
Estar en la palmera
Hace más de un siglo atrás, casi todo aquel que iniciaba una casa en Buenos Aires y en muchas otras ciudades de Argentina, plantaba una palmera en la entrada de la casa. Era una costumbre muy difundida que podría entenderse indirectamente como la de poner la "piedra fundamental" de la casa. Aún hoy se pueden ver una o dos palmeras en la entrada de muchas casas antiguas.
¿Qué pasaba cuando la casa se había iniciado, pero no se la podía terminar? Quedaba la palmera delante del proyecto inconcluso o abandonado. La gente bautizó estos proyectos inconclusos con el nombre de "estar en la palmera". Es un símbolo de algo que se inicia, pero no se puede terminar. Por eso me parece que es un símbolo de lo que ocurre en la Argentina. Nosotros "estamos en la palmera" desde hace mucho tiempo.
Somos diversos proyectos que tienen sus palmeras en Plaza de Mayo, pero son proyectos que no se terminan, que cada tanto se abandonan y a los que vienen atrás les parece mal todo lo hecho y destruyen lo que se había construido e inician un nuevo proyecto, al que suelen llamar "fundacional", como diciendo "la historia se inicia con nosotros". Sólo tienen en cuenta sus puntos de vista, pero no los del conjunto y el proyecto, con el paso de algunos años, se torna inviable.
El "modelo", que es una representación de la realidad en los papeles, no llega a concretarse, pues se le van desgastando "los pilares"
El "modelo", que es una representación de la realidad en los papeles, no llega a concretarse, pues se le van desgastando "los pilares" y tiene que apelar a remiendos, refuerzos, prohibiciones cada pocos meses para tratar de mantener el relato del proyecto que no funciona como antes por falta de realidad planeada que contemple todo, como es el caso del plano de una casa, de un barco, de una fábrica. No se puede improvisar con un país, pero nosotros lo hacemos con muy poca profesionalidad política.
El radicalismo plantó sus palmeras con Alfonsín en 1983, pero el proyecto terminó en la hiperinflación de 1989, incluso antes de tiempo. El peronismo de Menem plantó sus palmeras desde 1989, pero no avanzó más que hasta 1995. A partir de allí trató de sostenerse sin completar la casa y querer otra reelección, cuando en realidad no le tocaba ni la segunda, y hoy Menem vota proyectos incluso contrarios a los que ejecutaba en su gobierno, demostrando muy pocas convicciones en sus acciones concretas.
Se concentra en ideas que sustentan muy pocos países en el mundo y que es difícil que funcionen en el largo plazo
La Alianza Radical-Peronista (Alfonsín, Terragno, De La Rúa, "Chacho" Alvarez, Fernández Meijide) no duró mucho en sus intentos de completar la casa y terminó en el "que se vayan todos". Vino una transición que no plantó ningún árbol y después el Frente para la Victoria que plantó sus palmeras en 2003 y aún está en ejecución, veremos cómo sigue. Sus "pilares" están bastante gastados, trata de dar una imagen de que todo está bien, pero ha tenido que apelar a medidas que señalan problemas serios, que han cambiado lo que pregonaba años atrás. Ahora se concentra en ideas que sustentan muy pocos países en el mundo y que es difícil que funcionen en el largo plazo. No alienta la inversión, que es la clave para sostener el crecimiento, y va consumiendo los stocks acumulados anteriormente, va transformando capital en consumo para que la población siga votando el proyecto. Seguramente sufrirá varios cambios impulsados por la "sintonía fina" o ajuste, pero está en vigencia.
Si bien hemos iniciado un breve repaso desde 1983, para atrás la cosa es peor aún, salvo en la etapa de la generación del 80 que, con sus problemas, logró concretar una inversión bruta interna fija del 40% del PIB en promedio de todo su periodo1880-1914 y no sólo hizo la casa habitable para nosotros sino para millones de europeos que vinieron a vivir aquí, pues nuestra casa era mejor que la que ellos tenían en sus países centrales en aquellos años.
Requerimos un cambio moral de nosotros mismos y luego generar un proyecto que incluya bien las expectativas de todos los argentinos, no sólo las de una parte de la población
¿Qué tenemos que hacer para salir de "estar en la palmera"? En primer lugar, requerimos un cambio moral de nosotros mismos y luego generar un proyecto que incluya bien las expectativas de todos los argentinos, no sólo las de una parte de la población. La selección de los mejores dirigentes, que hoy es una selección adversa, sólo puede lograrse por el voto en internas en cada partido, por región y por el abandono de la lista sábana, que defienden a muerte los encaramados "dueños" de los partidos. Son cambios difíciles de lograr, pero tenemos que lograrlos.




