
El grupo sushi , del poder al ostracismo
Fue el círculo de confianza y la usina generadora de ideas de Fernando de la Rúa en el poder. A casi un año de la caída, todos sus miembros dejaron de lado la política y se dedican a la actividad privada, en general vinculados con el exterior. Juran que no volverán a involucrarse en la función pública y la mayoría no volvió a ver al ex presidente
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Paradojas de la vida política: quienes cayeron aferrados a la bandera antidevaluación disfrutan hoy de los beneficios del fin de la convertibilidad.
Casi todos los integrantes del círculo de confianza de Fernando de la Rúa, incluidos sus dos hijos, desarrollan actividades relacionadas con el exterior. Unos quieren vender vinos y jeans ; otros, exportar arte o sus conocimientos sobre economía, educación, turismo, construcción o marketing político. Pero todos miraron hacia afuera de la Argentina a la hora de rehacer su vida laboral en el ámbito privado.
A casi un año de la caída de De la Rúa, lo que en los comienzos de su gestión aparecía como un conjunto homogéneo y generador de ideas innovadoras quedó desfigurado sobre el final del gobierno aliancista, y hoy está virtualmente pulverizado.
Los integrantes del grupo al que el periodismo bautizó sushi en referencia al supuesto rito de reunirse en la zona de Las Cañitas para compartir esa comida oriental, hoy están divididos. Sólo parecen tener un único factor en común: la mayoría admite que en los próximos comicios presidenciales votará por el ex economista radical Ricardo López Murphy.
De los integrantes del grupo, cuyos principales referentes eran Antonio de la Rúa y su consejero intelectual, el ex banquero y jefe de la SIDE Fernando de Santibañes, dos se radicaron en el exterior (el propio Antonio y Darío Lopérfido, ex secretario de Cultura y vocero presidencial); uno vive algunos meses en Chicago y otros aquí; tres son consultores de organismos internacionales como el BID y el Banco Mundial o de empresas multinacionales -Andrés Delich, ex ministro de Educación; Hernán Lombardi, ex ministro de Turismo, y Lautaro García Batallán, ex viceministro del Interior-, y Darío Richarte, ex número dos de la SIDE, vive en San Isidro, volvió a ejercer su profesión (es abogado) y dicta una cátedra de Derecho Penal Internacional dos veces por semana en la UBA.
Antonio de la Rúa, el hijo mayor del ex presidente, se radicó en Miami. El joven que se encargó de la comunicación de la gestión aliancista vive en la mansión de su novia, Shakira, y se mueve al ritmo de la cantante colombiana. La acompaña todo el tiempo y es por eso que durante la preparación del último disco Antonio instaló una minioficina al lado del estudio en el que Shakira grababa. Una computadora y un teléfono alcanzaron para seguir con las tareas de la consultora de imagen que montó en los Estados Unidos. Desde allí pudo monitorear también cómo marchaba la importación de jeans argentinos que luego vendería en Nueva York y República Dominicana.
Si bien el hijo mayor del ex presidente tendría en mente un proyecto más ambicioso -contratar a reconocidos diseñadores norteamericanos, fabricar con sus moldes jeans en la Argentina y distribuirlos en los Estados Unidos-, las obligaciones laborales de Shakira podrían cambiar sus planes: la artista comenzará en los próximos días su primera gira mundial y su novio, al que ya le dedicó dos temas, tiene pensado acompañarla.
Antonio cambió el papel de actor que tuvo en uno de los videos musicales de su novia por el de productor. Con la ayuda de su amigo Ramiro Agulla -el publicista argentino autor del célebre spot de campaña "Dicen que soy aburrido"-, hizo el último video de Shakira. Además, Sony -la empresa para la que trabaja la cantante- lo habría contratado como asesor de imagen de la artista.
En tanto, Fernando "Aíto", el otro hijo de De la Rúa, instaló una oficina en Callao y Las Heras. En el piso superior de lo que se transformó en el reducto de las reuniones que su padre hace en la Capital -el ex mandatario vive en Villa Rosa, su quinta de Pilar-, quien alguna vez fue impulsor y director del sitio Educar , ahora se dedica al arte.
"Quiere agrupar a jóvenes diseñadores argentinos que hagan muebles, ropa, pintura, escultura, objetos originales. Fortalecer el grupo acá y exportar después arte argentino", confió uno de sus colaboradores más cercanos.
