
El sida, otra trágica herencia de Ceausescu
Miles de niños, infectados durante la última etapa del régimen, corren peligro de muerte
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GALATI, Rumania.- Miles de niños rumanos que contrajeron el virus causante del sida como consecuencia de innecesarias transfusiones de sangre siguen vivos, pero cientos de ellos corren peligro de morir rápidamente porque ya no les es posible obtener los medicamentos que necesitan.
Los altos precios cobrados por las empresas farmacéuticas occidentales, la aguda pobreza que reina en Rumania y el fracaso de los débiles gobiernos del país para obtener descuentos sobre el precio de los medicamentos hicieron que las drogas retrovirales que les salvarían la vida estén fuera del alcance de muchos de los niños infectados en los últimos días del régimen de Nicolae Ceausescu, el dictador derrocado y ejecutado en diciembre de 1989.
Los hospitales rumanos, afectados por el torpe manejo del reciente presupuesto nacional de salud, están dejando de administrar los cócteles de medicamentos antisida cuyo costo es de 10.000 dólares anuales por enfermo. Y los hospitales tampoco pueden pagar el lujo de exámenes de laboratorio y las mejores drogas para infecciones secundarias, que ascienden también a 10.000 dólares por niño cada año.
Las empresas farmacéuticas europeas y norteamericanas, dicen los médicos, han declinado casi todas sus solicitudes de drogas más baratas y el gobierno hasta ahora ha demostrado ser incapaz de obligar a una baja de los precios o de generar presupuestos suficientes para la compra de los medicamentos a los precios actuales. A lo largo y ancho de Rumania hay unos 9000 niños registrados como HIV positivos, lo cual equivale a más de la mitad de todos los niños con este mal en toda Europa. La mayoría tiene entre 9 y 13 años. Algunos viven con sus familias; otros, en orfanatos que forman parte de hospitales estatales, y otros, en pequeños centros.
La negligencia de un régimen
En la década del 80, los niños rumanos recibieron transfusiones sanguíneas no sólo para el tratamiento de hemofilia, por alguna cirugía o por otras razones comunes en Occidente, sino también como una especie de tónico para aquellos que estaban anémicos o desnutridos. Una consecuencia de la campaña de Ceausescu para pagar la deuda nacional y, al mismo tiempo, conservar sus grandiosos palacios y estilo de vida, fue que las finanzas nacionales se vieron afectadas, y la leche, vitaminas y alimentos frescos escaseaban, de forma que la sangre de donantes o personas que la vendían se empleaba como sustituto. Además, las enfermeras de las escuelas frecuentemente usaban docenas de veces las mismas agujas cuando vacunaban a los niños. En algún momento de los años ochenta, el sida contaminó las reservas rumanas de sangre, probablemente primero por soldados o prostitutas, porque más tarde se descubrió que la infección estaba concentrada en ciudades portuarias como Galati, Constanza y Giurgin. Para 1990, muerto ya Ceausescu, las autoridades de salud se dieron cuenta de que decenas de miles de niños habían recibido sangre contaminada con HIV, y los tiempos de libertad permitieron que se revelara públicamente el hecho. Estalló un escándalo, que se vio acentuado por la información acerca de las aterradoras condiciones que primaban entre niños abandonados, enfermos o no, en los orfanatos del Estado.
Llegó ayuda de todo el mundo. Se mejoraron las técnicas de detección de enfermedades en la sangre, los hospitales recibieron jeringas desechables y se adiestró a las enfermeras. Los niños enfermos, sin embargo, siguieron allí. Lentamente, a medida que el virus se multiplicaba y destruía sus sistemas inmunológicos, empezaron a enfermar y morir. El mal afecta a los niños a un ritmo diferente, y ciertos padres sólo ahora han comprendido que algunos de sus hijos, de quienes sólo pensaban que eran enfermizos, padecieron de sida toda su vida. En un país en el que una tercera parte de sus 23 millones de habitantes vive con un dólar diario, muchas familias son tan pobres que optan por abandonar a sus hijos. Los cócteles de terapia triple contra el sida, que llegaron a Bucarest, la capital rumana, en 1997, y a las ciudades más pequeñas como Galati, al año siguiente, fueron un éxito enorme, y los índices de mortalidad descendieron rápidamente. Entre los más o menos 400 niños que eran atendidos en el hospital Doctor Victor Babes, en Bucarest, las muertes bajaron de 66 en 1998 a 19 en 1999 y 18 en 2000. De los 400 de atención interna y externa en el hospital Babes, unos 120 reciben los cócteles retrovirales, dice el doctor Dan Duiculescu, jefe de sida pediátrico. Si tuviera suficientes recursos económicos, otros 100 los recibirían, dado que cumplen con las condiciones establecidas en Rumania para recibir ese tratamiento. En Estados Unidos, los 400 niños estarían recibiendo los medicamentos.
