El límite de la paciencia
Por Norberto H. García Rozada
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Desde cualquier punto de vista es sabido que la paciencia tiene sus límites. Y que, asimismo, la invisible línea demarcatoria del lugar exacto en que se trastorna tan particular estado de ánimo varía según fuere la naturaleza del tema que la requiere y el humor del ser humano que debe ejercerla. En suma, es elástica..., pero en modo alguno es irrompible.
Paciencia. "(Del latín patientia) Virtud que consiste en sufrir sin perturbación del ánimo los infortunios y trabajos./ Virtud cristiana que se opone a la ira./ Espera y sosiego en las cosas que se desean mucho./ Lentitud o tardanza en las cosas que se debían ejecutar prontamente..." Cualquiera de esas acepciones, incluidas en el diccionario académico, les vendría como anillo al dedo a los numerosos porteños a quienes se les está agotando la ídem por causa de inconvenientes y alternativas que pese a ser ajenas a su voluntad, perturban su tranquilidad.
Pinchaduras Al margen de las numerosas consideraciones llevadas y traídas durante los últimos días, la cuestión de las pinchaduras telefónicas les tiene alterada la paciencia a los porteños. ¿Hasta dónde puede llegar -se preguntan- el empleo de tan solapadas y traperas zancadillas como recurso para dirimir las diferencias políticas?
"No es prudente dejarse llevar por la tentación de estereotipar una situación determinada. La política no es perversa, tal como se la ha querido presentar, por causa de esas trapisondas. Toda la sociedad está impregnada de absurdas competitividades y de la utilización de bajos recursos para sacar ventajas."
Un sagaz e inteligente político porteño interpuso esa advertencia cuando su interlocutor le comentó que en su modestísimo juicio, la política había perdido sinceridad, nobleza y lealtad.
"Es acertado aquel reparo. Pero lo nocivo -terció otro Pérez, al enterarse de ese diálogo- es que el ejercicio de la política es de dominio público. Los malos ejemplos en el ejercicio de esa actividad cunden por doquier; en muchas otras, quedan sumidos en la esfera de lo privado."
Irrupciones comunicacionales, por así llamarlas. Todo un tema de larga data que aún aguarda ser dabatido con absolutas sinceridad y seriedad. Pérez recuerda que hace algunos años, un ex integrante de ese ente abstracto y misterioso que se oculta bajo la genérica denominación de comunidad de inteligencia le confió, entre serio y risueño: "¿Pinchaduras telefónicas? Como haberlas, las hay. Es más, siempre las hubo. Pero en la mayor parte de los casos no sirven para nada. Los recursos son tan restringidos que por la falta de cintas hay que volver a regrabarlas a poco de haberlas utilizado..., sin tiempo para escucharlas".
Animos alterados
Por lo visto, a quienes se les ha agotado la paciencia es a los vecinos de las enrojecidas zonas de Palermo por las cuales -al igual que en Flores- mercan sus discutibles atractivos los más polémicos personajes de la picaresca local.
Esos airados porteños han borrado de su vocabulario el término convivencia. No lo soportan -en realidad, lo sufren- ni siquiera a título de desafortunado sinónimo del Código Contravencional y de Faltas que, según su unánime parecer, viabilizó las desventuras que ahora soportan.
No es que se trate de cavernícolas de entrecasa. Son vecinos comunes y corrientes que han visto alterada su calidad de vida y están cansados de las promesas de que muy pronto se la restituirán. Si hacía falta algún dato más para percibirlo, su impaciencia quedó al desnudo durante la jornada de análisis del código famoso -en trance de renovación-, organizada hace algunos días por Nueva Dirigencia y el Equipo Técnico Observatorio Urbano.
Como en cualquier otra reunión de esa clase, las documentadas disertaciones transcurrían en un ambiente reposado y distendido. Tanto fue así que en determinada altura de las extensas exposiciones, hubo quienes no lograron disimular alguno que otro furtivo cabezazo o entrecerramiento de ojos que, en vano, pretendía simular obstinada concentración.
Sin embargo, bastó que fuese citado el comercio sexual para que la mención actuara a guisa de punzante revulsivo ambiental. Los representantes del vecindario de Palermo convirtieron el meduloso análisis en encendido debate. Tomaron la palabra y sus crudos relatos pintaron una situación que, al estar con esas descripciones, ha superado los más tolerantes y dilatados límites de la paciencia.
¿Qué se espera para darles soluciones concretas? La Legislatura todavía tiene en veremos el tratamiento de las reformas al Código Contravencional. Los juristas alegan que casi todo cuanto citan los vecinos son delitos y no contravenciones y que, por lo tanto, están tipificados en el Código Penal. ¿Quién debe hacer respetar esa legislación? La autoridad policial, que sigue alegando que la caída de sus edictos la ha privado de herramientas para enfrentar ésas y otros más graves alteraciones del orden. ¿Y el traspaso de sus servicios metropolitanos a la órbita del gobierno local? Altos funcionarios de la ciudad confiesan que sigue en veremos (stand by, según dicen). Paciencia, pues.


