
El sismo en China: entre tragedias y supersticiones
Creencias muy arraigadas en la sociedad china acerca del poder anticipatorio de los desastres naturales estallaron en la Red esta semana, luego del terremoto en Sichuan. ¿Desatendió el gobierno de Pekín señales que permitían presagiar el drama?
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CHENGDU , China.- Se pueden predecir los terremotos y se puede alertar sobre su posible impacto destructivo?
La mayoría de los científicos diría que no. Pero si nos atenemos a lo que afirman con insistencia algunos bloggers chinos, la naturaleza dio suficientes alertas como para que se pudiera salvar a muchos de los que murieron el lunes pasado.
En los días anteriores a que el terremoto mortífero sacudiera gran parte de las montañas de la provincia de Sichuan, según dicen, hubo lagunas que se quedaron inexplicablemente sin agua, vacas que se lanzaron contra su corrales y oleadas de sapos invadieron las calles de una ciudad que luego fue destruida por el sismo. "¿Por qué ignoró el gobierno estas señales?", preguntó un participante en una sala de chat. "¿No les importó?"
Algunos bloggers lanzaron acusaciones más contundentes aún, diciendo que los alertas de una oficina sismológica local fueron desestimados por los funcionarios oficiales. Esa afirmación ha sido en gran medida desmentida, pero eso no evitó que se diseminaran rumores e historias increíbles, algunas de las cuales resultan molestas para el Partido Comunista en el poder mientras intenta responder al desastre natural más calamitoso que ha conocido la actual generación.
En una conferencia de prensa oficial el pasado martes, que fue transmitida en vivo por una cadena de televisión estatal, un periodista hizo preguntas sobre estos rumores. La transmisión rápidamente pasó a un video de archivo sobre las operaciones de rescate. Cuando volvió a la conferencia de prensa, las preguntas se habían vuelto más benignas.
Más tarde, ese mismo día, los funcionarios anunciaron el arresto de cuatro personas por diseminar rumores relacionados con el terremoto y dijeron que serían castigados, aunque los funcionarios no describieron el castigo o la naturaleza de los rumores.
Para que no queden dudas, Xinhua, la agencia oficial de noticias china, distribuyó un artículo el miércoles escrito por Zhang Xiaodong, un científico del centro de Redes Sismológicas de China, en el que afirmaba que, al contrario de lo que se cree, los sismólogos no pueden predecir con precisión los desastres naturales. "No hemos pasado la prueba de pronóstico de terremotos", señaló.
Aquí en China se cree ampliamente en los signos y los avisos sobrenaturales, una inclinación que tiene raíces en la antigua cosmología. Incluso creen en ellos las personas mundanas y con alto nivel de educación. Al fin de cuentas, es una cultura que valora los números de la suerte, elimina sonidos que pueden confundirse con la palabra que significa muerte y da gran valor al feng shui , la práctica de ordenar los muebles y construir los edificios de una manera determinada, para asegurar la felicidad y la riqueza de sus habitantes.
Algunas de las tradiciones son menos antiguas que otras: es raro el taxista en China que no cuelga una imagen del presidente Mao de su espejo retrovisor, como talismán contra el peligro. Incluso el Partido Comunista, que ostensiblemente barrió con el opio de las masas con su revolución de 1949, decidió incorporar a las Olimpiadas que este año se celebrarán en Pekín tantos números ocho (considerado como un número de la suerte) como fuera posible: se iniciarán el 8 de agosto, es decir el 8-08-08, y la hora de iniciación será las 8.08 de la tarde.
Si bien no hay manera de saberlo con certeza, la actual conducción puede estar pensando en la historia china, que vinculó por largo tiempo el poder político a la divinidad, un concepto conocido como el mandato del cielo. Los emperadores actuaban con la bendición de los cielos, de acuerdo a este pensamiento, y quienes se volvieron corruptos o insensibles a las necesidades del pueblo fueron sacados del poder luego de una serie de catástrofes naturales. Está abierto a la interpretación si tales calamidades señalizaron el fin de un gobierno o si, por el contrario, ayudaron a los usurpadores.
La mayoría de los chinos pueden hablar interminablemente acerca de la "maldición de 1976", el año de la muerte de Mao, el primer ministro Zhou Enlai y el general Zhu De, jefe del Ejército Rojo. También fue el año en que un terremoto sacudió a la ciudad de Tangshan, en el noroeste del país, matando al menos 240.000 personas en el que fue uno de los desastres naturales más mortíferos de la historia moderna.
Neil Schmid, profesor de religión china de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Estados Unidos, y que ejerce como invitado de la universidad de Zhejiang, dijo que vale la pena notar que el sismómetro fue inventado por los chinos en el 132 después de Cristo, como modo de detectar temblores que pudieran anunciar el fin del reinado de un gobernante. Sucesivas dinastías emplearon un maestro de esotérica que debía registrar e interpretar inundaciones, hambrunas y otros desastres.
"Analizar y comprender estas aberraciones del mundo natural siempre fue un aspecto central de la cultura china", dijo el académico. Y agregó: "El orden cósmico y la legitimidad del estado siempre estuvieron indisolublemente ligados".
Sucesión de infortunios
Para China, el año 2008, si bien gracias a su ocho es ostensiblemente un año que trae buena suerte, ya ha traído una sucesión de eventos desafortunados. Comenzó con una inmensa tormenta invernal que trabó el sistema ferroviario del país, dejando a millones inmovilizados antes del Año Nuevo chino. Luego se produjeron los disturbios en el Tíbet. La represión que siguió a ello provocó un torrente de protestas y críticas internacionales que afectaron lo que debía ser un período olímpico "armonioso". Y en las últimas semanas las autoridades de Pekín han estado debatiéndose con otras calamidades: una epidemia de virus intestinal que comenzó en China central y ha matado a 42 niños y una colisión de trenes en el este de China en la que murieron 72 pasajeros.
Yiyan Wang, profesora de estudios chinos en la Universidad de Sydney, Australia, dijo que, aunque la conducción del Partido Comunista Chino no crea en las supersticiones, es consciente de que muchos ciudadanos sí creen en ellas. El viaje del primer ministro Wen Jiabao a la zona de desastre horas después del terremoto podría interpretarse como una campaña de buenas relaciones públicas o, quizás, como el reconocimiento de la existencia de temores con antiguas raíces.
"El gobierno sabe que muchos chinos pensarán que el temblor es una señal de que las cosas se han desequilibrado", dijo la especialista. Pero es la historia de la invasión de los sapos la que parece haber llamado más la atención, al menos en Internet. Se dio efectivamente, de alguna manera, en Mianzhu, dos días antes del terremoto. Muchos residentes reaccionaron con terror, creyendo que era el anuncio de cosas malas.
En una entrevista con la televisión de Sichuan justo antes del temblor, el director de la oficina de bosques de Mianzhu trató de calmar a los residentes diciendo que la migración masiva era una parte normal de la temporada de procreación de los sapos. La entrevista, publicada en Internet, ha estado provocando un torrente de comentarios colmados de ira. Al menos 3000 personas murieron en Mianzhu y los funcionarios dicen que otras 4500 están desaparecidas.
"Esos científicos sismológicos están malgastando el dinero de los contribuyentes", observó un blogger, que sugirió que renuncien todos los empleados de ese centro. "Criar sapos -añadió- sería mejor que gastar dinero en esos científicos sismológicos".
LA NACION y The New York Times
Traducción: Gabriel Zadunaisky




