El irreverente e inolvidable Axel

Carlos M. Reymundo Roberts
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22 de noviembre de 2014  

Todavía me parece estar viéndolo ahí paradito, con apariencia de insignificante, de bicho raro, de alguien que acaba de entrar por la ventana; apariencia de jodita para Videomatch. Los que están con él en la foto acaso se pregunten: Por Dios, quién es este pibe. Y, sin embargo, el que está allí orgulloso, descontracturado, saludando con los dedos en V cuando los demás lo hacen con la mano abierta, el único sin corbata, no es un colado ni se está haciendo el gracioso. Es el representante de nuestra Presidenta en la cumbre del G-20 en Brisbane. Es el ministro más poderoso del gabinete. Es la estrella naciente de la economía mundial. Es Axel Kicillof .

Qué gesto, qué momento. Cuánto desafío hay en ese tipo que se viste distinto, saluda distinto, piensa distinto. Al corno con la corbata globalizada; al corno con la homogeneidad burguesa. Los kirchneristas no hemos venido al mundo a estandarizarnos, sino a prender fuego. Muestren ustedes, líderes de las grandes potencias, la espantosa levedad de sus buenas costumbres. Nosotros fuimos a Australia a "hacer lío", como pidió el Papa ; fuimos con nuestra impronta revolucionaria. Y la revolución bien entendida empieza por la foto. Kicillof supo leer la trascendencia de ese instante y dejó para la historia una muestra de sublime rebeldía. El pequeñín que se arrodilló ante Repsol y el Club de París es ahora una figura definitivamente reivindicada.

Con su V de la victoria, mi amigo Kichi está diciéndonos muchísimas cosas. En primer lugar es un saludo y reconocimiento a Cristina. Porque en ese momento cumbre de su vida no se olvida de ella. Hola, Cristina, está buenísimo esto. Y buenísimo el avión que nos alquiló por 600.000 dólares. Un lujo asiático. Podíamos haber venido en Aerolíneas y nos salía gratis, pero ni Timerman ni yo estamos para firmar autógrafos en business class . La estoy pasando bárbaro. Sorry, no resistí y me hice una selfie con Obama. Pero míreme ahora. Todos estos tipos, los dueños del mundo, levantan sus manitos ridículamente, y yo, fíjese, soy el único que hago la V. ¡Los maté! Lo aprendí de usted, Cristina, que siempre es distinta. Yo le enseño economía y usted me enseña todo lo demás. Me parece increíble: pensar que pasé de darles clases a chicos en la UBA, que se me quedaban dormidos, a darle clases particulares a una presidenta, que me escucha embelesada como si yo fuera Keynes. Es impresionante, cuánto le agradezco. Pasé de la historia de la economía a manejar la economía del país. Hasta ayer era un teórico, un investigador, y de pronto fui experto en petróleo y manejé la expropiación de YPF, fui experto en el mercado aerocomercial y manejé las finanzas de Aerolíneas. Y ahora estoy acá, con los dueños del mundo, y soy experto en finanzas internacionales. Es muy fuerte. Me doy cuenta de que cuando me miran están pensando: éste es el milagro económico argentino. Yo me presento como "Kicillof, el enviado de la presidenta Kirchner", y viera con qué interés me contestan: "Después hablamos, después hablamos...". En fin, gracias, señora. En el vuelo de regreso, a bordo del jet de las 600 lucas, voy a ir pensando qué otra cosa podemos hacer para el bienestar de nuestro pueblo.

Los dedos en V de Kichi son, al mismo tiempo, un mensaje de esperanza a ese pueblo. Compañeros, vamos muy bien, la victoria está cerca. Aquí, en Australia, he visto las penurias de una economía dolarizada, con altísima inflación, pérdida de reservas, creciente desempleo, déficit fiscal, crisis energética, presión impositiva... Acá no se vende un auto ni un departamento, caen las inversiones, faltan insumos importados en todos los sectores, reina la inseguridad jurídica y se ha convertido en un paraíso de los narcotraficantes. Créanme, no veo el momento de volver a la Argentina.

Con su V, Kichi estaba brindando además un tributo a la V mayor del Gobierno, Horacio Verbitsky , que esta semana se vio obligado a borrar de los archivos digitales de Página 12 sus notas contra Bergoglio. No lo hizo, explicó, para alinearse con el cambio de posición de la Presidenta hacia el Papa, sino "porque no quería darle la información premasticada a la nube de periodistas europeos que cayeron a Buenos Aires para preparar instant books sobre el personaje". En la oprobiosa década del 90, las investigaciones de Horacio, el gran fiscal del poder, terminaban en libros. Ahora hay que borrarlas para que no se conviertan en books. Por otra parte, su explicación es reveladora de cuán atrasados están los periodistas europeos: en la era de Internet, se vienen hasta Buenos Aires para leer las notas del archivo digital de Página 12.

¿Qué otra cosa nos dice Axel con su saludo triunfal? Nos dice que en la foto está él y no Timerman , otra victoria -no la más significativa, es cierto- en su interminable lucha por ocupar espacios de poder. Nos dice que aunque la economía se caiga a pedazos, aunque todos los índices hayan empeorado desde que asumió como ministro, hace un año, él seguirá siendo el genio que se las sabe todas. Y finalmente nos dice que prestemos atención a un detalle de la foto: mientras que los demás llevan en la solapa un pin oficial de la cumbre, él se puso una banderita argentina. Picardía criolla. Viveza porteña. Una lección de argentinidad.

Señora, repose tranquila en Olivos. Creo que el mundo va a respetarnos un poco más después del paso de Kichi por Brisbane.

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