El show de los testamentos

Rolando Hanglin
Rolando Hanglin PARA LA NACION
Fecha su larga voluntad final en Valladolid y, entre las numerosas disposiciones, beneficia a personas desconocidas
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19 de agosto de 2014  • 00:36

Tengo en mi poder el Libro de los Testamentos, publicado en 1997, con la firma de Liliana Viola, que demuestra cuán genial -o tal vez chiflada- es la humanidad, a través de celebridades de todos los tiempos. Algunos párrafos de testamentos de famosos.

Ernesto "Che" Guevara (1928-1967): "Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo. Hace diez años les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo...Puede que esta vez sea la definitiva. No lo busco, pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo...Los he querido mucho, sólo que no he sabido expresar mi cariño. Soy extremadamente rígido en mis acciones y creo que a veces no me entendieron. No era fácil entenderme. Créanme, solamente, hoy. Ahora, una voluntad que he pulido con delectación de artista sostendrá unas piernas fláccidas y unos pulmones cansados. Lo haré...Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condottiero del siglo XX…Un gran abrazo de hijo pródigo y recalcitrante para ustedes. Ernesto".

Uno piensa: qué desperdicio. Valiente, culto, buen mozo, médico...¡Escribía como Cortázar! Pero, a lo mejor, uno es precisamente el desperdicio.

Lisandro de la Torre (1868-1939): "Señores, les ruego que se hagan cargo de la cremación de mi cadáver. Deseo que no haya acompañamiento público, ni ceremonia laica ni religiosa alguna, ni acceso de curiosos y fotógrafos para ver el cuerpo, con excepción de las personas que Uds. autoricen especialmente...Mucha gente buena me respeta y me quiere, y sentirá mi muerte. Eso me basta como recompensa...No debe darse importancia excesiva al desenlace final de una vida, aun cuando las preocupaciones vulgares sean otras...Si Uds. no lo desaprueban, desearía que mis cenizas fueran arrojadas al viento. Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndome con todo lo que muere en el universo". Uno de los fundadores del Partido Demócrata Progresista se suicidó en el sillón de su casa, pegándose un tiro en la boca.

José Martí, prócer cubano (1853-1895) "Madre mía: hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, pienso en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida...Tengo razones para irme más contento y dichoso de lo que usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No sufra. Su Martí".

Manuel Dorrego (1787-1828), muere fusilado sin juicio tras la batalla de Navarro por orden del general Juan Lavalle: "Querida Angelita: en este momento me intiman que dentro de una hora debo morir. Ignoro el por qué. La Divina Providencia, en la cual confío en este momento crítico, lo ha querido así. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida, educa a nuestras amables criaturas. Sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado Manuel Dorrego",

Nostradamus (1503-1566) famoso profeta llamado en realidad Maese Michel de Notre Dame: "No quiero que mi ataúd sea enterrado de la manera habitual, sino en posición vertical contra la pared de la iglesia de los franciscanos. De esta manera, incluso después de mi muerte, no podrán venir a bailar sobre mi tumba ni los estúpidos ni los cobardes, ni los cretinos ni los malnacidos".

Charles de Gaulle (1890-1970): "Quiero ser enterrado en Colombey-les-deux-Eglises. Si muero en otra parte, mi cuerpo debe ser trasladado allí sin ceremonia pública de ningún tipo. Mi tumba será la misma en la que yace mi hija Anne, y donde también descansará, algún día, mi esposa. La inscripción dirá, simplemente: Charles de Gaulle. Nada más...No se pronunciará ninguna oración, ni en la iglesia ni en otra parte".

George Washington (1732-1799): "...Deseo que todos los esclavos que poseo por propio derecho (eran 277 personas reciban su libertad… Que todos ellos sean confortablemente vestidos y alimentados...Y a mi mulato William, que se llama a sí mismo William Lee, le doy la libertad de inmediato. Salvo que él mismo, por invalidez u otro motivo, desee permanecer en la situación actual".

Benjamin Franklin (1706-1790) prócer americano: "A mi hijo William Franklin, último gobernador de los Jersey, le dejo todas las deudas de que es responsable, las cuales no podrán ser exigidas a mis albaceas… La parte que él tomó en mi contra durante la última guerra, que es del dominio público, justificará que no le deje nada más de un patrimonio que él me quiso quitar". El Sr. Franklin dejó importantes bienes a su hija Sarah y su yerno, Richard Bache.

John Lennon (1940-1980) músico inglés, integrante de The Beatles: "Aquí designo, establezco y nombro a mi amada esposa Yoko Ono para actuar como ejecutora de esta última voluntad y testamento...También como Guardiana de la persona y propiedad de cualquier hijo que pudiera sobrevivirme". Lennon murió asesinado por Mark David Chapman a las puertas del edificio Dakota de Nueva York, donde vivía junto a Ono.

Juan Manuel de Rosas (1793-1897) gobernador de Buenos Aires exilado en Southampton: "Nombro por albacea al Honorable Lord Vizconde Palmerston...o a quien ocupe la cancillería británica para el momento de mi muerte...Cuando se casó Manuelita, le regalé un libro de la nobleza de nuestros antepasados. El otro ejemplar que tengo, si no lo regalo antes de mi muerte, será entregado a mi hijo nieto, Manuel Máximo, a quien llamo Nepomuceno José, por recuerdo noble, amor y respeto a la memoria de su padre abuelo...y del hermano de este, mi padrino de casamiento e inolvidable amigo, honorable y noble Canónigo Dignidad Don José María Terrero".

Napoleón Bonaparte (1769-1821) emperador de Francia: "...Muero en la religión católica apostólica romana, en la que he vivido durante más de cincuenta años...Deseo que mis cenizas reposen en las riberas del Sena, en medio del pueblo francés al que tanto he amado...He tenido siempre en consideración a mi querida esposa María Luisa...Recomiendo a mi hijo no olvidar nunca que ha nacido príncipe francés, y no prestarse jamás a ser un instrumento en manos de los tiranos que oprimen a los pueblos de Europa". Durante sus últimos días en la isla de Santa Elena, mantuvo una discusión doméstica con un servidor que lo desobedeció. Esgrimiendo un papel, le dijo: "Estoy escribiendo mi testamento, y en él le dejaré sólo 20 francos. Con eso puede comprar una soga y ahorcarse".

Cristóbal Colón, descubridor de América (1451-1506) fecha su larga voluntad final en Valladolid y, entre las numerosas disposiciones, beneficia a muchas personas desconocidas de Génova y Portugal, incluso "un judío (sin nombre) que moraba en la puerta de la judería de Lisboa".

En fin, estos documentos suelen ser complejos, pero vale la pena buscar en alguna parte este viejo libro que incluye los legados completos de Elvis Presley, Groucho Marx, Salvador Allende, Francisco Franco, Eva Perón, William Shakespeare, Pablo Neruda, Lenin, Nelson Rockefeller y Madame Pompadour. Entre muchos otros.

El que busca, encuentra.

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