Estado de naturaleza
Cascadas cristalinas, agua fresca, cuerpos semidesnudos, risas fuertes, el calor del sol. La postal londinense de dos chicas divirtiéndose en el lago del área Hacney Marshees en uno de los días más calurosos en lo que va del año resulta casi surrealista de este lado del mundo, enquistado aun en la niebla de un virus infatigable. ¿Dónde quedó el contacto físico relajado, la alegría genuina de placeres tan simples como salpicarse con agua? Sumergidos en barbijos y restricciones, saludándonos a la distancia en esta distopía llena de sombras, la reconexión con lo natural nos resulta idílica. Como si aquel Estado de Naturaleza del que hablaba Rousseau, esa situación en la que el hombre antes de su vida en sociedad vivía feliz, inocente e integrado a su entorno, se reversionara en el siglo XXI con todo lo que remita a la vida prepandemia. O al menos, a lo mejor de ella.










