
Enseñanzas del Día del Perdón
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Por un misterio que no podemos develar, hemos sido creados o arrojados al mundo con libertad, y cada ser humano, dentro de las circunstancias que le toca vivir, va ejerciendo su experiencia vital como puede, con sus alegrías y tristezas, con sus satisfacciones y desilusiones. El ser humano tiene también una fuerte tendencia al egoísmo y a la mezquindad, que a veces desemboca en la miseria o en conflictos. En el transcurso de la vida se van generando situaciones negativas que nos cargan de enojos y resentimientos, o de remordimientos y culpas, depende de lo que hayamos sufrido o hayamos hecho. Para superar toda esta negatividad, la tradición judía inventó el Día del Perdón.
La idea central del Día del Perdón está anunciada en la primera frase del texto bíblico: "En el comienzo", que, según una tradición interpretativa, el poder volver a comenzar es un principio fundamental de la vida de todas las personas. El año es un ciclo que se repite, y año tras año tenemos la posibilidad de superar nuestras frustraciones y desilusiones, para volver a comenzar encarando el futuro con esperanza y proyectos. El Día del Perdón es la llave de este cambio. Como dice la tradición judía: Teshuva, que quiere decir retornar al camino de la buena vida; y eso depende fundamentalmente de nosotros. Es un día de introspección en el que cada persona revé sus acciones pasadas y reflexiona lo más honestamente que puede sobre lo actuado, con el fin de poder cambiar de actitud y abrirse el camino para ingresar al nuevo año con un espíritu libre de las cargas negativas del pasado.
El Día del Perdón también está fuertemente asociado a la reparación. Cuando hemos perjudicado o lastimado a otro, sea por egoísmo o involuntariamente, en primer lugar, debemos cobrar conciencia de que hemos hecho algo que está mal y, en segundo lugar, tenemos que reparar el daño que hemos causado. El pedido de perdón que no va acompañado de una reparación concreta es una palabra hueca. Pero ¿qué puede hacer cada uno de nosotros con las malas experiencias que nos han sido propiciadas por terceros? En la tradición judía, cuando no hay posibilidad de reparar porque no depende de uno, más que hablar de perdonar, se habla de la memoria.
En general, en el Antiguo Testamento se recuerda todo aquello que nos ayuda a proyectarnos hacia adelante y, en cambio, todo aquello que nos deja en aguas estancadas debe digerirse y dejarse pasar. La mujer de Lot no pudo olvidar su vida pasada en Sodoma y quedó muerta en vida. No recordar nada sería una desgracia, no sabríamos quiénes somos ni hacia dónde vamos. Por otro lado, no olvidarse de nada sería agobiante. Qué recordar y qué olvidar forma parte del acervo de la sabiduría de cada persona.
En la tradición judía, el tema del perdón y la memoria está fuertemente ligado a la justicia. La Biblia es la historia de un pueblo al que Dios le pide que sea "una nación de santos" y que "persiga justicia y justicia", y este pedido es trasladado a la humanidad entera. El principio fundamental que rige este pedido de justicia es el mismo que para las personas particulares: "que escojan la vida" y acuerden convivir dentro de un marco de justicia "para que puedas vivir tú y tu descendencia", ya que sin ley y sin justicia no hay sociedad que garantice la vida.
El Antiguo Testamento es la narración de la vida de un pueblo, de lo que hizo y lo que no hizo, y de las consecuencias de los actos que realizó. En general, en el texto bíblico, si uno hace las cosas bien, a la larga es recompensado, bendecido en el lenguaje bíblico; como en el caso de Job, que soportó una dura prueba. Pero si persisten en actitudes autodestructivas, como la gente de Sodoma y Gomorra, se corre el riesgo de desaparecer. Un caso clásico, que se lee todos los años en el Día del Perdón, es la historia de Jonás, que va a la cuidad de Nínive y les profetiza a sus habitantes que si persisten en sus actitudes negativas van a ir a su destrucción. El pueblo de Nínive escucha y se arrepiente, cambia su modo de proceder y se salva. En el texto bíblico hay una cierta proporción entre lo que uno hace y lo que uno recibe, porque rota esta proporción, se desarticula un principio básico de la experiencia humana y se destruye todo el tejido social. Si, por ejemplo, uno roba y no paga las consecuencias, si no hay justicia, ¿qué futuro nos espera?
En la tradición judía se recuerdan aquellos acontecimientos que han sido significativos en su historia: se recuerda la esclavitud y la salida a la libertad, se recuerda el día que se entregaron las tablas de la ley y el Día del Holocausto. También año tras año la historia de Nínive nos enseña que todos los pueblos tienen la posibilidad de reparación y reconciliación. Por ejemplo, cuando rememoramos el Día de la Independencia en la Argentina, deberíamos rememorar el hecho de que nuestro pueblo pudo y puede encarar sus desafíos presentes y hacerse cargo de su propio destino. Debería habilitar una honesta reflexión sobre lo que los argentinos tienen que acordar y cambiar para que puedan salir de los conflictos del pasado y volver a tener un futuro. Y cuando rememoramos el Día del Holocausto, o el día del golpe militar de 1976, lo hacemos para prevenirnos de no volver a caer nunca más en un nivel tan bajo de humanidad.
Licenciado en Economía
Roger Calles





