El vuelo de El Tábano

Adelantamos aquí fragmentos de El Tábano (Sudamericana), la biografía de Alvaro Abós sobre el creador de Crítica
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2 de diciembre de 2001  

El triunfo popular del diario Crítica fue el fruto de una demorada paciencia. Habitualmente se lo asocia con los éxitos que jalonaron su época dorada pero suele olvidarse, en cambio, que el diario fundado por Natalio Botana tuvo un desvaído comienzo. En aquella primitiva Crítica , sin embargo, ya estaban algunos de los que serían sus rasgos característicos a partir de los años veinte. Por ejemplo, había un lenguaje periodístico vivaz, sátira de la realidad, protagonismo del dibujo y la caricatura, importancia de temas referidos al espectáculo, y en especial al teatro y el deporte (comenzaba éste a ser una afición masiva), y uso de jergas populares, de los infinitos matices de las neoparlas callejeras propias de la ensalada de nacionalidades confluyentes en la ciudad, que incluían el lunfardo o lenguaje proveniente de los bajos fondos. Pero, todos esos elementos necesitaban un desarrollo más completo para cuajar en una fórmula periodística propia, así como requerían que la sociedad argentina completara un proceso de transformación que Botana había intuido en sus comienzos. Recién durante la década del veinte esos cambios llevarían a los lectores argentinos a demandar un producto periodístico como Crítica .

Aquella inicial Crítica tenía seis columnas y ocho páginas. La primera se abría con el logotipo en cursiva, que aún no había incorporado a su fondo el perfil de una ciudad ni tampoco el dibujo de un tábano. A la izquierda, y bajo un título que apuntaba más al ingenio que al despliegue tipográfico, se publicaba un dibujo de Pedro de Rojas; excepcionalmente era de otro dibujante. Este gran artista español dominaba varias cuerdas: normalmente su dibujo era una caricatura sobre la política nacional. A veces era un dibujo realista, aunque Rojas, a partir de 1914, reservaba esta cuerda para su ilustración de la guerra mundial que iba páginas interiores, ocupando media página. Debajo del dibujo de Rojas, en la primera página, iba un "suelto", es decir un artículo breve, que glosaba un personaje o situación de la actualidad política. Quienes más tarde escribieron testimonios sobre Crítica estuvieron de acuerdo en que Rojas era un auténtico editorialista gráfico. Tan poderosa era la fuerza del dibujo que el "suelto" a veces dialogaba con él, comentando las iluminaciones que la ilustración arrojaba sobre la realidad. En ocasiones los diagramadores de esa primera página rompían la linealidad mediante una ilustración que llegaba a ocupar dos tercios de la plana, solución que sigue siendo audaz. Cuando algún acontecimiento importante lo requería, el diario le entregaba todo el espacio de su primera plana. Por ejemplo el martes 20 de octubre de 1914, cuando murió el general Julio Argentino Roca.

La primera página de Crítica en sus inicios se completaba con otros dos o tres sueltos. En las dos columnas de la derecha bajo la rúbrica "Guerra Mundial", iba otra ilustración y, debajo, información bélica.

Entre 1914 y 1916 el diario dedicó decenas de "sueltos" al presidente Victorino de la Plaza, a sus ministros y, en menor medida, a otros políticos de la actualidad, entre ellos a Hipólito Yrigoyen, que ya se perfilaba como el hombre del mañana. El juego parlamentario, en el que los políticos conservadores confrontaban con legisladores radicales y socialistas, constituía un teatro vivaz en el que comparecían los dramatis personae de la política argentina. La pieza breve que abría Crítica era punzante, y su lenguaje barroco no sólo carecía de toda pretensión informativa, sino que solía contener no pocas referencias cultas ¿Escribía Botana este suelto de la primera plana? Una pieza representativa del estilo que caracterizó al diario en esa primera época fue la titulada "El caso Palacios-Manacorda", publicada el domingo 11 de julio de 1915, en ocasión del congreso en el que el Partido Socialista expulsó a Alfredo Palacios por batirse a duelo, lo que estaba expresamente prohibido en los estatutos del partido fundado por Juan B. Justo. Carlos Manacorda fue el delegado que en ese congreso, realizado en el Salón Verdi de La Boca, fundamentó la grave medida sancionatoria contra quien había sido el primer socialista en llegar al Parlamento.

