
Errores y lecciones de Yacyretá
Por Mario del Carril Para La Nación
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YACYRETA, la represa hidroeléctrica comenzada hace veintiún años y todavía inconclusa, quizá sea un monumento a la corrupción, a la ineptitud de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y a la incompetencia de los organismos internacionales de desarrollo. Pero no hay que perder de vista que Yacyretá, si se termina, es una gran oportunidad para empezar a mejorar la vida de familias que viven en zonas periódicamente inundadas por el río Paraná y para generar electricidad necesaria para el desarrollo de la región y el país.
Empecemos por los hechos. La represa hidroeléctrica de Yacyretá corta el río Paraná aproximadamente 80 kilómetros aguas abajo de las ciudades de Posadas, en Misiones, y Encarnación, en Paraguay. Las obras de ingeniería civil y electromecánica de la represa fueron terminadas en el 98,8 por ciento en 1997. Ya están instaladas las 20 turbinas Kaplan de 155 megavatios, que en conjunto, según la EBY, pueden generar 3200 megavatios de energía eléctrica funcionando a plena capacidad. Esta producción equivale al 40 por ciento de la energía suministrada por la red nacional de energía eléctrica del país, y permitiría a la entidad vender suficiente energía para amortizar su deuda en un período razonable.
Interrogantes sin respuesta
Lo lógico sería hacer todo lo posible para que la represa funcionara a plena capacidad. Pero esto no se puede hacer sin elevar las aguas de su embalse a 83 metros sobre el nivel del mar. A esa altura se duplicaría la superficie del embalse formando un lago artificial de 107 mil hectáreas que inundaría zonas donde viven miles de familias. ¿Por qué no se hicieron los trabajos necesarios para proteger el bienestar de estas familias antes de que llegase el momento de elevar el embalse de Yacyretá a la altura prevista de 83 metros para usar eficazmente las turbinas que fueron instaladas en la represa?
Se aventuran varias explicaciones. La más sencilla se resume en un comentario del entonces presidente Carlos Menem cuando dijo al inicio de su presidencia que Yacyretá era un "monumento a la corrupción". Pero sin el respaldo de investigaciones sobre hechos de corrupción relevantes la cita no explica nada.
Por su parte, funcionarios del Banco Mundial han comenzado a insistir en criticar la gestión de la EBY. Dicen que la entidad fue constituida por funcionarios argentinos y paraguayos en forma simétrica y redundante y por eso se demoran decisiones importantes. Pero esto no puede ser una novedad para el Banco después de más de veinte años de colaborar estrechamente con la EBY, supervisando su manejo de sumas multimillonarias. Puede ser que una reforma de la entidad sea útil. Pero no es una explicación satisfactoria del fracaso del proyecto, o si lo es, ¿por qué se dejó pasar tanto tiempo?
Para otros, por ejemplo, el Panel de Inspección del Banco Mundial, un organismo semiautónomo de esa institución, el impedimento mayor para implementar el proyecto es su diseño. En un informe de septiembre de 1997, el Panel destaca el "desequilibrio que se desarrolló, y persiste hasta el día de hoy, entre la terminación de la obra civil y electromecánica y la terminación de los trabajos complementarios, que incluyen los planes de protección del medio ambiente y reasentamiento".
(La expresión complementarios para referirse a los trabajos que se realizan para resguardar el bienestar de las personas afectadas por la represa refleja una interpretación de la naturaleza del proyecto que es importante tomar en cuenta y, como se verá, hace a la esencia de sus dificultades de implementación.)
Según el Panel, el dinero fue previsto para realizar las obras civiles y comprar e instalar la maquinaria, y no se pensó en detalles como el modo en que se iba a financiar la protección del medio ambiente y los reasentamientos necesarios para poder usar las turbinas que se instalaron. Así, cuando la represa, vista como el componente básico del proyecto, estaba lista para funcionar, aún quedaban familias desprotegidas y parte del medio ambiente sin resguardar.
