Evitar la kakistocracia

Diana Mondino
Diana Mondino PARA LA NACION
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25 de septiembre de 2019  

Fuente: LA NACION

Kakistocracia es el "gobierno de los peores". Kakistos significa "el peor", y kratia, " gobierno". No es un invento para la Argentina. Hay registros de esta palabra desde 1821, y figura en el Dictionary of Sociology de 1944, que dice: "Gobierno de los peores; estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electorales hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos".

¿Por qué los ciudadanos elegirían a los peores gobernantes? ¿Por qué los gobernantes habrían de elegir malos equipos? No sé las razones en otros países, pero en la Argentina es probable que se deba a problemas de educación y a la conjunción de diversas leyes, cada una de ellas con buenos objetivos, pero que en conjunto generan fuertes dificultades para que los mejores aspiren a formar parte del gobierno.

Tenemos leyes que crean un complejo sistema para crear un partido político para presentarse a elecciones. Una vez creado el partido, sus ideas iniciales se desdibujan y hemos visto experiencias que muestran que pueden "alquilarse". Aunque no hay ningún tipo de requisito para ser candidato, sí los hay para ser funcionario, que se deben cumplir antes y después de la función pública. Están sujetos a escrutinio en sus familias y patrimonios, lo cual es una elemental medida de transparencia. Sin embargo, no todos lo cumplen y en su caso esa información no es resguardada.

El funcionario probo tiene dificultades para reinsertarse profesionalmente y siempre tiene la espada de Damocles sobre la judicialización de sus actos. No siempre los mejores están dispuestos a aceptar el desafío de reformar y administrar organizaciones vetustas por una magra paga. Quien lo acepta es patriota o tiene otras intenciones. Una elevada paga no garantiza honestidad ni profesionalismo.

Otra explicación es que la división de poderes no es tan activa como quisiéramos, y los funcionarios pueden tener mucho poder, difícil de compensar. Al mismo tiempo, quien difama o crea falsas noticias no tiene ningún tipo de castigo. Los funcionarios que quieren actuar en defensa del más débil pueden ser acosados de mil maneras. La Justicia actúa en forma dispar y lenta. La bella imagen de la Justicia ciega e imparcial rara vez se concreta. El Congreso tiene una importancia extraordinaria, pero el sistema de elección de legisladores no representa a la sociedad. Aceptamos que representan a los gobernadores o a un partido, y no a un sector o grupo de personas. Se los vota con un sistema vertical, generalmente elegidos y acompañando a alguien del Poder Ejecutivo, y aunque así no fuera, se eligen por lista sábana. Ninguno de esos "ungidos" tiene incentivo de cambiar el sistema por el cual, precisamente, llegó al poder. Los ciudadanos votamos en el nombre del regreso a un pasado burdamente glorificado (sin ver los cambios vertiginosos del mundo) o por un ideal de país tal vez inalcanzable. Aceptamos candidatos por lo que dicen que harán y no por lo que demostraron que han hecho. Difícil elegir así a los mejores.

Contraria a la kakistocracia, la meritocracia se basa en el mérito y, en términos muy generales, se refiere a la discriminación positiva por virtudes. Las posiciones jerárquicas son conquistadas por los logros y resultados, y hay un predominio de valores asociados a la capacidad individual o al espíritu competitivo, tales como la excelencia en educación o deportes, música y artes. No deberían incidir el origen social, la riqueza o las relaciones individuales y los "contactos". En la meritocracia solo los mejores acceden a una posición y perduran en el tiempo.

Sorprendentemente, la meritocracia que aplicamos a rajatabla en la música, las ciencias o los deportes no es tan practicada en otras actividades, mucho menos en el gobierno, donde ser miembro de un partido o "amigo de" es vital. Más: la meritocracia es criticada como un mandato de las "clases dominantes", ya que es tristemente cierto que hay grandes ventajas por pertenecer a un determinado grupo (político, racial, social, etc.). Por eso es esencial que se apliquen consistentemente las leyes antes mencionadas, pero mucho más importante es que nos concentremos en la educación. La educación debe permitir a todos -jóvenes y adultos- capacitarse y perfeccionarse y que el origen de la persona no condicione sus posibilidades, sino que solo dependa de sus conocimientos, aptitudes y capacidades. Ya luego verá cada uno si quiere o no participar del gobierno.

Para evitar la kakistocracia tenemos dos tareas: mejorar la educación y quitar los obstáculos para que "los mejores" puedan gobernar. Tendremos así un país mejor.

Economista-Universidad CEMA

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