
El itinerario de la socialdemocracia
La distinción en Ciencias Sociales recayó este año en el británico Anthony Giddens, creador de la "tercera vía"
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MADRID.- Desde Juan José Linz, en 1987, no había recaído este premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en un sociólogo. El profesor Anthony Giddens lo es, y siempre sus obras han llamado poderosamente la atención a los estudiosos.
Hizo, por supuesto, investigaciones que no buscaban, desde el propio título, más que planteamientos puramente académicos como Teoría social y sociología moderna (1987) o En defensa de la sociología (1996).
Sin embargo, la mayor parte de ellas llaman poderosamente la atención desde sus mismos enunciados, como el caso de El Estado-nación y la violencia (1985); Las consecuencias de la modernidad (1990) y La transformación de la intimidad (1992), sin olvidar su libro, en colaboración con Scott Lash, Modernización reflexiva (1994).
Ahí se encuentra la línea explicativa, a mi juicio, de dos ensayos que concedieron a Giddens cierta fama. Uno de ellos es Más allá de la izquierda y la derecha (1994), además de otro que causó aun algún ruido, heredero directo de éste: La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia (1998).
Giddens se encontró con que el socialismo, al observar los problemas teóricos sin solución de ningún tipo que planteaba el análisis de Karl Marx, sobre todo tras la irrupción del marginalismo y las críticas de Bšhm-Bawerk, tuvo que buscar otra salida. La encontró en primer lugar gracias al religionismo de Bernstein, tras la serie de trabajos de éste en Die Neue Zeit, a finales del siglo XIX. Así nació la socialdemocracia, en pugna con el socialismo marxista, que se intentó desarrollar, con planteamientos diversos, por Kautsky, Rosa Luxemburgo, Lenin, e incluso, mucho después, con un fuerte intento de análisis de la línea Ricardo-Marx, por Piero Sraffa.
Esta socialdemocracia era, ideológicamente, muy débil. Keynes, en un breve artículo, El dilema socialista , se refirió a esto. Precisamente ahí, en Keynes, y también en el gran economista sueco Myrdal, se encuentra, a partir de los años treinta, un extraordinario refuerzo del socialismo. Una herencia de esto fue nada menos que el Estado del Bienestar, anunciado el 20 de noviembre de 1942 en el primero de los dos Libros Blancos de Beveridge. Al fin, la socialdemocracia pasaba a ser robusta ideológicamente. Por otro lado, Keynes había triunfado en su polémica con Hayek, y quien lucró de esta victoria fue, desde luego, el socialismo.
Sin embargo, surgieron dos grandes acontecimientos: el primero, doctrinal, debido a la aparición en 1967 del corto, pero enjundioso, ensayo de Milton Friedman, El papel de la política monetaria .
El segundo, fáctico. A partir del primer choque petrolero (1974), y al intentar la OCDE atajar la crisis con mecanismos keynesianos, el fracaso fue visible. Cuando en 1981, el socialismo francés tornó a aliarse con medidas keynesianas, la equivocación fue admitida por todos. Se veía que la economía francesa se desplomaba, como había ocurrido con el ejército napoleónico en Rusia, por ese enlace entre Keynes y el socialismo.
A partir de ahí, la crisis del socialismo se acentuó, mientras que se afianzaba toda la línea de defensa de la economía de mercado. Los éxitos en Europa y Estados Unidos de esta última, pasaron, incluso, a ser espectaculares. El socialismo parecía haber perdido el rumbo. Es el momento en que recibe la ayuda desde una de sus creaciones, la London School of Economics and Political Science.
Mil veces se ha relatado la historia de cómo los socialistas fabianos británicos, incluidos los Wells, los Cole, los Bernard Shaw, más Sidney y Beatriz Webb, crearon este centro. Por supuesto que más adelante se asentó en la London School toda una pléyade keynesiana, aunque en ese despliegue de profesores de esta entidad siempre existieron encajes liberales tan importantes como el propio Hayek o Lionel Robbins.
Pero esta escuela siempre tuvo un claro guión hacia la socialdemocracia. Desde luego, eso es lo que se ha intentado con La tercera vía , por su director, Anthony Giddens. Procuró, a mi juicio, sin especial profundidad, superar lo que él denomina "la izquierda antigua" y, a través del laborismo de Tony Blair, exponer el que sería el cuarto mensaje socialista, también lanzado desde el Reino Unido: el primero partió de Marx, exiliado en Londres; el segundo, del alemán Bernstein, pero, sobre todo, de la Sociedad Fabiana; el tercero, del Circo de Cambridge, de discípulos de Keynes; el cuarto pretende ser de Giddens.
Confieso que, después de leer La tercera vía , hace algún tiempo, me sentí decepcionado. Incluso he visto después que en esta búsqueda de una nueva socialdemocracia capaz de escapar de su crisis, en Gran Bretaña la estrella ascendente es el economista Will Hutton, el autor de The state we«re in (1995) y su muy reciente crítica del sistema económico norteamericano, The world we´re in , que anda ahora mismo por su sexta edición. Ahora, con el premio Príncipe de Asturias, creo que se puede descubrir más a fondo a ese otro Giddens como el sociólogo maduro y no quedará todo reducido a la admiración de una obra de bastante escasa enjundia.





