El pensamiento de los jóvenes
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Aunque a menudo se tiende a pensar que los jóvenes constituyen uno de los sectores de la sociedad más rebeldes y más contestatarios frente a tradicionales valores morales, estudios recientes parecen demostrar que se trata de prejuicios con escaso fundamento.
Semanas atrás se conocieron los resultados de una encuesta a la que respondieron 326 personas ubicadas en la franja de edad que media entre los 18 y los 29 años, que residen en esta ciudad capital, el conurbano bonaerense y algunas ciudades del interior. La información que se suministró es parte de un trabajo de mayor aliento diseñado por la Fundación Odiseo y la Revista Plan V, que incluyó una tarea de campo efectuada por la consultora Ipsos-Mora y Araujo.
El objetivo que mueve la indagación es explorar los intereses, actitudes, valores y tendencias de nuestra juventud, para lo cual las preguntas han abarcado, entre otros temas, las relaciones de convivencia, modos de juzgar cuestiones como el aborto o de organizar su actividad económica, por mencionar sólo algunos de los puntos que se incluyeron en la consulta.
Es importante consignar que las respuestas obtenidas no muestran al sector juvenil en posiciones extremas o radicalizadas, como erróneamente suponen quienes tienden a encasillar a los distintos sectores sociales con criterios dictados por una visión reduccionista y prejuiciosa de la realidad. La encuesta muestra a los jóvenes, en efecto, en posiciones maduras y reflexivas, que nada tienen que ver con las actitudes irracionales, contestatarias o impulsivas que equivocadamente se le atribuyen a la juventud.
A modo de ejemplo, conviene registrar algunas de las opiniones que se obtuvieron respecto de cuestiones de alto interés social. Se comprobó, por ejemplo, una generalizada y muy mayoritaria preferencia por el valor de la fidelidad en las relaciones de pareja: adhirió a ese fundamental principio de ordenamiento moral el 89% de los encuestados. Interesa hacer notar, asimismo, que sólo el 26% opinó que el aborto debería legalizarse, en tanto que el 46% sólo lo aceptó en situaciones excepcionales y un 25% opinó que, en todos los casos, debería ser penalizado. En otro plano de las conductas, la mitad de los encuestados afirmó que depositaría sus ahorros en un banco y un 24% lo haría según los beneficios que se ofrecieran.
La investigación es ambiciosa y compleja. Buena parte de ella se vincula con la vida moral, cuestión esencial de la persona, relacionada con los valores que orientan las conductas.
Es indudable que esta clase de estudios, elaborados con rigor metódico, constituyen fuentes útiles del conocimiento del pensamiento y de la acción juveniles, especialmente porque van echando luz sobre dimensiones del comportamiento dignas de ser profundizadas, aunque su tratamiento requiera vías complementarias de análisis y de información.
Por lo demás, es evidente que las conclusiones que se obtienen en esta clase de investigaciones son siempre provisionales y reclaman una actualización permanente, además de una evaluación crítica que determine su nivel real de significación. Pero aun con esa limitación, encuestas como la que comentamos ayudan a superar los preconceptos y los mitos infundados que a menudo se manejan cuando se habla de determinadas sentencias sociales.
En el caso concreto de la encuesta que comentamos, es buenos verificar que los sectores juveniles no están monolíticamente alineados detrás de posiciones ideológicas uniformemente radicalizadas, sino que exhiben grados de diversidad, madurez y pluralismo similares a los de las restantes franjas del cuerpo social.

