
Es solo un partido… ¡de Milei contra el comunista Sánchez!
Lo juro: no soy cabulero. Casi que odio todos esos ritos supersticiosos, como ver los partidos sentados en el mismo lugar, cantar “Muchachos” un rato antes o no cambiar de canal. Todavía lloro por la abuela que, estando 0-1 con Inglaterra, se fue a buscar un café, hizo el gol del empate Enzo Fernández y le prohibieron salir de la cocina. Cielita mía, ya sabe dónde la van a enclaustrar mañana, con un termo entero de café. Para personas con semejante tara intelectual, si Argentina va perdiendo no es por culpa de los jugadores, o de Scaloni, o de que los otros juegan mejor, sino porque “¡mi mujer me lavó la camiseta de la selección!”. Patético. Expresada entonces formalmente esta declaración de principios, por favor, gente, contra España no se les ocurra dejar rutinas que tan bien han funcionado: me repiten todas y cada una de las cábalas. Yo pienso desayunar y almorzar lo mismo que el miércoles, usar la misma ropa y reenviar las cadenas de WhatsApp que me lleguen con el equipo de ellos congelado. No es momento de hacer cambios. Y asegurémonos de que el lavarropas esté desenchufado.
La consigna no debería limitarse al ámbito doméstico. Si Vicky Villarruel dijo antes de la semi que íbamos a jugar “contra los piratas usurpadores”, tras lo cual los leones ingleses devinieron en gatitos muertos de miedo, ¿por qué no insistir por ese lado? El canciller Quirno debería condenar “la colonización genocida de la Corona española”, y Javi, al “gobierno comunista y corrupto de Pedro Sánchez”.
La vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, acaso contagiada por el clima de época, o por el verbo libre del Presi, definió a la selección de Francia como “un equipo africano flojo de modales”. No apruebo los modales de Hebe, pero si se demostraran eficaces (veremos qué pasa hoy), habría que replicarlos; tipo que las tropas digitales de Santi Caputo, Caputín, salgan a exigirle a Lamine Yamal que demuestre dónde nació. La cultura del todo vale es consustancial al proyecto libertario, ¿no? Lo digo de onda; como la vicegobernadora. Imposible achicar el Estado sin motosierra, o combatir a la casta sin asimilar sus usos y costumbres, o desterrar la corrupción no conociéndole las entrañas. Adorni ha dejado enseñanzas que van mucho más allá de Indio Cua, Punta del Este, Nueva York o Aruba. Al mínimo brote de adornismo (preciso y precioso neologismo de Luciano Román), ¡extírpese! Me dirán que los Milei tardaron demasiado en sacárselo de encima. Error. No lo estaban protegiendo: querían exponerlo. Cuánta calle tienen los hermanos. Y qué rápido aprenden. Colo Santilli.
Al vice de Justicia, Santiago Viola, le dieron la cana cuando veía partidos de Argentina en el Mundial. OK, altamente inoportuno. Papelón. Pero no comparen, please. Esto no es adornismo. Bancó el vuelo –también el hotel, y las comidas, y el alquiler del auto, y las entradas, y las compritas– porque no le faltan recursos: fue abogado de los hijos de Lázaro Báez, un emprendedor famoso por pagar en efectivo. ¿Viola estuvo en la cancha dos veces y las dos veces ganó Argentina? ¡Que no vuelva! Hagamos una vaquita.
Lo de este pibe es una historia menor. Se habrá gastado 15, 20 lucas; bien gastadas: había que hacerle el aguante a un equipo que parecía flaquear. Hace unos años, en el cenit de su trayectoria como boga kuka, fue acusado de plantar testigos falsos para perjudicar al juez federal Sebastián Casanello. Qué estresazo. Haberse jugado la piel por Cristina, que estaba siendo investigada por Casanello, lo dejó de cara al abismo. Todo indicaba que estaba hasta las manos, pero zafó. Ahora se va de excursión al Mundial y aparece la foto en la tribuna. Como que sale de un bolonqui y se mete en otro. Karina, gestora de la incorporación al Gobierno de tan buen amigo de Cris, instruyó a Javi, que rápidamente fue en su defensa, justificando el viaje. ¿Lo defendió o lo expuso? Otro estresazo.
Por estas horas la tenemos a Kari organizando la bienvenida. A la selección, no a Viola. Gane o pierda, selección malvinera. Héroes igual. Una idea –leí en LA NACION– es cederles la Casa Rosada, pero con un detalle: vacía; literalmente vacía, cosa de no politizar el gesto. Nada de patios militantes. Pienso que los Milei deberían estar, al menos para abrirles la puerta. La liturgia quedó en manos de Caputín, sinónimo de buen espectáculo, trabajo profesional, cero politización. Todo está siendo conversado con Cheque Tapia, que a su vez lo conversará con su operador en el plantel, De Paul, que a su vez trasladará la inquietud a Leo. Cheque aprovecharía para agradecerles a Javi y Kari lo que están haciendo por él y por Toviggino. Un salvataje judicial que reclama la hinchada, pero también Santilli, el ministro Mahiques (y su papá), Massita, Infantino, Trump, representantes diplomáticos de paraísos fiscales y, si nos descuidamos, hasta Shakira.
“Nosotros –le dijo– ya estamos grandes para aprender”.
(Perdónenme el final, pero prediqué con el ejemplo: a no cambiar nada. Así terminaba la columna del sábado pasado.)






