
"El SIDA ya no es una enfermedad terminal"
La especialista del equipo de Daniel Stamboulián dice que el mal, gracias a las nuevas drogas, se ha transformado hoy en una patología crónica. De todos modos, aún habrá que esperar de 7 a 10 años para eliminar el virus. Lo negativo sigue siendo el desarrollo de la epidemia. Continúa creciendo en la Argentina y en el resto del mundo.
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HOY, en algún laboratorio del mundo, es probable que surja una buena notica científica con respecto al virus del SIDA: quizás, una droga que funciona mejor que otra, o algún pequeño paso en el ínfimo mundo de los microbios que permita entender por qué el virus actúa de tal o cual manera. Esa, podría decirse, es la cara auspiciosa de la enfermedad.
Pero hay otra cara y es completamente opuesta: hoy, cuando termine el día, habrá 16.000 nuevos infectados con HIV.
No es un número rigurosamente exacto, es cierto. Se trata apenas de un promedio; pero sirve. Transmite la idea de cuán rápido se extiende el mal.
"Son 16.000 nuevos casos por día, y casi todos evitables", repite la doctora Isabel Cassetti, coordinadora del Programa SIDA de la Fundación de Estudios Infectológicos (Funcei), que dirige Daniel Stamboulián.
-¿Ya puede decirse que el SIDA es una enfermedad crónica más que una enfermedad terminal?
-Sí, hoy el SIDA definitivamente es una enfermedad crónica. La palabra terminal debe ser abandonada para hablar de este mal.
-Eso habla de un avance muy importante...
-Este año en la XII Conferencia Mundial de SIDA, en Suiza, se han presentado por primera vez los resultados de diferentes estudios que muestran cómo en distintos países del mundo la mortalidad cayó en alrededor del 70 al 80 por ciento. Pero eso no es todo. Las complicaciones de salud relacionadas con el SIDA, dependiendo del área de la que hablemos, se redujeron entre un 85 y un 90 por ciento. Estos datos son sumamente importantes para la historia de la infección porque hasta el momento nunca se había registrado una situación similar. Es un progreso enorme.
-¿La conferencia de Suiza marcó un hito?
-No exactamente... En Suiza se reafirmaron situaciones que ya conocíamos, como el tema de la mortalidad o las mejorías en la calidad de vida. Pero es cierto que todo esto es muy reciente; tiene meses apenas. En Suiza se afirmó el concepto del SIDA como enfermedad crónica, y definitivamente lo es, porque los pacientes pueden vivir más tiempo y mejor. Quiere decir que ha mejorado no sólo la sobrevida, sino también la calidad de la vida.
-Suena extraño hablar del SIDA como enfermedad crónica, porque durante mucho tiempo se esperó un titular en letras gigantes que anunciara la cura de la enfermedad.
-Es cierto, no hubo titular en letras grandes, pero ahora al menos podemos decir que la infección se controla. Actualmente podemos controlar la multiplicación del virus. De alguna manera, lo tenemos cercado, pero todavía no lo podemos eliminar. Recién cuando lo expulsemos totalmente del organismo vamos a hablar de curación.
-¿Qué tan cerca estamos de la cura definitiva?
-Probablemente se necesiten muchos años para que el virus pueda ser definitivamente eliminado. De acuerdo con los estudios que se están haciendo, por lo menos se requerirían de 7 a 10 años.
-Sin embargo, ya hay trabajos científicos que hablan de erradicación.
-Son trabajos que consiguen que los resultados de los análisis de carga viral de personas infectadas (la cantidad de virus que circula en la sangre) den negativo o no detectable . Pero eso no significa que el virus no esté escondido en otros lugares. Evidentemente, en la sangre no está, y eso es lo que dicen los análisis. Pero cuando a esas personas se les hace una biopsia de ganglios y de otros tejidos, uno encuentra que el virus está allí. Por ello hoy no podemos hablar de erradicación ni de curación, aunque es importante que la gente sepa que se está trabajando intensamente para lograr eso. Continuamos entonces con el concepto de enfermedad crónica y, aunque tengamos que dar a los pacientes tratamientos muy prolongados, ellos ahora tienen que aprender a vivir con el HIV, a convivir con esos tratamientos, a seguir con sus proyectos de vida, con sus objetivos y a pensar que el futuro es promisorio.
