno provisional, Kamenev y Stalin decidieron censurarlos.
(...) El 4 de abril, una reunión de los socialistas de todas las tendencias en el palacio de Táuride tiene por objetivo proclamar la unidad. Lenin defiende la opinión contraria al proyecto con una rara violencia; lee a los socialistas un texto escrito por él, que es un programa completo de paso a una nueva fase de la revolución; más grave: propicia que su plan se aplique sin demora. Sus principales elementos son los siguientes: interrupción inmediata de todo esfuerzo bélico; fin del apoyo al gobierno provisional y transferencia de todos los poderes a los sóviets; supresión del ejército regular y su reemplazo por milicias populares; confiscación de la propiedad terrateniente y nacionalización de las tierras; control de la producción y distribución por parte de los sóviets.
(...) Lenin se gana ciertamente injurias y rechiflas, pero falta en la reunión una crítica estructurada de su posición. Eso es lo que lo salva. Eso es, también, lo que a posteriori constituirá su fuerza. El gobierno provisional lo cree perdido en la opinión de los socialdemócratas y espera que sus excesos verbales (...) lo priven de sus partidarios, así como de la opinión pública. (...) Y los dirigentes del gobierno provisional que en un principio lo habían temido e incluso habían vacilado en dejarlo volver -aunque en la enardecida Rusia de febrero semejante negativa era impensable-, empiezan entonces a sonar. Lenin es un hombre acabado, consideran. Sólo uno de ellos no alimenta esa ilusión: Kerenski, convencido de que aquél no tardará en resurgir. El hecho de que su lucidez sea tan poco compartida contribuye a explicar la debilidad de la burguesía liberal en el poder frente al hombre que, pocos meses después, va a abatir la democracia.
Empero, Lenin debe imponerse antes a su propio partido (...). Pravda , donde lleva su discurso, que se llamará "Tesis de abril", rezonga. El texto no se ajusta a las posiciones adoptadas por el diario. Pero Lenin es más obstinado y mejor táctico que todos los suyos. (...) Fuerza las puertas de Pravda y se instala en el comité de redacción. (...) El 7 de abril, el diario publica sus discursos con el título "Sobre las tareas del proletariado en la revolución actual". No obstante, lo precede una nota de Kamenev que subraya que sólo compromete a Lenin y agrega: "Nos parece inaceptable, porque presupone que la revolución burguesa está terminada y propicia su transformación inmediata en revolución socialista".
La oposición de los bolcheviques a las tesis de Lenin es tan fuerte que al día siguiente, el comité del partido de la capital se reúne para debatirlas; la votación final es abrumadora: 13 votos en contra, dos a favor, una abstención. Desde el interior llegan condenas similares que permiten augurar cuánto le costará a Lenin ganar al partido para sus puntos de vista.
Pero pese a ello no se desalienta y prepara con el mayor cuidado la conferencia panrusa del partido, que debe reunirse diez días más tarde.
(...) La conferencia reúne a 149 delegados elegidos por cerca de ochenta mil afiliados. Contra Lenin, Kamenev propone que el partido se atenga a la línea definida en marzo y "vigile" al gobierno provisional. Rikov, por su parte, declara: "La iniciativa de la revolución no nos pertenece". Pero Lenin es apoyado entonces por el infaltable Zinoviev. Y también por Bujarin, que en 1915 se había opuesto a sus tesis sobre la cuestión nacional -era hostil a la idea de autodeterminación-, pero coincide ahora con su convicción de que la revolución debe ser inmediata. Por último, Stalin, a su turno, se convierte súbitamente a sus puntos de vista. Este apoyo le valdrá formar parte del comité elegido al término de la conferencia (...).
