
El hostigamiento de los adolescentes
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El hostigamiento en la adolescencia, anticipado ya antes de la pubertad, constituye una conducta social desdichada que implica al menos un hostigador y un hostigado, y que en la Argentina afecta cada día a más jóvenes. El llamado "síndrome de bullying " es un problema creciente en nuestro país que debe ser atendido con la seriedad que merece, en especial por las autoridades educativas, ya que puede derivar en hechos de violencia. El ejemplo más cercano y dramático es el triple crimen en la Escuela Media N° 2 de Carmen de Patagones, el 28 de septiembre de 2004.
Con frecuencia, el burlador que acosa y acorrala se rodea de un grupo de seguidores que eligen "de punto" a alguien, objeto de agresiones verbales y de bromas chocantes que pueden concluir en violencia física. Esta forma de comportamiento ha tomado mayor auge en la actualidad y es causa de desenlaces graves, como el estrés postraumático, el homicidio o el suicidio de la víctima. Esta exacerbación del hostigamiento es un signo más del nivel de agresividad que se respira en nuestro tiempo.
El desarrollo adolescente supone alcanzar un grado de maduración social y afectiva que permita armonizar la autonomía de la conducta y la integración social, proceso complejo que lo lleva, en primer lugar, a tomar distancia de sus padres y buscar como compensación el apoyo de sus pares. Es el tiempo en el cual cuanto más teme el adolescente es la sanción de sus pares. ¿Qué es lo que el grupo de los coetáneos da a sus miembros? Le brinda cuanto necesita en materia de seguridad, reconocimiento, respuesta afectiva, otras metas y normas de acción, un espacio de participación y ensayo de roles sociales, experiencias renovadas. Todo puede contribuir positivamente a la evolución esperada; el problema se plantea cuando el grupo rechaza o agrede.
En los grupos de adolescentes se generan diversos tipos de conflictos; normalmente se los supera y se avanza. Cuando los grupos persisten en conductas conflictivas, demuestran que su maduración es lenta y cuando los conflictos vigentes se resuelven de manera agresiva se trata de procesos patológicos. Estos grupos -suelen llamarse barras o bandas- manifiestan con frecuencia las conductas de hostigamiento, que se sirven de algún rasgo físico, psicológico o moral de una víctima potencial para su acoso.
Ese comportamiento destructivo aísla al hostigado, lo disminuye ante los demás y lo expone a duras consecuencias. A la vez, los hostigadores corren el riesgo de que sus burlas los lleven a situaciones irreversibles de agresividad. Debe destacarse que, a pesar de su arrogancia, los acosadores tratan de encubrir sus debilidades con una agresividad reactiva.
En el cuadro de esas conductas es importante apreciar de qué modo la sociedad adulta contribuye, directa o indirectamente, a alimentar la violencia del hostigamiento, como se percibe en tantas manifestaciones de acoso cotidiano.
El incremento del bullying es muy preocupante y convoca una atención especial de parte de los mayores, quienes mediante la palabra adecuada y la estimulación del diálogo pueden obrar para que se comprenda tempranamente el daño que se puede producir en personalidades vulnerables. Es un fenómeno que se puede percibir con mayor nitidez en la vida cotidiana de los colegios secundarios, donde debería realizarse un seguimiento de los jóvenes con rasgos de hostigadores u hostigados, para prevenir desenlaces fatales, como fue la masacre de Carmen de Patagones.