"El caso Palacios-Manacorda

Conciso y sustancioso como una síntesis. Grave y rítmico como una nota de violoncello. Es un nombre de música, pero resulta el de un convencional. Un hombre que se llama Manacorda parece orientado lógicamente hacia la dirección de una orquesta. Pero Manacorda sabe superar el determinismo de su propio patronímico. Esquiva el atril y trepa hasta el estrado. Collot d`Herbois fue un cómico y votó la muerte de un rey. Manacorda es implacable. Como los dioses, tiene sed de justicia y aspira a abrevar su sed de sangre. Manacorda no teme ni tiembla. Obedece al dogma aun cuando el dogma sea terrible. Para salvar al Partido en pleno, arrojaría sus propios niños en las fauces sanguinolentas de Moloch. Se los devoraría él mismo. Manacorda es la espada de la justicia. Algo más formidable todavía: la cuchilla de la guillotina. Hay que hablar de Manacorda en lenguaje victorhuguesco. Manacorda es sombrío, lúgubre, siniestro: una pistola en un estuche de flauta. Por arriba de Manacorda están los principios; bajo él, la muerte. Manacorda votaría sin pestañear el aniquilamiento del último conserje de los Girondinos y, en seguida, rompería de un pistoletazo la mandíbula de Maximiliano el Incorruptible. (¿Será capaz de hacer esas cosas el compañero Manacorda?) Manacorda, como todos los predestinados, apareció para cumplir sus destinos. Se dice que Manacorda arribó desde Puán; engañosa falacia. Los Manacorda, como los Harmodía, llegan siempre desde el fondo de la historia. Son alumbrados por la entraña nebulosa (¿hemos dicho nebulosa entraña?) de las muchedumbres. Cumplida su misión, los Manacorda se van. Brillan momentáneos. Como el cárdeno fulgor de una centella, matan y se van. Manacorda se ha ido."

Así es como el propio Botana, en 1939, veía aquella Crítica: juvenil, un poco irreverente, saturada de intención ética. En sus primeras planas flotaba la ironía volteriana e iconoclasta.

De Botana periodista, Petit de Murat recuerda "la intuición excepcional... los instantes de decisión instantánea, precisa" aunque más adelante lo perfila como; "hombre de reflexión. Y de asimilación". ¿Fue intuición o reflexión el giro que llevó a Botana a reconstituir su producto periodístico poniéndolo en la senda del reconocimiento popular?

Habíamos dejado al nuevo vespertino en momentos en que aparecía su número inaugural, el 15 de septiembre de 1913, con una tirada de 5.000 ejemplares que se agotaron debido a la curiosidad que suele despertar un medio nuevo. Entre 1913 y 1920 Crítica era un diario ligado a un proyecto político. "Apostó –señala Sylvia Saitta– a convertirse en un diario de opinión política y de denuncia constante de las maniobras de políticos y periódicos, pero (...) descuidó la primicia informativa".

Durante aquellos primeros años, Botana creyó en la consolidación de un neoconservadurismo que renovase la larga hegemonía de la elite gobernante y, bajo el marco legal de la Ley Sáenz Peña, cortase el camino al emergente radicalismo. Ese proyecto se correspondía con el engendro impulsado por Marcelino Ugarte: los Partidos Unidos.

El intento ugartista se saldó con un neto fracaso, al ser incapaz de articular, en las elecciones presidenciales de 1916, un frente antiyrigoyenista. La hipoteca que a la postre significó su alineamiento con el proyecto conservador, y en especial con la figura de Marcelino Ugarte, no le permitió a Botana consolidar los picos de éxito popular conseguidos mediante ediciones especiales sobre la Primera Guerra Mundial. El revés de Ugarte no impidió que Botana apoyara luego a otros políticos y continuara buscando horizontes para su diario. De hecho, esa primera Crítica se erigió en un diario de monotemática oposición a la UCR.

A partir del verano europeo de 1914 Crítica informó copiosamente sobre la guerra mundial desencadenada por el atentado de Sarajevo, en el que un nacionalista serbio mató al archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio austro-húngaro. Toda la prensa porteña dedicó amplio espacio a los sucesos bélicos pero Crítica lo hizo con particular amplitud. Botana tomó posición a favor de los aliados con una energía que reprodujo durante la Segunda Guerra Mundial. Y ese neto perfil antigermanista le redituó al diario sus primeros éxitos: tiradas de 140.000 ejemplares al producirse la ofensiva final aliada (1918).