Mientras la conferencia sigue adelante con sus trabajos, la multitud manifiesta en las calles; las tropas que el gobierno provisional vacila en lanzar contra ella se muestran muy poco decididas a cumplir eventualmente esas órdenes. Todo parece confirmar entonces las tesis de Lenin y fortalecer su ascendiente. La votación final atestigua que ha sabido convencer e imponer su autoridad al partido. (...) Lenin batalla igualmente para que el término "socialdemócrata", sinónimo de traición, según declara, se abandone en favor de la palabra "comunista". En este punto, la conferencia se niega a seguirlo, así como decide, contra su voluntad, crear un grupo de trabajo que reúna a bolcheviques y mencheviques con vistas a restablecer la unidad. El sueño de reconciliación persiste entre los socialistas.
Así, pues, Lenin gana en lo esencial, pero no completamente. El comité central elegido como resultado de la conferencia (...) refleja la ambigüedad de su victoria. Entre los nueve miembros titulares, cuatro son partidarios suyos -Zinoviev, Sverdlov, Smilga y Stalin-, pero en el caso de este último se imponen algunas reservas, pues su adhesión es muy reciente.
(...) El mayor éxito de Lenin radica sin duda en el hecho de que, desde ese momento, el partido hace suya la consigna "Todo por los sóviets". Al proponer este lema en abril de 1917, Lenin presenta por otra parte una versión modificada de sus propias ideas. A principios del año, mientras aún se encontraba en Suiza, había abordado durante una conferencia el tema de los sóviets, pero lo había tratado en unas pocas frases breves, en las que expresaba poco interés por esa institución. Gradualmente comprendió su importancia y, en su primera "carta desde lejos", la describió como "un gobierno de los obreros que representa los intereses del proletariado y la parte más miserable de la población". La percepción cambiante de Lenin anuncia ya la consigna de las "Tesis de abril" y la equivalencia que va a establecer entre el sóviet y la Comuna de París, poderes que, en ambos casos, tienen por origen "la iniciativa directa de las masas populares, iniciativa procedente ´desde abajo´ de la sociedad". Al asimilar Comuna y sóviet y referirse a Marx, Lenin da un fundamento histórico sólido a su tesis. Lo que no impide que su concepción (...) sea la de un sóviet penetrado por el partido, expresión de la voluntad del partido. Ahora bien, éste no tiene ideas muy coherentes sobre la representación política de la sociedad. Su programa, adoptado en 1903 y aún sin cambios en 1917, considera la Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal como la instancia representativa de la soberanía popular. Durante la conferencia de abril, los participantes todavía la ponen en un pie de igualdad con el sóviet, sin procurar jerarquizar estas dos instancias en términos de poder. Luego de octubre, estallará el desacuerdo entre Lenin -que aún calla hábilmente sus opiniones sobre este delicado punto- y el partido. Pero en los meses que siguen a la conferencia de abril, éste, así como todas las demás formaciones socialistas, atacarán sin descanso al gobierno provisional por su demora en organizar elecciones destinadas a dar vida a la Asamblea Constituyente. Lo que no impedirá que los bolcheviques griten al mismo tiempo, y cada vez más fuerte: "¡Todo el poder a los sóviets!".
* * *
La historia de la revolución, de febrero a octubre, se divide en dos períodos. Desde la revolución de febrero hasta el verano de 1917, parecen todavía posibles diversas soluciones políticas (...). Pese a la presión que Lenin, a su retorno a Rusia, empieza a ejercer sobre el gobierno y el sóviet, las posibilidades que tiene su partido de llegar al poder son tenues. Y lo son tanto más cuanto que luego de la revolución de febrero, muchos de sus compañeros, vueltos del exilio, sienten la tentación de aceptar la situación política existente, la revolución burguesa, y de participar en la dirección del país. Es innegable que durante este período el poder está marcado por la existencia de dos centros de autoridad: gobierno y sóviet. Pero por entonces no es eso lo esencial. Lo que la sociedad espera del gobierno provisional (...) es que dé una respuesta a sus aspiraciones más fuertes: la paz y la reforma agraria. La debilidad de ese gobierno, que progresivamente va a hacerle perder legitimidad, obedece a su incapacidad o a su negativa a brindar las respuestas esperadas a las acuciantes demandas de la sociedad.
