
El nuevo peligro ruso: un rublo débil
Por Germán Sopeña
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DE golpe, llegó la crisis mundial. Al menos para vastos sectores de la dirigencia política y empresarial que esta semana, acaso por primera vez, se notificaron de la gravedad de la situación desencadenada por los temblores asiáticos, y miran hoy lo que pasa en Rusia o en China con tanto interés como el que se destina a lo que sucede en el mercado local.
Los terribles altibajos mundiales produjeron no sólo un desplome casi constante de la Bolsa de Buenos Aires sino también la toma de conciencia sobre lo que puede suceder si la desconfianza se traslada al conjunto de los mercados emergentes. Y, en el mejor de los casos, aun si la Argentina y Brasil logran capear este temporal con daños menores, el panorama de una posible recesión mundial ha puesto en alerta a todos los responsables de empresas, dependan o no de la exportación.
Esa sensación comenzó a percibirse hace exactamente una semana, en la convocatoria anual de la Exposición Rural, donde muchos comentarios del día dedicaron párrafos importantes a la crisis originada en el Lejano Oriente.
Así, por ejemplo, el economista Roberto Alemann comentaba, en las gradas de la tribuna oficial, durante la inauguración, que "la crisis de Japón podría controlarse si vendieran buena parte de los inmensos activos financieros externos que poseen, pero una actitud cultural les impide tomar las medidas de fondo que necesitan". Como un eco a esa descripción de hace apenas siete días, el yen comenzó a caer irremisiblemente y su inestabilidad sacudió a todas las bolsas del orbe haciendo temer lo que muchos ven como dos puntos vulnerables de enorme impacto: las eventuales devaluaciones del yuan chino y del rublo ruso.
En la principal cita empresarial de la semana, la convención anual del Instituto de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), en Bariloche, la crisis mundial estuvo en el centro de las preocupaciones y generó varios comentarios del tipo "esto nos va a afectar irremisiblemente y lo peor es que no podemos hacer mucho para evitarlo".
Si no se puede hacer mucho, al menos se puede hacer algo. El riesgo que muchos empresarios observan es que por discutir eternamente al estilo bizantino -como en el caso de las interminables reformas laboral y tributaria- la dirigencia política pierda la ocasión de concretar ese "algo" posible.
El primero en notar esa falta de percepción en sectores del Gobierno es el propio ministro de Economía, Roque Fernández, que el lunes último, en una reunión en la Jefatura de Gabinete, expresó su preocupación por la falta de acompañamiento oficial para enfrentar la situación mundial.
Sus pronósticos parecen sombríos: "Esto va para largo", dijo en Bariloche, ante el IAEF, y en sus carpetas de análisis de la situación económica ya prevé una desaceleración de la actividad económica que podría reducir el crecimiento del PBI al tres por ciento en 1999.
Los reclamos de Fernández apuntan tanto a una escasa comprensión del problema internacional entre colegas del gabinete como en el ámbito parlamentario. "Sólo el diputado Oscar Lamberto parece entender la situación", confían allegados a Fernández.
¿La falta de apoyo incluye a Menem? En el Ministerio de Economía aseguran que no. "Menem consulta permanentemente su pantalla de Reuter con los datos de todos los mercados. Sabe a la perfección el riesgo que se corre y por eso está molesto porque no avanzan los proyectos pendientes en el Congreso", agregan esas fuentes del Palacio de Hacienda.
Fernández no teme, sin embargo, que una eventual devaluación en Rusia o en China ponga en peligro la moneda local. La situación argentina tiene hoy mejores defensas que en la crisis mexicana de 1994/95. Pero advierte, en cambio, que el sector que sentiría más el impacto de un agravamiento de la situación mundial sería el de las grandes empresas privadas que hoy se financian en el exterior y que verían cortarse ese canal como efecto de una desconfianza internacional hacia cualquier mercado emergente.
Los directivos de los grandes grupos privados argentinos también miran con suma atención el problema del costo de financiación externo. En Bariloche, el titular de Siderar, Javier Tizado, le dijo textualmente al enviado de La Nación , que "en la crisis internacional actual, devaluar no es salida, porque aunque baje comparativamente el costo laboral, aumentaría extraordinariamente el costo financiero por la desconfianza de todo el mundo".
A miles de kilómetros de distancia, ése parece ser también el análisis de un tal Yeltsin. "Rusia no devaluará", dijo. Y todos quieren creer que así será. Lejos están los tiempos en que el peligro ruso se asociaba a tanques y armas nucleares.






