
El riesgo de las mayorías automáticas
Por Santiago Legarre Para LA NACION
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Supongamos que, como piensa alguna gente que respeto mucho, durante la década del 90 hubo en la Corte Suprema una mayoría automática, adicta al gobierno de Menem. Concedamos, sin afirmarlo, que fuera razonable que el presidente Néstor Kirchner hubiera hecho bien en intentar "limpiar" la Corte de los jueces adictos (a Menem). No podía hacerlo por cualquier medio, porque Kirchner insiste permanentemente en su compromiso con la ética y los derechos humanos. Debía usar el único camino posible, y eso hizo: pidió al Congreso de la Nación que iniciara juicio político a esos jueces.
Varios de ellos, por la presión del juicio o durante su tramitación, renunciaron (Nazareno, López, Vázquez). Uno no: Moliné O´Connor. Y aquí es donde cobra relevancia enorme otra pieza de este engranaje: la senadora Fernández de Kirchner, presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado y responsable última de organizar el juicio contra Moliné. Ella, junto con los demás senadores, recibió la acusación de la Cámara de Diputados y decidió primero suspender a Moliné y, unos meses después, destituirlo. Cristina Kirchner estuvo al frente de esta actuación y se llevó todos los laureles (o, para otros, como presumiblemente el mismo Moliné, las culpas).
¿Qué pasa ahora? Resulta que la Cámara de Diputados quiso también enjuiciar al único remanente de los magistrados nombrados por Carlos Menem, el juez Antonio Boggiano. Este juez no fue nombrado en el momento de la ampliación de la Corte, de cinco a nueve miembros, en 1990, cuando ingresaron varios jueces supuestamente adictos, como Nazareno y Moliné, sino un año más tarde, cuando renunció Oyhanarte. En ese entonces (1991), Menem no necesitaba ya una mayoría (supuestamente automática o como se la quiera llamar) en la Corte: ya la tenía. Se dio, por tanto, el lujo de nombrar a un no peronista, Boggiano, jurista de renombre nacional e internacional, ex juez de primera instancia y ex camarista en lo comercial. El nombramiento fue bien recibido por casi todos.
Volvamos al presente. Diputados quiere ahora que se destituya al juez Boggiano. El principal argumento es: a) A Moliné lo destituimos por su voto en un caso ("Meller"), que consideramos un acto de corrupción; b) Boggiano votó sustancialmente igual en ese caso; c) Sería incoherente que no destituyéramos también a Boggiano.
La lógica parece impecable y, por lo demás, la coherencia institucional es muy importante, como bien lo destacó Cristina Fernández de Kirchner en la sesión en la que el Senado trató provisionalmente el caso Boggiano, el miércoles 22 de junio último. Sin embargo, los defensores de Boggiano, y el propio juez, sostuvieron en el recinto que el punto b) del razonamiento de los diputados es falso. Según el juez y sus defensores, él no votó sustancialmente igual que Moliné en el caso Meller. Más aún: Boggiano sostiene que su voto es significativamente distinto y que tiene consecuencias también significativamente distintas para las arcas del Estado, que tanto preocupan (con razón) a los diputados acusadores. El magistrado afirma que él no cometió ningún acto de corrupción cuando emitió su voto.
Entonces, mi punto es el siguiente: la señora de Kirchner, sus aliados y, en definitiva, todos los senadores, deben evaluar seriamente si lo que Boggiano afirma es cierto. Tienen un escrito de 300 páginas -según comentó públicamente una senadora justicialista en la sesión ya aludida- que intenta probarlo. Deberían estudiarlo a fondo durante estos meses que durará la tramitación del juicio político. Es irrelevante que Boggiano haya sido suspendido (merced al voto del peronismo oficialista y del radicalismo). Eso es tan sólo una medida cautelar. Si el Senado descubre que los diputados se equivocaron en su razonamiento, deben absolver al juez Antonio Boggiano para mantener la coherencia y, sobre todo, la justicia. De esta manera, la independencia de la Corte, a favor de la cual este gobierno ha hecho bastante, aunque algunas voces afirmen lo contrario, quedará reafirmada. De lo contrario, se podría confirmar la opinión de esas voces que insistirán en que quien ahora quiere una mayoría automática en la Corte es el actual gobierno (y por eso remueve a Boggiano, un supuesto menemista). En otras palabras, que Kirchner y la señora Kirchner están haciendo lo mismo que hizo Menem. (Yo no creo que así sea, pero el final de esta historia podría desilusionarme y hacerme cambiar de opinión.)
En suma, si se "echa" de la Corte a un juez cuya alegada corrupción no hubiera sido debidamente probada, puede quedar la impresión, tristísima, de que los peronistas lo destituyen por no ser peronista y los radicales por no ser radical, lo cual podría llevar, a su vez, a pensar que también en el Senado hay una mayoría automática, una "obediencia debida" casi tan infame como aquella que el Senado anuló en su momento y que acaba de ser declarada inconstitucional por la Corte, con el voto de Boggiano. El Senado y los Kirchner nos libren de esta posibilidad nefasta para la República.






