
Exigencias del Estado de Derecho
Por Pedro J. Frías Para LA NACION
1 minuto de lectura'
La observancia de la Constitución como norma superior de convivencia exige un poder limitado y controlado, y el ejercicio responsable de los derechos civiles y políticos.
La independencia y el equilibrio de los poderes públicos requiere titulares que estén a la altura de los tiempos y depongan sus intereses para que prevalezca el bien común.
La seguridad jurídica es clave del crecimiento, porque la productividad y la inversión necesitan reglas confiables y actitudes previsibles.
La seguridad jurídica es frágil cuando no hay políticas de Estado que sean ejecutadas por gobiernos de distinto signo político. En las emergencias posibles, hay que recurrir a las normas previstas en la Constitución, restringir al máximo la delegación legislativa y restablecer el control sobre los decretos de necesidad y urgencia.
En el Estado de Derecho y en el sistema de partidos es inevitable la confrontación, pero ella debe superarse en los consensos indispensables para las políticas de Estado.
En el actual Estado de Derecho, la gobernabilidad no depende tanto del carisma del gobernante cuanto de la interacción entre órganos gubernamentales y no gubernamentales para una acción mixta, pública y privada.
No hay Estado de Derecho si no se respeta la representación popular, pero para esto el Congreso, las legislaturas y los concejos deliberantes deben enaltecer su tarea con normas oportunas y eficaces, con el consenso, la austeridad, el control sobre el Poder Ejecutivo, la creatividad y la superación de las confrontaciones.
El Poder Ejecutivo debe apartarse del clientelismo y los excesos burocráticos para ser espejo prudente de la ley e intérprete de los valores de su sociedad.
Los jueces deben ser idóneos e independientes, elegidos por el Consejo de la Magistratura y controlados por los jurados de enjuiciamiento, con justa aplicación de la ley y la convicción de que si la norma lleva a una solución disvaliosa hay casi siempre un principio más alto que salve el infortunio axiológico.
Si la sociedad respeta la ley, el Estado de Derecho se corrige a sí mismo, en sus rigideces, su posible formalismo y adquiere proyección docente.