(...) La decepción profunda que ocasiona una actitud tan contraria a las esperanzas populares está en el origen de las dos evoluciones que se entrevén desde el verano de, 1917. En primer lugar, la sociedad, que comprende que no debe esperar nada del gobierno, se aparta de él y busca respuestas en otras instancias, ante todo en el sóviet que, en pocos meses, quedará investido con la confianza popular y adquirirá con ello una legitimidad propia. Pero esta sociedad frustrada también decide a partir del verano encontrar por sí misma, sobre el terreno, sin ocuparse ya del poder, respuestas a sus propias aspiraciones. Las deserciones que se multiplican en el frente en esta época y las tierras y fincas que los campesinos confiscan por su propia cuenta en el campo consagran esta acción espontánea de la sociedad, al margen del poder. (...) Lenin, cuya intuición política es indiscutible, no tarda en apreciar la importancia de las evoluciones producidas en Rusia entre febrero y abril de 1917. Si lanza entonces la consigna "¡Todo el poder a los sóviets!", es porque desde su regreso entrevé que el sóviet y sus diversas instituciones hermanas a través del país están ganando legitimidad a expensas del gobierno provisional y ya no a su lado, legitimidad que el partido bolchevique podría captar algún día.
¿Es ineluctable entonces la victoria de los bolcheviques? ¿Se la puede prever desde el verano de 1917 y afirmar que en esos momentos las masas se deslizan irreversiblemente hacia su campo? No. En este período, la sociedad está más próxima a los otros partidos socialistas, aun cuando a sus ojos sus representantes estén comprometidos debido a su participación en los gobiernos de coalición. El campesinado, mayoritario en Rusia, espera de los socialistas revolucionarios que respondan a sus expectativas. Y los mencheviques conservan una autoridad real en la clase obrera. Los golpes de fuerza fallidos de los bolcheviques no contribuyen a aumentar su prestigio. Pero Lenin, en esas circunstancias, recibirá una vigorosa ayuda de Kerenski.
Desde el verano de 1917 hasta octubre, el escenario político ruso, tan fértil en acontecimientos, estará dominado, en efecto, por una confrontación invisible entre los dos hombres. Lenin ha advertido y analizado las debilidades de Kerenski, en particular las dos principales: una vinculada con su carácter, la otra con su impotencia para analizar con justeza las situaciones. Kerenski es de un temperamento irresoluto, incapaz de llevar adelante de manera consecuente un designio. (...) De tal modo, constantemente obsesionado por el temor a verse frente a una contrarrevolución tendiente a restaurar la monarquía o a llevar al ejército al poder, no deja de volcar su atención y sus golpes contra ese adversario imaginario, y subestima la capacidad de Lenin de sacar ventaja de su orientación antiderechista. De la misma forma, hasta octubre, Kerenski subestima la aptitud de los bolcheviques para restablecerse luego de numerosos fracasos. Cuando toma conciencia de su error, ya ha perdido la partida.
Frente a su ceguera política, Lenin desempeña su papel mucho más hábilmente. Es cierto que también se equivocará, en especial en julio de 1917. Pero hay un punto en el que no cometerá jamás error alguno durante esos meses difíciles: su percepción de Kerenski. Siempre sabrá descubrir los errores de juicio o acción de su adversario y los integrará en su estrategia política.
En definitiva, la "carta Kerenski" constituirá una carta de triunfo fundamental para Lenin, a despecho de la posición minoritaria del partido bolchevique. Pero a ella conviene además agregar otra, la que le ofrecerán sus adversarios socialistas, especialmente los mencheviques. Convencidos de ser más populares y estar mejor implantados que los bolcheviques en los medios obreros (...) subestimarán a Lenin en la misma medida que Kerenski.
(...) En definitiva, la debilidad de todos sus rivales habrá consistido en no estar lo suficientemente atentos a las palabras y los escritos de Lenin. De haberlas escuchado y leído, tal vez habrían advertido o previsto mejor lo que sería un dato importante de la revolución de octubre: el papel de los "profesionales" de la revolución y la manipulación de las instituciones a la que, tras los pasos de su maestro intelectual, se entregarán con entusiasmo.




