
El hambre más urgente
Por Horacio Rodríguez Larreta (h.) Para LA NACION
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Una de las más graves consecuencias de la crisis que sufrió nuestro país ha sido la aparición del hambre como fenómeno masivo. La indigencia, que marca la población cuyos ingresos no alcanzan a satisfacer las necesidades alimentarias básicas, llegó a superar el 25%. En pocas palabras: a uno de cada cuatro argentinos no le alcanza para comer.
Dentro de este drama, lo más grave es que haya niños recién nacidos que estén mal alimentados. El hambre en los primeros años de vida genera secuelas irreversibles que condenan a esos niños al riesgo de un desarrollo deficiente tanto físico como psicológico.
Ante esa situación, un grupo de ONG (Poder Ciudadano, Red Solidaria y el Grupo Sophia) con el apoyo de algunos medios de comunicación (LA NACION y La Cornisa) lanzamos hace más de un año una iniciativa popular con el objetivo de garantizar la atención integral de los niños. Luego de que un millón y medio de personas adhirieran con su firma al proyecto, lo cual es un récord en nuestro país, la ley se aprobó por unanimidad en ambas cámaras. A partir de eso el gobierno -tanto en la gestión anterior como en la actual- impulsó la implementación del proyecto, que se conformó en uno de los pilares de la política social nacional.
Hoy ya se firmaron convenios con todas las provincias, y en los primeros seis meses el Programa de Seguridad Alimentaria giró más de 400 millones de pesos, llegando a 2,5 millones de familias. Este notable avance nos llena de orgullo a quienes impulsamos esta iniciativa y demuestra cómo el trabajo en común entre el Estado, las ONG y medios de comunicación puede lograr la concreción de cambios en políticas públicas, en beneficio de los ciudadanos.
Sin embargo, recién podremos festejar el día en que en la Argentina no quede un solo niño con hambre. Y para eso aún falta mucho.
Según los datos de la última Encuesta Permanente de Hogares que publica el Indec, más del 25% de los argentinos es indigente. Y según Cesni, por lo menos un tercio de los niños presenta dietas con bajo aporte de nutrientes.
Respecto de la implementación de la ley, quedan algunos aspectos que aún no terminaron de instrumentarse para garantizar la transparencia en el manejo de los fondos.
Primero, terminar de conformar la famosa base única de datos que contenga todos los beneficiarios de los planes sociales. Esta es la única manera de evitar que haya gente que reciba más de un beneficio mientras que otros no reciben nada, o que lo reciban quienes están empleados. En nuestro país hay casi 20 millones de personas registradas en diversas bases de datos sociales, pero no todas se cruzan entre sí. Además, tener los datos actualizados de la situación social de cada familia permite hacer un seguimiento de sus necesidades.
Segundo, asegurar el control en todo el país a través de los consejos consultivos en los que participen las principales ONG de cada lugar. Según nuestros datos, todavía hay un 20% de los municipios en los que no se han conformado los consejos y en algunos de ellos, a pesar de que los consejos existen, han sido cooptados por el poder político. Hay que ampliar el alcance de los consejos a todos los planes sociales, otorgarles más autoridad para ejercer su rol auditor, y darles las herramientas (capacitación, informática, recursos) para que puedan cumplir su objetivo.
Tercero, implementar la transferencia de los fondos a través de una tarjeta magnética en manos de las madres de las familias pobres. Esto garantiza terminar con la intermediación que beneficia el clientelismo. Además, es una prestación más digna para los que menos tienen porque, a diferencia de los programas de cajas o comedores, permite la elección de los alimentos por parte de los beneficiarios y la reunión de la familia al momento de la comida.
Finalmente, hay que dar mayor publicidad a los resultados de la implementación del programa en cada municipio. Esto permitirá reconocer a quienes estén haciendo las cosas bien, y castigar a los otros.
Lamentablemente, no hay recetas mágicas para asegurar el fin inmediato del hambre de nuestros niños. Sin embargo, el compromiso de los ciudadanos que acompañaron con su firma esta iniciativa, la constancia de todas las organizaciones y medios que la apoyaron y la incorporación de este tema a la agenda del gobierno demuestran que hemos iniciado un camino. Un camino que seguiremos recorriendo hasta que podamos festejar que en la Argentina ya no queda un solo niño con hambre.