Desde que el 26 de julio de 1914 se supo en Buenos Aires que el imperio había declarado la guerra al reino de Serbia, y a lo largo de todo el conflicto, Crítica informó puntualmente sobre los hechos bélicos, a veces mediante ediciones especiales. Botana siguió paso a paso el dominó europeo: lo que en un primer momento pareció un incidente más del laberinto de la Europa central, pronto hizo realidad la profecía de Bismarck, el viejo canciller prusiano, quien a fines del siglo XIX había predicho que la próxima guerra grande estallaría en el polvorín balcánico. Alemania y Austria, de un lado, y Rusia, Francia y Gran Bretaña del otro, se enzarzaron en un conflicto al que se fueron sumando Italia, Japón, Turquía y los Estados Unidos.

En la opinión pública argentina la contienda había provocado conmoción. No sólo porque estaba en juego el destino del mundo sino porque las colectividades europeas en nuestro medio eran numerosas y seguían muy vinculadas a sus patrias de origen. Natalio Botana debía afrontar un desafío: diferenciar a su diario del resto de la prensa argentina que, con más medios materiales y más penetración en el público, compartía el credo aliado y bregaba para que el gobierno rompiera la neutralidad. Botana, al frente de un diario que atravesaba penurias económicas, extremó su posición antigermana y en materia periodística apeló a la imaginación, al mismo tiempo que trataba de instalar los acontecimientos mundiales en un contexto local. Botana, como para que nadie tuviera dudas de su postura, la reiteró una y otra vez: Ni un solo momento hemos vacilado en la elección del puesto de combate: de este lado estaba la Francia y las naciones coaligadas cobijando bajo sus banderas a la democracia universal: el arte, la belleza, la ciencia, el derecho, todo el tesoro sagrado de los siglos; del otro lado estaba el imperialismo, la insolencia militarista, las artes de imitación, la industria falsificada, el comercio venal, la barbarie de toda la Alemania, en fin, con el Kaiser loco a su frente...

Las noticias sobre la guerra ocuparon de manera invariable las primeras planas del diario, pero, debido a su escasez de medios, Crítica no podía ofrecer materiales originales. La Nación contaba en Europa con un enviado especial, nada menos que Roberto J. Payró, quien, radicado en Bélgica, publicaba su "Diario de un testigo", crónicas que a veces despachaba cerca del mismo campo de batalla. Por su parte, la revista Fray Mocho destacó al frente alemán oriental a otro escritor muy popular, Juan José de Soiza Reilly, quien trazaba perfiles de los principales jefes militares. Caras y Caretas se especializaba en presentar excelente material fotográfico sobre los armamentos novedosos: carros de combate, tanques, acorazados, aviones y otras maravillas bélicas que fascinaban a muchos argentinos que arrebataban de los quioscos las bien impresas páginas de la revista.

Imposibilitado de competir con esos despliegues periodísticos, Botana optó por el combate franco contra quienes, en nuestro país, defendían a las potencias centrales. Por ejemplo, un diario de la colectividad española, La Gaceta de España , pero sobre todo el diario más agresivamente germanófilo, La Unión , fundado por Hermann Tjarks, y subsidiado por el Deutsche La Plata Zeitung . Crítica reservó una sección diaria, en su primera página, para contestar cada afirmación de La Unión: Vamos a rebatir, ¡qué diablos!, a la oscura Kultura teutónica. Y en largas tenidas, haremos que nuestra ciencia triunfe de la ciencia alemana .

Botana sacó de la galera otro recurso periodístico "barato": publicaba números extra en inglés, mientras que algunas secciones del diario estaban redactadas en ese idioma y en francés. Un álbum con información sintetizada sobre la evolución del conflicto acompañó las ediciones del diario en abril de 1915: típico trabajo de "parrilla" que los redactores confeccionaban con material de archivo. También publicaba denuncias sobre capitales alemanes y empresas de ese origen. Botana ofrecía al público listas negras del capital germánico "para que la legación británica pueda realizar su encomiable labor, teniendo en nosotros una colaboración que creemos eficaz". En octubre de 1914 comenzó a publicarse un folletín titulado "Secretos de la Corte Imperial Alemana", presentado como "un libro prohibido en Berlín". No se consignaba el autor.

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