Sin descuentos
"No recibimos descuento alguno en los precios de ninguna compañía", dice Duiculescu. Pide a las corporaciones farmacéuticas que coloquen a sus niños en programas de experimentación de drogas antisida, y dice que sería un beneficio para ambos: les ofrece su grupo de 400 pacientes, que él puede monitorear cuidadosamente. Glaxo Wellcome, que ayudó a pagar por su base de datos computarizada, realizó dos estudios clínicos de diferentes combinaciones de AZT en 1997 y 1998. Pero sólo 20 niños participaron en uno de los estudios y sólo 50 en el otro, y en cada ocasión sólo fue durante seis meses. La empresa Glaxo Wellcome dijo que los niños dejaron de recibir las drogas gratis después de estudios clínicos previos, pero que otros pacientes, en fechas más recientes, siguieron recibiendo los medicamentos sin costo después de que terminaron los estudios. Duiculescu dijo que fue informado de que recibiría parte de un donativo de 750.000 dólares en medicamentos por parte de Bristol-Myers Squibb para 500 pacientes, pero que aún no los ha recibido. Y dijo estar interesado en un estudio clínico propuesto por Merck & Co. en el que se utilizarían dos drogas, crixivan y stocrin, pero lo inquieta que esto pueda involucrar "condiciones que sería difícil aceptar".
El hospital debe comprar medicamentos para un paciente por cada dos a los que la compañía se los dé gratis, "y no creo que haya suficiente dinero" para eso", dice. La mayoría de las cinco compañías que venden retrovirales en Rumania hacen algunos donativos, generalmente medicamentos para abastecer varios meses a algunos pacientes que pierden el financiamiento estatal para su atención antisida. Otras empresas hacen donativos en efectivo; Merck, por ejemplo, ya ha donado un millón de dólares para equipo en laboratorios regionales. Pero los precios al mayoreo de las drogas siguen siendo muy elevados y no hay planes inminentes para una reducción de ellos. Interrogadas acerca de sus precios mayoristas en Rumania, cinco empresas farmacéuticas dijeron que "depende de lo que cobren nuestros competidores", "están en línea con nuestra política internacional de precios" o que están "basados en precios que se aplican en toda Europa".
La verdad, no obstante, es que Rumania de ninguna forma se parece al resto de Europa: el salario promedio es de sólo 1200 dólares al año. Muy pocos rumanos sometidos a tratamiento médico para el sida saben que los antiretrovirales genéricos son vendidos a una fracción de los precios occidentales por compañías en la India, Tailandia, Brasil y Canadá. Pero importarlos significaría violar las patentes que las empresas occidentales tienen respecto de sus drogas, y el Ministerio de Salud ya ha accedido a respetar dichas patentes.
En un comunicado de prensa en mayo último, en el que reconocía su "sociedad" con las cinco empresas farmacéuticas en torno del acceso a las drogas, el ministerio señala que las leyes que garantizan los derechos de propiedad intelectual son un principio del que se parte para cualquier negociación sobre posibles descuentos en los medicamentos.
Una vocera dijo que la protección de las patentes no es parte de un acuerdo de la Organización de las Naciones Unidas con las cinco corporaciones farmacéuticas. En lugar de eso, reconoce "el respeto de los acuerdos internacionales", incluyendo el tratado sobre aspectos relacionados con la propiedad intelectual. El tratado reconoce, asimismo, muchas excepciones a la protección de patentes. "Los rumanos agregaron esto por alguna razón", dijo.




