Familia: una oportunidad única para repensar a partir de la crisis del coronavirus

Ursula Basset
Ursula Basset PARA LA NACION
(0)
21 de agosto de 2020  • 14:52

Por los muchos males que nos va a dejar esta pandemia distópica, hay un valioso tesoro: las crisis son maestras que muestran en dónde están los eslabones más débiles. La crisis que trae la pandemia nos revela, como en el negativo de las antiguas fotografías, aquellos ámbitos en los que estamos llamados a trabajar.

A diario recibimos noticias sobre el aumento de la delincuencia, el consumo problemático de sustancias, la trata de personas, la pobreza o la violencia. Todos estos fenómenos dicen relación directa con la familia. Los niños y jóvenes empujados a la delincuencia están con demasiada frecuencia solos o han vivido instancias traumáticas. La violencia se aprende y es un ciclo a romper. En cambio, las familias funcionales -las familias bien integradas y de vínculos sólidos- ayudan a generar adultos saludables y responsables. Generar estos buenos cimientos es una tarea a menudo oscurecida por otras urgencias. La pandemia nos interpela: ¿qué han hecho el derecho y la sociedad para acompañar y fortalecer buenos vínculos familiares, que ahora son tan necesarios?

Pensemos en la tragedia de las soledades. Las nuevas soledades, nos dice la psiquiatra francesa M-F. Hirigoyen, son un mal de la era. Sin embargo, el aislamiento impacta en ellas de forma desigual. La soledad es un drama para los adultos mayores. La soledad es un drama para adolescentes y niños, demasiado expuestos, cuando los padres están absorbidos por la dificultad económica o por problemas personales. También lo es para las madres que deben llevar adelante una crianza en soledad. Sabemos que los hogares monoparentales con jefatura femenina son el segmento más pobre. Sabemos también que la pobreza de adultos se traslada a los niños. Unicef acaba de informar que un 62,5 % de niñas y niños son pobres. Para todo hay abordajes posibles. Hoy sabemos que la desigualdad social se forja muy tempranamente en la vida. Los planes de intervención y acompañamiento de embarazos vulnerables, así como los de primera infancia, no sólo responden a un mandato constitucional (Art. 75, inc. 23 CN), sino que son criterios de igualdad real de oportunidades. El fomento de la coparentalidad es otro eje esencial para trabajar, a través de una perspectiva revisada de qué entiende el derecho por filiación.

Otra urgencia acuciante son los niños sin cuidados parentales y la ausencia del Estado en el debate sobre formas alternativas a la adopción cuando los niños superan la edad en que suelen tener más oportunidades de ser adoptados. El Comité de Derechos del Niño de la ONU ha llamado la atención a la Argentina por esto

El punto de partida es probablemente una revisión de la matriz individualista que quedó de residuo en algunas de las regulaciones sobre la familia. Una autonomía desenfrenada en las relaciones de adultos no se condice ni siquiera con los ideales de la revolución francesa, que equilibraban libertad e igualdad con fraternidad. Toda libertad elegida exige una responsabilidad de cuidado consecuente. Casarse y divorciarse generan expectativas legítimas e inversiones desiguales que se visibilizan sólo en parte en las regulaciones jurídicas. La mayoría de la sociedad entiende que casarse implica un mayor compromiso. No expresar esa dimensión de compromiso y responsabilidad entre adultos, no estimularla positivamente con la legislación, no es una elección sin consecuencias. Transmite un mensaje social que tiene repercusiones transgeneracionales. La responsabilidad y el cuidado recíproco en torno a la ruptura de la pareja parental es importante. El derecho es modélico. Relaciones de cuidado responsables favorecen vínculos estables y sanos. La pandemia revela cuánta necesidad hay de esas redes internas de solidaridad familiar que complementen la solidaridad del Estado.

La mayor vulnerabilidad de algunos sectores es una dimensión en la que el trabajo sobre una buena legislación de familia es primordial. Otra urgencia acuciante son los niños sin cuidados parentales y la ausencia del Estado en el debate sobre formas alternativas a la adopción cuando los niños superan la edad en que suelen tener más oportunidades de ser adoptados. El Comité de Derechos del Niño de la ONU ha llamado la atención a la Argentina por esto. Estos niños tienen derecho a una vida familiar, y todos deberíamos sentarnos a pensar cómo la generamos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que los niños alcanzan su autonomía plena en las relaciones familiares. Privarlos de la vida familiar puede implicar una merma en el desarrollo de su personalidad e, incluso, puede afectar su proyecto de vida. Aún tenemos pendiente tipificar como delito penal la compra y venta de niños: hace 8 años que es un deber incumplido por nuestro país (Corte Interamericana, Caso Fornerón Argentina, 2012).

¿Qué otras sugerencias de trabajo nos deja la pandemia? Aquí van algunas más: en casi todos los países la tasa de cumplimiento de la obligación alimentaria de padres a hijos es muy baja. Algunos tienen estadísticas. ¿Debe el Estado ser garante de esa obligación? ¿Debe ampliarse a otros familiares para asegurarse que, aunque sea, la familia extendida responda? ¿Cómo pueden repensarse las obligaciones solidarias para con los adultos mayores? Entre otros temas que se han planteado, renace la idea de repensar integralmente el acceso a justicia en familia. Algunos países conocen un proceso colaborativo, en el que las partes y abogados se comprometen desde el inicio en trabajar conjuntamente para una solución. Otra serie de preguntas tiene que ver con la digitalización y cómo tiene que aplicarse en áreas sensibles en las cuáles la inmediación del juez y su contacto con las partes es esencial. Florecen también abordajes del conflicto familiar previos a la emergencia jurídica del conflicto. Contener y acompañar es una forma de solidificar y reducir el impacto de los casos en los tribunales de familia, que ya viven un cuello de botella.

Nuestro sistema regional de derechos humanos enuncia bellísimamente que todo ser humano tiene deberes hacia la familia (art. 32, CADH). El Protocolo de San Salvador impone la obligación de "ejecutar programas especiales de formación familiar a fin de contribuir a la creación de un ambiente estable y positivo en el cual los niños perciban y desarrollen los valores de comprensión, solidaridad, respeto y responsabilidad".

Contener y acompañar es una forma de solidificar y reducir el impacto de los casos en los tribunales de familia, que ya viven un cuello de botella

En este sentido, la Sociedad Internacional de Derecho de Familia ha decidido consagrar un congreso mundial extraordinario a reflexionar sobre la familia en este contexto. Bajo el nombre de Familia y Crisis: Atravesando la Pandemia, se desarrollará los días 26, 27 y 28 de agosto. Miembros de organismos internacionales, juristas destacados de la región y del globo dedicarán su tiempo a ofrecer en forma gratuita y online un espacio compartido de reflexión. Es una ocasión imperdible para orientar a la Argentina a una de las urgencias más urgentes: ocuparse del tejido que sostiene a los que son los más pobres de todos; los que, además de todos los males, no tienen familia o sufren una familia disfuncional. ¿Estaremos para ellos?

* Directora del Centro de Investigaciones en Derecho de Familia (UCA). Profesora (UCA/UBA). Secretaria General de la Sociedad Internacional de Derecho de Familia

Conforme a los criterios de

Más información
ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.