-¿Cuál es el perfil de los enfermos de SIDA hoy, en nuestro país?
-Se trata de gente joven. La media de edad para las mujeres es de 22 a 23 años, y para los hombres, 33. Estos datos surgen del informe oficial, de casos informados de SIDA. Es gente que ya tiene algunas complicaciones.
-¿Y en cuanto a las personas recién diagnosticadas?
-Uno de los problemas grandes de la epidemia en el nivel local son las personas jóvenes -principalmente los adolescentes- y las mujeres. También, en cuanto a transmisión, está creciendo el contagio por vía sexual, entre parejas heterosexuales. Y uno de los problemas que estamos viendo es que si aumenta el SIDA en las mujeres va a crecer también en los niños por la transmisión madre-hijo.
-¿Por qué en las mujeres?
-Es complicado... Durante los primeros años, las mujeres que se infectaban eran las adictas endovenosas porque la transmisión era por esa vía, mediante el intercambio de jeringas con sangre contaminada. Después empezamos a ver mujeres infectadas que eran parejas sexuales de adictos endovenosos, aunque sin ser ellas adictas; entonces se contagiaban por vía sexual. Pero lo más preocupante es que ahora las vemos fuera de esas situaciones. Son simplemente mujeres que se contagian luego de un contacto heterosexual con hombres que conocen ocasionalmente. Esto ocurre porque el SIDA ha dejado de pertenecer a grupos específicos y está instalado en la comunidad.
-No deja de llamar la atención que estemos hablando de mujeres, cuando en las relaciones heterosexuales, por supuesto, también hay hombres.
-Es que el crecimiento se da también en los hombres. Sin embargo, es mucho más fácil que un hombre contagie a una mujer que a la inversa.
-¿Por qué?
-Por un lado, tiene que ver con una serie de características fisiológicas propias de cada sexo. Pero por otro, hay una razón no estrictamente médica que es imposible de separar. Las mujeres, en culturas como las nuestras, corren con desventajas.
-¿Qué desventajas?
-Estamos hablando de culturas en donde todavía el machismo sigue siendo importante. Aquí, a la mujer le cuesta negociar durante la relación sexual para que el hombre utilice el preservativo; eso es visto como una falta de confianza de parte de ella hacia él. En nuestra práctica diaria vemos el miedo de la mujer a ser abandonada por el hombre. Cotidianamente asistimos a las dificultades que tienen algunas mujeres para pedirles a sus maridos infectados que utilicen el preservativo.
-¿Aun sabiendo que están infectados?
-Aun sabiendo que están infectados. Además, si una mujer le propone al hombre utilizar un preservativo es interpretado como una muestra de que ella no lo quiere a él, cuando en realidad debería ser al revés: "Porque te quiero y te protejo, incorporemos el preservativo en la relación sexual".
-En ese sentido el panorama parece complicado.
-Lo es. La verdad es que en el tema SIDA, en los últimos años se han logrado extraordinarios progresos; cosas increíbles. Pero la epidemia sigue creciendo. Cada vez hay más gente que se infecta y quienes trabajamos en esto, todo el tiempo nos preguntamos por qué.
-¿En los países desarrollados ocurre lo mismo?
-Ningún país del mundo ha logrado controlar la epidemia... Ninguno.
-¿Por qué?
-Porque es una situación que no depende sólo de la ciencia. Pasa, en gran medida, por el comportamiento humano. Y es allí donde hay que trabajar.
-En ese sentido, ¿cómo estamos en la Argentina en comparación con otros países del mundo?
-Una diferencia grande es que nosotros todavía tenemos que trabajar mucho en prevención. Pero antes tenemos que entender que informar no es lo mismo que educar. Esto último exige un cambio de comportamiento. Y no nos olvidemos de que estamos hablando de comportamientos muy arraigados en nuestra cultura. Entonces, la gente sabe que el SIDA se transmite por vía sexual, y que, si se toman los cuidados adecuados, es una enfermedad que puede prevenirse en un ciento por ciento...
