
El peso de llamarse Hitler
Escribe Nelson Fernández
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Curiosamente, sin que alguien pueda explicarlo, muchos uruguayos han optado por inscribir a sus hijos con nombres muy particulares, muchos de los cuales son en realidad apellidos. Así es que muchos extranjeros se asombran ante uruguayos que se presentan como Washington, Beethoven, Lenin, Franklin, Lincoln, Schubert, o hasta como el propio prócer local: Artigas. Sopresa para extranjeros, pero habitual para los orientales.
Sin embargo, siempre hay margen para la sorpresa. Y eso ocurre con dos uruguayos que protagonizan un documental, estrenado recientemente en la TV local. Se llama "Dos Hítleres" y cuenta dos historias paralelas de hombres del interior del país que tienen en común solamente el año de nacimiento y el nombre que sus padres les pusieron. Uno se llama Hitler Da Silva y el otro Hitler Aguirre; los dos nacieron en 1939.
La historia audiovisual termina con el encuentro de los dos hombres que cargaron con el peso de un nombre que no sólo fue apellido, sino que perteneció a una de las figuras más rechazadas del siglo XX. Un apellido ligado al horror de la guerra y a la muerte de millones de personas.
Uno de los Hitler uruguayos aparece sentando en calma, viendo cómo su hijo, al que también inscribió como Hitler, mata a un cordero para asarlo y comer poco rato después. Y ante las cámaras cuenta, para mayor sorpresa, que al segundo hijo le quiso poner como nombre otro apellido, pero esta vez el de un general de izquierda que fue el líder histórico, desde 1971 hasta su muerte en 2004, de la coalición socialista Frente Amplio. Hitler aclara que en el Registro Civil no le permitieron que lo llamara "Líber Seregni" como primer y segundo nombre, y tuvo que conformarse con llamarlo "Líber".






