
En busca de voces perdidas
Por Anne Eisenberg The New York Times
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NUEVA YORK
Las voces del pasado pueden volver a sonar gracias a la alta tecnología de audio. En la Universidad de Syracuse (Nueva York) están desarrollando un aparato con láser capaz de reproducir algunas de las grabaciones más antiguas del mundo, pertenecientes a su rica colección. Datan de 1885 y los investigadores no las han escuchado en su totalidad por temor a que las púas de los fonógrafos dañen las frágiles superficies de los cilindros de cera y celuloide. El láser, al utilizar una fuente de luz débil pero concentrada, es un medio más suave de extraer el sonido y permite su grabación ulterior en casete o en forma digital.
La colección incluye, entre otras joyas, arias por Enrico Caruso, marchas patrióticas, discursos políticos y la voz del papa León XIII, nacido en 1810. También hay números de vodevil que documentan un humor cruel y deslenguado a costa de los inmigrantes. Uno de los cilindros por escuchar sería una rareza: la etiqueta dice que lo grabó Adelina Patti en 1895, en la plenitud de sus dotes vocales.
Rescate del pasado
El Instituto de Servicios a Museos y Bibliotecas donó unos 158.000 dólares para financiar el desarrollo del prototipo de reproductor con láser. El proyecto consiste en regrabar estos sonidos, sin dañar los cilindros, y acercarlos a un público más vasto.
Los cilindros de cera fueron populares en la década de 1890. La gente formaba pequeños corros y se ponía una especie de estetoscopios conectados a los primitivos fonógrafos tragamonedas. La Universidad de Syracuse posee 22.000 cilindros en su Laboratorio y Archivo de Audio Belfer. Según su curadora, Susan T. Stinson, es "la mayor colección conocida, fuera de la Biblioteca del Congreso".
Los cilindros permiten una aproximación a la vida cotidiana a fines del siglo XIX. "La colección es, en parte, un catálogo de estereotipos de italianos, irlandeses, alemanes, negros, judíos y mujeres, con escenas cómicas y canciones populares, socialmente inaceptables hoy día, que la gente llevaba a su hogar como algo natural", explica Stinson.
El doctor William A. Penn, profesor adjunto de ingeniería eléctrica e informática de la misma universidad, dirige el diseño y armado del prototipo. Es un trabajo a su medida, por tratarse de registros que se hacían hablando o cantando frente a una bocina acústica, sin filtro alguno. Muchos cilindros se han encogido y sus surcos se han ondulado. El rayo láser tendrá que buscar el fondo de los surcos y no salir de él, cosa nada fácil. Para peor, los surcos están muy sucios y los cilindros se grabaron a distintas velocidades.
En su estado actual, el prototipo ocupa una mesa de uno veinte por dos cuarenta; Penn quiere reducirlo para que por lo menos pueda pasar por el vano de una puerta. Para leer un cilindro, el rayo láser de helio y neón sigue los altibajos del surco que alteran la frecuencia; el aparato detecta estas pequeñas fluctuaciones de frecuencia y, de este modo, reproduce los sonidos.
Jay Allison, coproductor ejecutivo de Sonidos perdidos y encontrados , una recorrida de un año por los sonidos del siglo XX que difunde la National Public Radio, comenta la supervivencia de muchos registros antiguos. Cuando el público empezó a enviar grabaciones a su programa, descubrió que abrían una evocadora ventana en el tiempo. "La mayoría de nuestros contactos con el pasado son imágenes visuales; por muy vívidas que sean, el sonido es más potente", afirma.
Maravillas escondidas
Allen Koenigsberg, ávido coleccionista de grabaciones antiguas (tiene unos 6000 cilindros), opina: "Me complace que el nuevo milenio rinda tributo a lo descubierto en los últimos siglos del milenio anterior. Ahora que tienen los fondos para desarrollar el láser, otras personas escucharán estas maravillas, quizás en discos compactos". Profesor de estudios clásicos en el Brooklyn College, Koenigsberg publicó años atrás una historia de las grabaciones en cilindros hechas por Edison entre 1889 y 1912.
Edison y sus competidores de la Columbia Phonograph Company obtuvieron un éxito inesperado con los cilindros de cera. Pensaban destinarlos al dictado, y no a la música. "Amasaron una fortuna vendiendo unos dos millones de cilindros por mes -cuenta Koenigsberg- pero, por su forma, desperdiciaban mucho espacio. A la larga, los reemplazaron por discos chatos y gramófonos de resorte, más baratos; su precio, entre 20 y 25 dólares, los popularizó en los hogares."
Los funcionarios de la Universidad de Syracuse se preguntan qué revelarán muchos de sus cilindros. Por ejemplo, la supuesta grabación de la Patti, guardada en un estuche con esta nota manuscrita: "Adelina Patti, 1895". "Que se sepa, ella no grabó cilindros comerciales. Es muy posible que sea la única hecha en el apogeo de su canto", señala el historiador John Harvith, administrador de la universidad y coautor, hace años, de un libro sobre Edison, los músicos y el fonógrafo.
La universidad pondrá en manos de la ciencia la verificación definitiva. Una vez que el cilindro haya sido escuchado con el láser, el Departamento de Física analizará las ondas sonoras comparándolas con las grabaciones de la Patti en 1905-1906, ya sexagenaria, en discos de 78 rpm.
© La Nación (Traducción de Zoraida J. Valcárcel)





