
Exhibicionismo adolescente online
Crecen los casos de sexting en las redes sociales, un fenómeno al cual los padres deben enfrentar y poner límites
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El impacto de las innovaciones tecnológicas y el cada vez más amplio acceso a ellas han provocado no pocos cambios de hábitos y generado la demanda tanto de servirse de los beneficios de lo nuevo como de prevenir sus riesgos, especialmente entre los menores de edad.
Esta continua transformación adquiere un especial significado cuando afecta los comportamientos de una generación y altera, a la vez, las relaciones entre mayores y adolescentes, ya sea en el amplio campo de la sociedad o, lo que puede resultar más delicado, en el micromundo de padres e hijos.
Esa realidad se evidencia en una cuestión muy actual, vinculada con el avance de medios muy invasivos desarrollados por la tecnología de las comunicaciones, como son la TV, la computadora y el teléfono celular. Cada uno de esos instrumentos ha emergido en tiempos distintos, aunque cercanos, con pausas cada vez más breves entre una y otra presencia en los hogares.
Esos medios han tenido no sólo los efectos funcionales, deseados y previstos, sino que han originado, también, efectos disfuncionales, indeseados e imprevistos, que pueden alterar las normas de las conductas familiares.
En el fondo de esa problemática inesperada se agitan dos cuestiones de sumo interés. En primer lugar, la renovación tecnológica se guía por criterios lógicos de eficacia y utilidad. Por el ritmo vertiginoso de su evolución, parecería estar animada por un lema casi olímpico: todo debe ser cada vez más rápido y llegar más lejos.
Ese proceso lleva a una segunda cuestión de otra índole: en el terreno de los conocimientos se ha producido una inversión de saberes, dado que el común de los adultos sabe menos que los adolescentes sobre el uso formal e informal de los nuevos medios. Los más chicos son los llamados "nativos digitales"; en cambio, un buen sector de los padres se siente inhábil para controlar el uso que los adolescentes hacen de recursos accesibles en la casa o fuera de ella.
A ello hay que agregar la influencia de un contexto social que promueve desde distintos ángulos la transgresión de las normas, como se aprecia en la televisión y otros medios al alcance de los menores. De ese modo llegan la incitación al exhibicionismo y hasta a la pornografía. En esa corriente se ha instalado el llamado sexting entre algunos adolescentes, forma de exhibicionismo on line que se concreta en el intercambio que hacen los adolescentes a través de sus fotos de contenido erótico y sexual, mediante sus celulares, por e-mails o subiéndolas a las redes sociales. Muchas veces son también otros chicos, compañeros de los fotografiados, los que, como broma, suben las fotos, incluso intencionalmente retocadas, esparciéndolas por el ciberespacio y provocando graves consecuencias y daños psicológicos.
¿Qué hacen o pueden hacer los padres ante ese intercambio exhibicionista en una edad tan vulnerable, en la que los chicos pueden ser llevados a enfrentar situaciones riesgosas para la salud moral de personas en desarrollo? La cuestión merece un planteo franco y requiere una dedicación especial que a menudo los mayores relegan.
Es responsabilidad de los padres, porque ellos son los adultos, aprender a conocer y a usar la Red, a compartir con sus hijos la navegación, a seleccionar juntos los contenidos y transmitir la importancia de mirarlos con espíritu crítico. Es vital también que aconsejen a los adolescentes no publicar datos con los cuales pueden ser ubicados y, por sobre todo, se informen sobre cómo filtrar cierto tipo de información no apta para menores.





