El primero que sospechó fue Alberto Fernández

Sandra Choroszczucha
Sandra Choroszczucha PARA LA NACION
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26 de agosto de 2020  • 21:05

En un contexto de pandemia por coronavirus que significó para Argentina la cuarentena más larga del globo terráqueo, a partir de un confinamiento decretado con carácter de obligatoriedad y con normativas estrictas que fueron redefiniéndose (y que aún siguen guiando nuestras vidas cotidianas), existe un asunto que a muchos argentinos llama poderosamente la atención: la bajísima presencia de la dirigente política más ruidosa de la historia política argentina.

Explotan las redes sociales con gritos y agravios entre ambas partes de la Argentina partida, explota el presidente Alberto Fernández cuando su aparente mesura se agota y se ofusca con sobresaliente irritación, y acusa y reta a quienes no quieren o no pueden seguir las reglas que él ha decretado. Se enojan legisladores, magistrados, se enojan y protestan líderes sindicales, se enojan cámaras de empresarios, periodistas, locutores, y se enoja parte de la ciudadanía que no está de acuerdo con un tipo de confinamiento que resultó extremadamente prolongado, que significó desatender otras dolencias sanitarias padecidas, que significó que se amplifiquen las dificultades económicas hasta límites desesperantes, que significó que infinidad de niños y adultos hoy se sientan emocionalmente atemorizados, tristes o deprimidos.

Pero la vicepresidenta de los argentinos, no se enoja, no grita, no quiere destacar y se limita a expresarse sobre temas puntuales por Twitter. Se trata de la misma persona que durante su última gestión de gobierno como presidenta de los argentinos, gustaba dar cadenas nacionales diarias, y acusaba sin pausa y con extrema agresividad a todo pensamiento no kircnherista.

¿Debería llamarnos la atención? ¿O nuevamente la inteligencia de Cristina Fernández de Kirchner es colosal, y desde las sombras está, por fin, logrando el único propósito que la impulsó a elegir a Alberto Fernández para que lidere la fórmula que los llevó a la Casa Rosada?

Al asumir la presidencia el Frente de Todos, Cristina estuvo ausente en "cuerpo y alma", incluso viajó un tiempo prolongado a Cuba para visitar a su hija, que padecía de una enfermedad degenerativa, que nos contaban que era de enorme gravedad. Pero un día, en el marco de la cuarentena sin fin, la Corte Suprema de Justicia decretó una feria judicial sin fin, mientras todos nos concentrábamos en una sola cosa: preocuparnos y cuidarnos de un "enemigo silencioso", un virus de baja letalidad pero que podía colapsar nuestro sistema de salud y matarnos en masa. En este estado de situación, la vicepresidenta volvió de Cuba con su hija, procesada (y sin fueros) en las dos causas más comprometidas (Los Sauces y Hotesur) que involucran también a su hijo Máximo y a ella como expresidenta.

La cuarentena empezó a flexibilizarse fundamentalmente a raíz del mal humor social, y de las enormes necesidades postergadas en varios frentes. Y la cuarentena empezó a flexibilizarse para un Poder Judicial que en algún momento debía empezar a trabajar, corresponde.

Y a partir de este momento ¿qué tema inmediatamente se coloca en primera plana en la agenda pública? La reforma de la Justicia. Una reforma que muchos consideramos que debe por supuesto efectuarse, porque el Poder Judicial argentino hace décadas que se muestra vergonzosamente permeable a los intereses de turno de la dirigencia política que gobierna y no trabaja con la celeridad necesaria que requieren las causas sobre las cuales se debe fallar.

La misma vicepresidenta, que ahora elige manifestarse solo por Twitter, relativizó la importancia de esta reforma. ¿Pretende confundirnos, desorientarnos? Tal vez lo esté logrando

Pero probablemente esta reforma sea la reforma más importante de la historia moderna argentina, porque la corrupción y la impunidad han destrozado las matrices político-institucional y socioeconómica de nuestro país. Por tal motivo, cabe esperar que esta reforma deba encararse con la debida templanza, reflexión, profundidad y un debate mayúsculo, con legisladores presentes en el Congreso de la Nación y no participando a través de una plataforma digital, y con ciudadanos informados sobre el verdadero significado de este mega proyecto, porque la mayoría de los ciudadanos, incluidos grandes académicos e intelectuales, no tienen claridad sobre los pormenores de tamaña y trascendente transformación que se pretende efectuar sobre nuestro Poder Judicial. La misma vicepresidenta, que ahora elige manifestarse solo por Twitter, relativizó la importancia de esta reforma. ¿Pretende confundirnos, desorientarnos? Tal vez lo esté logrando, una vez más. Aunque una situación es bien clara, la reforma que se pretende llevar a cabo abarca múltiples temas, no es comprendida por la mayoría de los argentinos y por alguna razón debe ser aprobada con celeridad.

Como sea, el punto es que cuando la hija procesada y sin fueros de Cristina Fernández de Kirchner vuelve al país, y la Justicia ya no puede seguir de feria y debe ocuparse de las causas penales pendientes, la reforma de la Justicia pasa a ser el primer tema a debatir con carácter de urgencia en el Congreso.

El presidente Alberto Fernández no se pronuncia sobre esta situación tan enmarañada, cuando en un pasado muy cercano, él mismo acusó públicamente a la expresidenta de valerse de la política para lograr impunidad. Vale decir, pareciera que gran cantidad de ciudadanos no tenemos derecho a sospechar sobre aquello que sospechó por años el actual presidente de los argentinos, y que tampoco tenemos derecho a que hoy nos explique qué significa exactamente esta reforma y por qué es tan urgente aprobarla en medio de una pandemia, que él mismo nos cuenta que está atravesando su momento más crítico.

Politóloga y Profesora (UBA)

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