El horror es para todos

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
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19 de febrero de 2016  • 01:00

Stephen King escribió más de cincuenta libros, se estrelló con algunas motos y consumió droga hasta ver las estrellas como huecos de su alma. También tiene una gran familia, vive desde hace tiempo en Maine y ama, escucha y espera pacientemente la lectura de todos sus manuscritos de su esposa Tabitha King. Ella le había vetado la publicación de Cementerio de animales: "Es demasiado...insoportable". King desobedeció, o quizá fue seducido por las ofertas editoriales que le había conseguido su agente. Y la novela se publicó. Fue un éxito rotundo y suscitó una nueva crisis feroz en ese torbellino siniestro llamado Stephen King.

El rey del horror escribe como si se purgara. A su vez, indaga en la oscuridad reavivando autores que son sus referentes: Poe, Hoffmann o Lovecraft. Su última novela de magnífico título a lo King, Revival, editada por Penguin Random House, abreva en las grandes obsesiones megalómanas del hombre que no puede abandonar su creencia (su miedo), pero en lugar de practicarla "como Dios manda", se erige como Demonio. En este sentido, Revival es un doble título: remite al tema central de la novela, la resucitación, y al mismo tiempo King convoca (revive) a autores clásicos que llegaron al umbral de la muerte con sus historias, como si quisieran volverlo con sus propias palabras. Los grandes referentes de King en esta ocasión son dos personajes poderosos (y terriblemente desolados) que componen ambos a su nuevo personaje, Charlie Jacobs, a saber: el capitán Ahab y Víctor Frankenstein (los dos citados en la novela). O sea: la proeza del descubrimiento que encubre el terror más atroz.

El hueso argumental es la posibilidad de realizar "sesiones de reviviscencia". Este empeño, aquí encarnado (o reencarnado, siendo la escritura la carne del personaje) por Charlie Jacobs, provoca en los "salvados" un afán de matar o suicidarse. En la trama de King, pareciera que lo que se evita (el dolor, la muerte) crece, se potencia y la muerte no se extirpa.

En Jacobs no se trata como en el Capitán Ahab, de venganza ni de desafío cientificista, como Victor Frankenstein y su criatura, aunque tanto venganza como desafío condimentan su hazaña. En él, a quien la muerte le arrebató a su esposa e hijo en un accidente, lo comanda y enloquece (los dementes en las novelas de King son piezas fundamentales de lo real), la pregunta por el más allá. ¿Qué hay?, ¿Cómo es?... y la más dolorosa y anhelante: ¿Dónde están nuestros muertos?

Más que devolver la vida o crearla, Jacobs busca desesperadamente una respuesta. Y lo hace mediante la electricidad, enchufe de su delirio. Aquí se relaciona con Frankenstein. Tanto en la novela de Mary Shelley como en la de Stephen King, el relámpago es fuente generativa. En la primera genera vida, pero en King ¡se crea la muerte! Quizá porque, como dice Jamie Morton, el narrador y de cierta manera á lter ego de King, "muchos estallidos de violencia sin sentido parecen formar parte cada vez más de la vida cotidiana de los Estados Unidos". Este personaje es el encargado de darle una respuesta al pastor, y en el umbral de la muerte responde: "¡No!" La novela del lado de Jamie es un viaje al No; un ritual iniciático a la Negación. Termina diciendo: "¿Cómo se dice no, con algo más que la boca?" El costo para Jamie será su salvación y al mismo tiempo aprenderá "a convivir con el hecho de que he perdido para siempre parte de mi cordura, amputada como un brazo o una pierna". Mientras que el pastor sostiene: "La palabrería sobre la fe y los cuentos de hadas sobre el Cielo, esas tonterías nunca me han reconfortado y sin embargo...hay algo".

No voy a revelar lo que descubre King después de la muerte o en su antesala. Sólo citaré una frase: hay horror para todos. Como si el horror estuviera en los genes o en el Génesis. ¡Y en las novelas de Stephen King! Desde El resplandor hasta La mitad siniestra, por no sacar la larga lista. De todas maneras, elijo una más olvidada cuyo espíritu infantil e indagador, tierno y terrible a la vez, aparece en el comienzo de Revival. Me refiero a El cuerpo, de la que se hizo una bella película en español titulada Cuenta conmigo. Ya que Revival comienza con el narrador cumpliendo seis años y el modo en que se inicia en la curiosidad y el entendimiento humano. Eso también es Stephen King. Un niño abriendo compuertas...y metiendo los dedos en el enchufe. Un niño descubriendo el horror de los adultos y agradeciendo la protección de la literatura. Tal es así, que en la Nota del Autor, al final de la novela, agradece a muchos: a su agente, su editor, su investigador, sus administradores ("que se ocupan de mi mundo real para que yo pueda vivir en mi imaginación"), a Tabitha, su esposa, al rock...y a todos ellos los exime del horror que aparece en su novela, diciendo: "Toda esta mierda siempre empieza por mí".

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