
En el debe y el haber oficial
Comenzaron en Buenos Aires el bacheo y la repavimentación, una deuda que el jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, tenía con sus vecinos desde que hace un año la crisis social y política se agudizó y, se dijo, no había más dinero para obras públicas. Hoy hay anuncios diarios de los cortes de calles programados para evitar embotellamientos y enojos.
De esta manera, Ibarra comenzó a cumplir con una vieja promesa, cuando Buenos Aires se iba convirtiendo definitiva y peligrosamente en una ciudad bombardeada, además de sucia, estado que el jefe de gobierno cree que va a subsanar en parte cuando los cartoneros circulen con identificación. Por ejemplo, del el 23 al 25 último, según información oficial, hubo 33 cortes de calles para que Autopistas Urbanas Sociedad Anónima (AUSA) hiciera sus trabajos.
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Sin embargo, cuando se camina por ciertos barrios porteños y se tropieza con restos del asfalto o se esquiva un agujero en la vereda es inevitable preguntarse si Ibarra sentirá lo que Jorge Luis Borges describió en el poema "El amenazado", cuando afirmó: Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar .
Miremos el Sur, por ejemplo: San Telmo, La Boca. Barracas. Barrios de turistas, de ferias, de clowns y de émulos de Gardel, que conviven con baches, asfalto destrozado y arreglos que no parecen tan bien hechos. La misma situación se percibe en determinados sectores de Barrio Norte.
No ocurre lo mismo con el microcentro, donde la administración de Ibarra se hizo presente con máquinas y personal para dejar las pequeñas calles transitables. En rigor, no es lo único que Ibarra cumplió en este año en el que estuvo jaqueado por las críticas. Por ejemplo, contribuyó al no vetar leyes y a enviar otras a la Legislatura que dieron más participación a los vecinos y subsanaron algunas graves deficiencias urbanas, entre ellas, el control de ascensores que se instrumentó desde el Ejecutivo. Se trata de que los propietarios, además de ver esas firmas que aparecen de mañana y casi milagrosamente dentro del cubículo diciendo que "alguien" pasó y "vio" el elevador, ahora diga cuál es el diagnóstico. Habrá obleas rojas, verdes y amarillas que explicarán en qué estado queda el ascensor supervisado.
Y si de edificios hablamos, desde el Ejecutivo se aseguró que Ibarra no vetará la nueva ley de consorcios, por la cual los vecinos podrán buscar y contratar a una persona o empresa que estén inscriptos en un registro en el que se sabrá quién es quién. Y tampoco lo hará en la norma que alteró el Código de Planeamiento Urbano para que los discapacitados tengan mayor accesibilidad.
Pero hay deficiencias. Los vendedores ambulantes, por ejemplo, que son día tras día desalojados de Retiro, de Once o de Florida y que, también diariamente, producen el milagro de la resurrección: vuelven, están en el mismo lugar como si nada hubiera ocurrido.