-¿En un ciento por ciento?
-Sí. Y aun sabiendo eso, la gente no se cuida.
-Entonces, ¿no alcanza con el spot televisivo y los afiches?
-No basta; no es suficiente. Falta un trabajo más de campo, más in situ con la gente, más de par a par. Por ejemplo, ponerse en el nivel de los adictos y hablar con ellos en su mismo idioma. Pensar qué estrategias podemos elaborar.
-¿Cómo se hace eso?
-Para que la prevención funcione tiene que tener continuidad en el tiempo y un lenguaje claro para la gente. Luego hay que trabajar a través de talleres, de grupos... Hay infinidad de maneras. Los expertos en prevención lo tienen bien estudiado.
-¿Hay algún ejemplo de un trabajo así?
-Sí. El programa de prevención de Tailandia ha logrado disminuir muchísimo la incidencia de infección por HIV. Fue un trabajo encarado por el Ministerio de Salud de aquel país. Allí existe un alto porcentaje de infectados a través de la vía heterosexual, porque hay mucha prostitución. Pero los tailandeses bajaron al nivel de los lugares en donde están las prostitutas, trabajaron con los clientes, con los dueños de los locales y lograron algo. Pero tuvieron que bajar allí. No es suficiente con pasar un aviso de televisión. Otro ejemplo es el programa suizo de intercambio de agujas y jeringas para adictos. La ministra de Salud suiza dijo durante la conferencia sobre SIDA que el programa era exitoso porque lo implementaron hace un montón de tiempo. Pero, fundamentalmente, porque el 75 por ciento de la población estaba de acuerdo. Sin embargo, aquí es difícil. Yo creo que si nosotros habláramos de eso... repartir jeringas... Dirían que estamos favoreciendo el uso de drogas.
-¿Cómo está la Argentina en el nivel médico?
-Yo diría que en el nivel médico no hay tanta diferencia con los países más avanzados. Contamos con los métodos más modernos para monitorear a un paciente. Tenemos todas las drogas disponibles. Quizá lleguen con un atraso mínimo, pero llegan. Y en cuanto a la cobertura, junto con Brasil, la Argentina es uno de los únicos dos países de América latina que proveen a su población de medicamentos gratuitamente.
Cifras al minuto
Cada día se infectan 16.000 personas. De ellas, 7000 tienen entre 15 y 24 años. Por minuto se contagian cinco adolescentes. En el mundo existen unos 30 millones de infectados. De ellos, 21 millones son africanos. En la Argentina existen unos 15.000 casos declarados, pero se sospecha que hay otros 115.000 sin declarar. En el mundo, el 80 por ciento de los contagios se produce por vía sexual, entre el 5 y el 10 por ciento es contagio madre-hijo y el 5 por ciento por adicciones endovenosas. En la Argentina, el 50 por ciento de los contagios es por vía sexual y el otro 50 por ciento por adicciones endovenosas.
Perfil
- Nació en Buenos Aires hace 43 años. Su papá manejaba camiones y siempre les inculcó a ella y a su hermana el hábito del estudio.
- Tiene una hermana matemática y su marido es médico, especialista en terapia intensiva. Tienen un hijo de 4 años.
- Se recibió de médica en la Universidad de Buenos Aires con diploma de honor. Primero se especializó en clínica médica y luego en infectología.
- Su relación con el tema SIDA comenzó en 1991, cuando realizó un entrenamiento en el hospital Jackson Memorial de Miami, Estados Unidos.
- Le interesó el tema del SIDA porque, dice, "tiene algo especial, que es el conocimiento y el seguimiento de las personas a lo largo del tiempo. Me permite establecer un vínculo más estrecho con los pacientes y así conocer su familia, amigos, alegrías y tristezas".
- "Me gusta colaborar con los pacientes no como el médico que receta -asegura-, sino a partir de un intercambio más profundo. Se trata de conocer el virus, sin dejar de lado a la persona".