En la oficina aseguran que Aíto "no tiene nada que ver" ni con Puro Diseño, la megamuestra de arte que se inauguró en el barrio porteño de Palermo Hollywood, ni con el ambicioso proyecto de crear un museo mundial itinerante sobre Diego Maradona. "En los dos casos hay amigos de él trabajando, pero por ahora Aíto no tiene capital como para invertir en eso", dijo la misma fuente.
Uno de sus amigos contó a LA NACION que desde que su padre abandonó el gobierno, el chico no volvió a frecuentar los boliches nocturnos de los que era habitué. "Es por respeto a la gente", justificó el joven, que desmintió, además, que el hijo menor de los De la Rúa hubiera tenido pensado radicarse en Brasil, tal como indicaron algunos medios. "Sólo fue cuatro días a San Pablo a visitar a su primo", aseguró el informante.
Vocación cultural
Darío Lopérfido, en cambio, vive en España. Trabaja como productor musical y audiovisual asociado al poderoso Grupo Prisa, editor del diario El País. Se dedica a armar presentaciones y giras para grupos argentinos.
De sus ex compañeros de gobierno, sólo mantiene contacto vía correo electrónico con Lombardi y, esporádicamente, con Antonio de la Rúa y Cecilia Felgueras. La vicejefa del gobierno porteño fue la primera en quedar afuera del grupo, apenas De la Rúa llegó al poder.
Hoy, el ex vocero presidencial y ex secretario de Cultura jura ante sus amigos que "nunca más" piensa dedicarse a "algo parecido a la política".
"Mi vocación siempre fue la cultura y me siento bien con las cosas que hice en el área. La política por sí misma no me interesa, me interesó en otro momento para poder organizar políticas culturales. Ahora estoy muy bien porque me dedico a eso desde lo privado", comentó a un allegado hace algún tiempo.
Como buena parte de los ex integrantes del gobierno no volvió a ver personalmente a De la Rúa. Sólo llamó por teléfono para saludarlo hace algunos meses, cuando estuvo de visita en Buenos Aires.
Por su parte, Lautaro García Batallán intenta montar una empresa exportadora de "vinos de arte" -las etiquetas son pinturas de artistas argentinos o las botellas, recubiertas por esculturas-, tiene una consultora política (en las últimas elecciones presidenciales de Ecuador asesoró a un candidato) y sigue participando del diario universitario La U. Si bien dice que en la actualidad no tiene porcentaje alguno, admite que inicialmente poseía el 21 por ciento de las acciones del medio que se distribuye gratuitamente en las universidades, y que es propiedad del publicista Agulla, de Luis Cetrá -titular de Radio Rivadavia- y de Sergio Szpolski -ex socio de Daniel Hadad en la compra del diario BAE, y sobrino de Alberto Szpolski, dueño del desaparecido Banco Patricios.
Desde una oficina situada a una cuadra del Congreso, García Batallán diseña la agenda de viajes para promocionar sus productos. Ya tiene contactos con España, Ecuador y Estados Unidos (se entusiasma con la posibilidad de cerrar un suculento contrato con una línea de cruceros en Miami que serviría vinos argentinos a bordo de sus naves), y en los próximos días visitará la República Dominicana.
No le gusta hablar de la frustrada experiencia de gobierno. "No fuimos ni tan buenos como queríamos ni tan malos como cree la gente", responde cuando se le pregunta sobre el tema.
También el "rubiecito seductor", como alguna vez lo definió un viejo militante del radicalismo que pretendió descalificar la capacidad de García Batallán para ocupar el viceministerio del Interior, asegura que no volverá a actuar en política.
"Milito desde los 14 años (fue uno de los principales referentes de Franja Morada, la agrupación estudiantil de la UCR). Tengo 35. Todo lo que pasó fue una desilusión muy grande y juro que es mi corte con la política. Tuve que aprender a trabajar en otra cosa", se lamenta.
Sólo se sigue viendo con Hernán Lombardi y Andrés Delich. Con Darío Richarte, de quien era más amigo, está distanciado desde que publicaciones periodísticas atribuyeron al ex número dos de la SIDE una actuación supuestamente poco clara en el manejo de los fondos de la Secretaría de Inteligencia.
