El país que no miramos
“El problema que tenemos es que la economía crece mucho”. (De Alberto Fernández.)
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Alberto Fernández ve a Milagro Sala en Jujuy en la clínica donde está internada y desde donde se excusa de no poder indultarla porque ve que la cantidad de delitos que se le imputan los investiga la Justicia provincial. El gobernador Gerardo Morales ve imposible indultarla porque la considera culpable y ve que el Presidente lo ningunea porque ni siquiera lo visita estando en su provincia y porque nunca aceptó visitar Jujuy cada vez que él lo invitó. Jorge Capitanich, mandamás del Chaco, vio hasta dónde el diablo es capaz de meter la cola cuando en medio de un acto en el que se vanagloriaba de las obras de infraestructura se le cortaron la luz, el micrófono y la perorata.
De los tres, el que sin dudas ve más lejos es Alberto Fernández. Dijo que “el problema que tenemos es que la economía crece mucho” (debe ser por eso que renunció Martín Guzmán). Y desató una oleada de críticas tan grande como no se veía desde el día en que aceptó que Cristina lo empujara a la presidencia después de culparla de haber hecho sancionar leyes para protegerse penalmente, de haber encubierto la corrupción de Boudou y a los iraníes acusados del ataque a la AMIA y de ser una mentirosa.
Como en aquella vieja serie de documentales El país que no miramos, que en los 80 mostraba la historia de ciudades, monumentos y personajes, hay un crecimiento que vaya a saberse por qué no estaríamos viendo: el de la economía floreciente que solo Alberto ve.
En cambio, vemos –y acaso él no ve– que crecen la inflación, el riesgo país, el endeudamiento, el déficit fiscal, el rojo de las cuentas personales, la sideral cantidad y superposición de impuestos y los subsidios sociales, incluidos los perdones para que accedan a jubilarse quienes no aportaron lo suficiente ni cuentan con la edad que exige la ley.
Crecen los precios de los medicamentos, de la verdura y hasta de la polenta que tan dignamente venía a reemplazar al asado. Crecen el dólar, los cepos, la falta de propiedades en alquiler y la de gasoil, las plantas de empleados estatales, la desconfianza interna y la internacional, mientras crecen las dificultades para que los chicos entiendan lo que leen. Crecen la inseguridad, los piquetes, el descrédito en la política y en la Justicia, la angustia y la incertidumbre.
¿Qué decirle al Presidente cuando ve que la economía crece mucho y que ese es el problema? Con todo respeto, podría ser la frase que en 2007 le dedicó el entonces rey Juan Carlos a Hugo Chávez en una cumbre internacional: “¿Por qué no te callas?”.








