
Entre el fútbol y el nirvana
Por Leslie Camhie The New York Times
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NUEVA YORK.- En un remoto monasterio de Bután, los jóvenes monjes tibetanos aguardan febrilmente... la Copa del Mundo. Los muros están cubiertos de grafitos alusivos. Durante la meditación matinal, se pasan papelitos con comentarios. Todo esto aparece en The Cup ("La Copa"), film estrenado días atrás que marca el debut de Khyentse Norbu, un alto lama de treinta y ocho años, como el primer director butaní de largometrajes. Los actores son monjes del monasterio Chokling y el guión se basa en hechos reales. "Entre los monjes jóvenes los hay tan fanáticos por el fútbol que se reúnen a orar por el triunfo de un equipo. No lo incluí en el film, porque nadie lo habría creído", recuerda Norbu.
Budistas tan estrictos, imbuidos del concepto de la disolución del yo, ¿cómo pudieron adoptar una cultura deportiva que valora la agresión y la victoria? Un pueblo desposeído de su patria, ¿cómo pudo caer en el frenesí nacionalista de un campeonato? The Cup no propone respuestas simples, pero presenta una visión del budismo tibetano llena de humor y calidez humana. Norbu ha volcado aquí todo su amor y conocimiento de la cultura a la que pertenece.
Narra la historia de un novicio joven y audaz que intenta organizar una reunión para mirar por televisión la final de la Copa del Mundo. Tiene que habérselas con el severo geko (censor) del monasterio y atraer la atención del venerable khanpo (abad). Uno de los personajes más sorprendentes es un viejo lama, famoso por sus oráculos y su negativa a bañarse.
Sabiduría de loco
Entrevistamos a Norbu en la Donald & Shelley Rubin Foundation, una entidad para la preservación del arte del Himalaya. Viste su hábito color azafrán. Nos explica por qué creyó necesario incluir al viejo lama: "En el budismo hablamos de elegancia y extravagancia. Siempre deben ir combinadas. Si uno es demasiado elegante, se convierte en esclavo de la sociedad. Si es demasiado extravagante, no puede encajar en ella. Los norteamericanos creen, no sé por qué, que los monjes tibetanos son unas criaturas exóticas, devotas, purísimas. Falta esa sabiduría de loco que encarna el viejo lama. Es un gran maestro que, a veces, desaparece y lo encuentran jugando a los dados en la taberna del pueblo".
Olvidamos fácilmente que Norbu es una figura religiosa venerada, más conocido como Su Eminencia Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoche. Nació o, según la creencia budista, retornó a la vida, en 1961, hijo de un tibetano y una butaní. A los siete años, los tibetanos reconocieron en él la reencarnación de un santo y reformista religioso del siglo XIX. De ahí en más, lo criaron en varios monasterios.
La primera vez que vio un film fue a los diecinueve años, en un televisor pequeño, mientras esperaba un tren en la India. Más tarde, en Londres, donde estudiaba y enseñaba filosofía budista, asistió a proyecciones privadas. Allí descubrió la obra de Ozu, Ray y Tarkovsky. "Hasta entonces, suponía que las películas debían tener mujeres bonitas, hombres apuestos y choques de autos -confiesa-. Pero, al ver esos films sobre la sencilla vida pueblerina, pensé que yo también podía hacer eso."
Esta convicción adquirió tal fuerza, que cuando Bertolucci lo invitó a asesorarlo en el rodaje de Pequeño Buda , Norbu abandonó sus estudios. Bertolucci explica así su elección: "Me fascinó su inteligencia tan especial, su amor por la paradoja. El último día de filmación, lo vi un poco triste y le pregunté por qué. Me respondió que después de tanto trajín, debía regresar a su monasterio en Bután y hacer cinco meses de retiro y meditación, en soledad y silencio absolutos. Comentó que había llegado el tiempo del renunciamiento. E insinuó, sonriente, si el renunciamiento supremo no sería renunciar al renunciamiento".
Técnica adivinatoria
Norbu se lanzó a dirigir su primer largometraje sin otra formación que su experiencia en Pequeño Buda , un curso de tres semanas en la Academia Cinematográfica de Nueva York y lo que había aprendido dirigiendo dos videofilms cortos. La mayoría de las decisiones, desde la elección del reparto hasta la ubicación de las cámaras, las tomó recurriendo al mo , la antigua técnica adivinatoria del budismo tibetano. Eligió el tema fundándose en razones prácticas: "El equipo de filmación podía dormir en el monasterio. Tal vez me haya aprovechado de mi posición de alto lama".
El productor británico Jeremy Thomas, que lo conocía desde su trabajo en Pequeño Buda , lo ayudó a arreglar la financiación (650.000 dólares) con Palm Pictures, de Nueva York. Hooman Madj, ex miembro de Palm, y Thomas fueron sus productores ejecutivos. Rodar en el Himalaya, con un presupuesto bajo, es un verdadero desafío: "El lugar más cercano donde alquilan cámaras baratas es Australia. Hay que trasladar el equipo en avión; luego, son siete días de viaje por tierra", advierte Norbu.
Marie-Pierre Macia seleccionó The Cup para participar en Cannes de la Quincena de los Cineastas, que ella dirige. "Los films sobre monjes tibetanos que conocía eran proselitistas o exóticos. Éste era completamente distinto. Hablaba de sus tradiciones, pero también era una extraordinaria lección de cine y de vida", declara.
Norbu es dolorosamente consciente de los compromisos que enfrenta: "Quiero contar una historia al estilo butaní, como hacen con lo suyo los iraníes, pero ellos tienen una industria cinematográfica subsidiada por el gobierno y en Bután esa industria ni siquiera existe. Esta dependencia del dinero occidental puede desalentarnos mucho".
Aun así, ambiciona dirigir un film basado en la vida de Buda. "Quizá sea un sueño irrealizable, ¡pero el cine es un lenguaje tan fuerte! Mire estas pinturas antiguas -dice, señalando las paredes cubiertas de magníficas thangkas , pinturas con imágenes de santos y demonios budistas-. No veo diferencia alguna entre pintar una thangka y rodar un film. Sólo difieren la época y el medio."
Traducción de Zoraida J. Valcárcel






