
Familias pegoteadas y familias disgregadas
Cuando compartimos nuestra vida con alguien, somos dos personas que armamos ese “tercero” llamado pareja. Todos venimos de una familia de origen con ciertas características. Si pensamos en los extremos, podríamos decir que, en este sentido, existen dos tipos de modelos de familia. A saber: las “pegoteadas” (modelo centrípeto) y las “disgregadas” (modelo centrífugo). Analicemos cada uno:
Modelo centrípeto
En este tipo de dinámica familiar el lema es “todos para uno y uno para todos”. Los límites internos son débiles, lo que le pasa a uno lo saben los otros y, si trabajan, lo hacen todos juntos. Realizan la mayoría de sus actividades todos juntos. Desde compartir una comida o divertirse hasta irse de vacaciones. Si uno de ellos tiene un problema, todos se enteran porque es “el problema de todos”. Suelen ser familias numerosas que viven en la misma casa o el mismo barrio. El límite hacia el mundo externo es fuerte (es difícil entrar aquí) pero internamente las fronteras son débiles.
Es casi imposible que los miembros de una familia con características centrípetas puedan diferenciarse, pues no hay “yo” y “tú”, todo es un gran “nosotros”. No se alienta el crecimiento individual y nadie se atrevería a hacer algo distinto de lo que la dinámica familiar fija como norma. Podríamos ejemplificar este modelo con programas de televisión como “La familia Ingalls” o “Los Campanelli”, donde hay pocas diferencias entre sus miembros.
Modelo centrífugo
En las familias que siguen este modelo cada uno vive en su mundo, el lema es “yo no me meto con vos y vos no te metas conmigo; dejame mi espacio, no me invadas”. Cuando uno conversa con uno de los hijos, ya grande, y le pregunta: “¿Dónde estaba tu mamá o tu papá cuando eras chico?”, muy probablemente responderá: “No sé, casi nunca conversábamos ni compartíamos nada”.
Miremos las posibles combinaciones:
- Si él y ella vienen de dos familias pegoteadas, puede suceder que sean “los Montesco vs. los Capuleto”, es decir que peleen por ejemplo por dónde van a cenar el domingo. Cada familia tirará fuertemente a su hijo, debilitando el vínculo del “nosotros de pareja”.
- Si él viene de un modelo disgregado y ella de uno pegoteado, pueden suceder dos cosas. Que el disgregado adopte a la familia de ella como suya propia (se ganó un hijo más); o que lo viva como una invasión y trate de sacarla a ella del pegoteo. La familia de ella dirá: “Desde que estas con ese, ya no ves más a tu familia".
- Si ambos vienen de modelos disgregados, puede ser que les cueste armar el “nosotros” por el exceso de individualismo, o que justamente se mimeticen, ya que ahora pueden armar su propio pegoteo.
Ninguna modalidad es buena o mala en sí misma. Son formas de funcionamiento familiar. Por supuesto, el tema es complejo y existen muchas variables en el medio. La idea es repensar el tema y conversarlo en pareja para descubrir cómo es nuestra familia de origen y de qué manera nos afecta.
¿Reconocés alguno de estos dos modelos en tu familia de origen? ¿Lo has reproducido con tu pareja e hijos?
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com







