
El peligro de la "oveja loca"
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LONDRES (The Economist).- EL reciente informe Phillips sobre los orígenes de la encefalopatía bovina espongiforme (EBS) o mal de la vaca loca, y su equivalente humano, el mal de Creutzfeldt-Jakob (MCJ, más conocido por sus siglas inglesas, CJD), es un documento prudente, sin frases histéricas. Pero si su publicación pretendía ayudar a calmar la angustia popular en torno a este último virus (vCJD), que hasta ahora ha atacado a 85 personas en Gran Bretaña, de nada sirvió.
Esto se explica, en parte, porque su difusión inevitablemente dio pie a un sinnúmero de desgarradoras notas periodísticas sobre las víctimas, pero también porque los nuevos datos e hipótesis acerca de la EBS y el vCJD no son poco tranquilizadores.
Período de incubación
Tres noticias, en particular, atrajeron la atención a fines de octubre: la confirmación de las muertes de la víctima más joven del vCJD y de la más anciana; la evidencia de un nuevo "racimo" de casos y, la más inquietante, la insinuación de que los ovinos británicos podrían estar infectados con EBS.
Zoe Jeffries murió dos días después de la publicación del informe Phillips; tenía 14 años. Su edad se ajusta a la teoría de que el peligro de infección humana alcanzó su punto máximo a fines de los 80, cuando aumentaba el número de vacas infectadas con ESB y aún no se habían impuesto controles efectivos a la incorporación de ganado infectado a la cadena alimentaria humana. El caso Jeffries sugiere, asimismo, que el vCJD tendría un período de incubación de unos diez años. Sería una conclusión relativamente esperanzadora, pues indicaría que la epidemia ya sea acerca a su pico. El número de casos probables de este año (29) ya duplica con creces el de 1999.
Sin embargo, la confirmación de que un hombre de 74 años murió del mismo mal es menos tranquilizadora por dos razones: plantea la posibilidad de que, en algunos casos, el período de incubación sea mucho más largo y da por tierra con la teoría de que sólo las personas relativamente jóvenes son vulnerables a la enfermedad. La mayoría de los casos anteriores confirmados se habían dado entre personas de treinta y tantos años, o menos.
Diagnósticos dudosos
La noticia de que dos de las víctimas del vCJD vivían en una misma calle de Armthorpe, un pueblo del sur de Yorkshire, y concurrían a la misma escuela constituiría, al parecer, el segundo ejemplo de agrupamiento de casos. Se presume que el primero, detectado en un pueblo de Leicestershire, vincula cuatro casos de CJD. Estos "racimos" tal vez ayuden a los científicos que investigan las causas del mal, pero no tienen ninguna implicación evidente en cuanto a la extensión de la epidemia.
Con todo, la noticia más alarmante de estos últimos días se refiere a los ovinos británicos. Sir John Krebs, presidente de la Agencia de Normas Alimentarias (fundada a raíz del escándalo de la EBS) instó a emprender urgentemente un programa de tests para verificar su posible infección con el virus de la EBS. Desde hace largo tiempo, se sabe que la tembladera (una enfermedad cerebral similar a la EBS) ataca a los rebaños. Es más: el conocimiento de que las ovejas infectadas de tembladera no planteaban riesgo alguno al hombre contribuyó a generar la actitud inicial de complacencia respecto a la presencia de la EBS en el ganado vacuno. Ahora, algunos científicos temen que casos de EBS en ovinos hayan sido diagnosticados erróneamente como casos de tembladera. Funcionarios de la Agencia de Normas Alimentarias han reconocido que sus planes contingentes incluyen la prohibición de la venta de carne de corderos británicos y la eliminación de los 40 millones de ovinos existentes en el país.
Gran Bretaña no es la única nación en que aumenta la inquietud. En Francia, se han denunciado los tres primeros casos de CJD. Han retirado de los supermercados la carne vacuna potencialmente infectada y algunas escuelas la han suprimido de sus menús. Para los británicos, todo esto suena extrañamente familiar.





