El tigre y sus símbolos
Días atrás, una noticia breve me hizo pensar en los tigres. Y si pienso en tigres, el primero que salta a mi memoria, más real que un recuerdo, es Sandokán, el Tigre de la Malasia, aquel pirata indómito que navegaba los mares del sudeste asiático, perseguido por británicos y holandeses y levantado en armas contra el rajá de Sarawak. El personaje nacido de la imaginación de Emilio Salgari tenía el valor y la fuerza de un tigre, y como un tigre era al mismo tiempo un ser noble y salvaje. Pienso ahora que Salgari, que nunca conoció un pirata y mucho menos la isla de Borneo, posiblemente imaginó primero un tigre y con esa materia moldeó luego a su héroe.
Hay otros tigres literarios, tan reales como los otros porque no son un solo tigre sino todos los tigres. Está aquel del poema de Borges, hecho de símbolos y sombras, el de William Blake, de ojos de fuego y terrible simetría, y está Shere Khan, el animal imponente que acecha a Mowgli en los cuentos de la selva. La literatura y la imaginación humana les dieron muchas formas a los tigres. También la mitología y la astrología. El tigre es uno de los animales del zodíaco chino. Representa la fuerza y el poder. Y en los países asiáticos es alternativamente rey entre las bestias salvajes, símbolo de la guerra, objeto de culto y demonio. Lo ha sido por miles de años. Cuesta ahora imaginar que algún día, quizá no muy lejano, los tigres puedan dejar de existir, al menos en estado salvaje, que es como debe existir un tigre para ser tigre. Cuesta imaginar un mundo sin tigres, y cuesta no pensar que algo está decididamente mal en el mundo si ya no hay lugar para ellos.
Y sin embargo puede pasar que desaparezcan. Lo advirtieron pocos días atrás líderes políticos, científicos y conservacionistas reunidos en Rusia para llamar la atención sobre una drástica caída en la población de tigres en estado salvaje y buscar formas de evitar su extinción. Quedarían 3200 ejemplares libres, si las estimaciones son correctas. Un siglo atrás 100.000 tigres deambulaban por Oriente, en las selvas de Malasia, en la India y Bután; en Vietnam y los bosques de Siberia? Algunas subespecies ya desaparecieron: el tigre del Caspio, el tigre de Java y el tigre de Bali. Otras seis corren ahora el riesgo de seguir el mismo destino si no se hace algo para evitarlo.
Se puede argumentar que el comportamiento de los tigres no ayuda: son solitarios y territoriales en un mundo donde el espacio es limitado y el hombre es un predador cada vez más numeroso. Y su belleza es al mismo tiempo una condena: su piel -su terrible simetría- alimenta un mercado negro sumamente lucrativo. En la lucha por el espacio pierde el tigre, y también pierde en la lucha contra la caza ilegal. Pero si un día desaparecen los tigres, en la lucha que libramos los hombres por la conservación del planeta quizá la derrota mayor sea la nuestra. Algo más que la supervivencia de una especie está en juego y algo más que el tigre habrá desaparecido si finalmente perdemos al animal y al símbolo.
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