
El plomero
La tarjeta de un vendedor de libros dice "promotor educativo". Le pregunto a una chica si es "la secretaria del doctor..." y me corrige: "No. Soy su asistente". Un locutor que lee avisos en la radio se presenta como comunicador social. Un peluquero, como coiffeur o estilista. Un jovencito repartidor de mercadería es "gerente de distribución". De hecho, está lleno de gerentes que no tienen gente a cargo y que reportan a gerentes que a su vez reportan a otros gerentes.
¿A qué se deberá esta costumbre, tan actual, de embellecer la denominación de lo que somos o lo que hacemos? Un amigo tiene una teoría. Dice que en muchos casos la explicación es que un mal sueldo no es tan malo si va acompañado de un cargo pomposo. Como que "te pago poco, pero te endulzo el ego y el currículum". Yo creo que, como es natural, van apareciendo nuevos nombres, muchas veces más precisos o apropiados que los que veníamos usando. También es lógico que en un mundo donde la imagen -la apariencia- deja una impronta que puede ser definitiva, la gente se preocupe por adornarse con cargos que den lustre.
Igual, sigo admirando la sencillez. Me gusta cuando en casa suena el timbre y oigo: "Soy Luis, el plomero".