Tan sólo una novia
García Batallán, que cuando era legislador porteño fue afectado por un caso de corrupción en el que estuvo involucrado uno de sus colaboradores más estrechos, se enfurece cuando insinúan que el paso por la función pública es sinónimo de solución económica para el futuro. "¿Qué fue lo que se llevó del gobierno Antonio? Una novia", se pregunta y responde de inmediato.
Siempre se dijo que de todos los sushis , Richarte era el preferido por Santibañes. Los hechos confirman hoy las especulaciones del pasado: el ex subsecretario de Inteligencia es actualmente el abogado de Santibañes, a quien la incursión en la función pública le deparó varios juicios, como el reclamo de alguno de los más de mil agentes de inteligencia a los que echó de la SIDE como parte de un plan de racionalización.
Más allá de sus conocimientos y contactos con el mundo financiero, la añeja amistad del ex banquero con De la Rúa le dio -y le da- una especial consideración por parte del ex presidente. La cercanía que antes estaba restringida a los fines de semana, ahora es diaria: ambos se mudaron a las quintas linderas que tienen en Pilar.
Tal vez como una vía para tenerlo cerca y abrirle la puerta de un selecto vecindario político, De Santibañes ayudó a Richarte a adquirir los terrenos que están entre el suyo y el del superoperador radical Enrique "Coti" Nosiglia.
"Le dije a Darío que averiguara cuál era la cotización de esa tierra y después se la vendí al 50 por ciento de su valor, en cómodas cuotas", explica el ex banquero cuando se le pregunta si es verdad que le regaló el terreno a Richarte.
Abogado desde hace once años, Richarte volvió ahora a trabajar en el estudio de su padre. Entre sus clientes más importantes figura, además de Santibañes, otro banquero: Trusso, a quien el ex militante de Franja Morada asegura que sacará de la cárcel "antes de Navidad".
Por otra parte, Hernán Lombardi, ex ministro de Turismo, es el único cercano al grupo que decidió seguir en política y aspira llegar a la Jefatura del gobierno porteño. Para ello está armando, junto con algunos de sus amigos, una agrupación independiente, por fuera de la estructura de la UCR.
Al mismo tiempo retomó sus actividades laborales: su familia es propietaria del complejo Torres de Manantiales, en Mar del Plata, y del Palacio San Miguel, en la Capital.
Lombardi tiene además una consultora de turismo. Trabaja mayormente con las cámaras hoteleras y de turismo, y asesora a los gobiernos de Neuquén (Jorge Sobisch-Movimiento Popular Neuquino) y de Tierra del Fuego (Carlos Manfredotti-PJ) en el proyecto de regionalización que promueven esos distritos patagónicos.
En cambio, Andrés Delich, ex ministro de Educación, se suma a los ex integrantes sushis que dicen no tener nada más que ver con la política. Reparte su tiempo entre la consultora sobre temas educativos que prepara informes para el BID y el Banco Mundial, y está poniendo en marcha una editorial de textos escolares y pedagógicos.
Consultores
En otros casos, la controvertida gestión y el trágico final del gobierno delarruista pareció no afectar el prestigio profesional de quienes estuvieron cerca del mandatario. En tales casos, los protagonistas tenían una trayectoria y reconocimiento previos a su llegada al gabinete; en otros, el paso por la gestión pública parece haberles abierto varias puertas.
Son los casos de Chrystian Colombo -ex jefe de Gabinete-, Adalberto Rodríguez Giavarini -ex canciller- y de Nicolás Gallo -ex secretario general de la Presidencia y ministro de Infraestructura-, quienes volvieron a ocuparse de sus consultoras: económicas, en los dos primeros casos, y de ingeniería, en el último.
De todo el círculo de confianza que lo acompañó en su gestión, De la Rúa sólo mantiene un asiduo contacto con Santibañes.
Comparten el gusto por las aves de corral y los árboles, pero no por el golf, por eso el ex banquero no forma parte de los dos encuentros semanales que el ex presidente organiza en su quinta para practicar ese deporte. Otro de sus viejos amigos, el Negro Carreras, y Julio Pertiné, uno de sus cuñados -al que nombró como consejero del ente binacional Yacyretá-, son los compañeros de juego de De la Rúa en Villa Rosa.