El desequilibrio entre los componentes del proyecto se había agravado en 1995 por una causa extrínseca al proyecto: el coletazo de la crisis financiera de México, que llevó al gobierno argentino a anunciar que no tenía dinero para financiar las obras "complementarias", y entonces se pensó que todo se arreglaría con la privatización. Este hecho requería un consenso político en la Argentina y Paraguay que no existía, y cambiar legislación y tratados internacionales, cosa que era difícil o imposible hacer.
Es importante destacar que el desequilibrio no se produjo por fallas profesionales de los ingenieros civiles, ambientalistas, especialistas en reasentamientos, ecólogos o urbanistas que supervisaron las distintas fases del proyecto para los organismos internacionales. Pero una mejor y más oportuna coordinación de las distintas perspectivas de estos especialistas hubiera ayudado a evitar algunos problemas.
En la disyuntiva
El resultado de estos desaciertos está la vista: un ambicioso proyecto con un componente básico que es una obra de ingeniería electromecánica excelentemente realizada y otro componente "complementario" con buenos planes ambientales y sociales, alguno premiado, muchos sin realizar todavía y con la deprimente sensación, que se suele expresar en la comunidad internacional interesada en el proyecto, de que estos componentes no se pueden compaginar, por lo menos no en la Argentina y Paraguay.
El actual edificio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, en la avenida Las Heras, fue diseñado en el estilo gótico con torres que nunca se pudieron edificar. Sin embargo, todo el edificio es habitable y se usa. Yacyretá es un caso distinto. El proyecto ha costado más de 8500 millones de dólares, hoy sólo se puede usar un poco más de dos tercios de su capacidad de producir energía, lo cual no basta para amortizar el costo del proyecto. Al mismo tiempo, la capacidad de Yacyretá para controlar inundaciones, también parte del diseño, se encuentra disminuida a la actual altura del embalse, y muchas personas afectadas por la represa viven peor que antes. La esperanza es que, a diferencia del edificio de la calle Las Heras, sea corregible.
¿Cómo pudo pasar esto? Cuando funcionarios de organismos internacionales de desarrollo responden a la pregunta, a veces dicen que el error se debe al cambio de los tiempos. Antes regían los valores de la geopolítica, hoy rigen valores sociales y del medio ambiente. El proyecto Yacyretá tuvo la mala suerte de ser aprobado, y en parte supervisado, en los tiempos de la geopolítica, para ser nuevamente supervisado con distintos criterios de evaluación en los tiempos actuales de las preocupaciones sociales y sobre el medio ambiente. "Los errores de diseño no son nuestra responsabilidad, o en todo caso todos somos responsables. Porque los tiempos cambian para todos."
Hasta donde llega, ésta no es una explicación falsa. Es cierto que muchas entidades son responsables de los contratiempos de Yacyretá -los gobiernos, la EBY y los organismos internacionales que prestaron dinero y supervisaron el proyecto-, pero no todos son responsables de la misma manera, y los que pagan por los errores son la Argentina y la gente que vive en la región.
Control de inundaciones
Yacyretá no necesita terminar de esta manera. Si las obras sociales y ambientales, esas obras atrasadas y "complementarias", son vistas como centrales y no como un estorbo, puede cambiar el espíritu de la empresa. Subir el embalse a 83 metros se haría para ayudar a controlar las grandes inundaciones del Paraná y mejorar la vida de gente que hoy vive en zonas anegadas y, también, para generar electricidad.
La misión principal de Yacyretá debe ser mejorar la calidad de vida de las personas que habitan en las ciudades de Posadas y Encarnación y en sus cercanías, en las riberas de los arroyos tributarios del Paraná. En eso parecen estar los gobiernos de la Argentina y del Paraguay y la Entidad Binacional Yacyretá, a juzgar por las declaraciones de sus autoridades. Sin duda serán acompañados por sus socios internacionales, cuyos errores de supervisión han ayudado a ver el camino. En general se puede aprender del error, que no es un enemigo si se muestra, si se analiza y si se estudia honradamente. Así progresa la ciencia. Así debe progresar el desarrollo.





