
Fito, otro agente de la policía progresista
Diego SehinkmanPara LA NACION
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Tal vez estuvieran entre nosotros desde antes. Pero en lo personal, comencé a sentir su atemorizante presencia en marzo de 2008, con el conflicto del campo. Recuerdo que en ese entonces todavía no tenían nombre, aunque sus agentes ya circulaban con la oreja parada, atentos, vigilantes. Era una nueva policía: La Policía Progre.
La policía progre es una policía moral. ¿Su misión? Mantener el buen orden de las ideas y sancionar al que no adhiera en un ciento por ciento a las bondades de ¡EL-MO-DE-LO!
La Poli Progre es la fuerza más numerosa del país. Son miles de agentes. El más notable esta semana, por supuesto, fue Fito Páez.
El instrumento con el cual golpea y reprime la Poli Progre no es la cachiporra sino el comentario psicopático. La psicopateada es el bastonazo que estratégicamente impacta en las partes blandas del "opositor": su corazón. En efecto, el poli progre bien entrenado golpea sobre la autoimagen de buen tipo que, en general, todos tenemos de nosotros mismos. El agente progre te interpela, colocándose él en el lugar del sujeto ético, y si no escucha un apoyo total a su régimen de ideas, te descalifica con una frase, dejándote un moretón en el alma y un signo de interrogación: ¿Y si tiene razón y no soy tan buena gente como creo?
Tengo un amigo en la poli progre. Bueno, en realidad tengo varios. Pero quiero hablar de uno. Es productor de radio. Gana bien. Viste bien. Come en Palermo y nunca hizo ayuda social en una villa. Enrolado con vehemencia en la fuerza desde la muerte de Kirchner, ayer me hizo un "cacheo":
-Ponete contra la pared, piernas abiertas, quedate quietito y decime a quién votaste.
-Me resultó muy difícil esta elección, agente. Pero al final voté a Pino.
(Viene el bastonazo a las costillas.)
-¿A Pino? ¿A ese pseudoprogre que vive en Zona Norte? ¡Entonces le regalaste el voto a Macri! ¿Sabés qué? No te entiendo. Si con los Kirchner siempre te fue bien. Tenés trabajo, viajás, cambiaste el auto. ¿Por qué no sos agradecido? Ya sé. Vos sos de los que no la pueden ver todavía de luto, ni cuando se emociona, ni cuando twittea que va a ser abuela, porque te parece que todo es demagogia. ¿Tanto te joden las formas? ¿Por qué no pensás en el fondo? ¿Qué modelo de país querés? ¿El que tenemos ahora, o el de los Cacciatore, los Martínez de Hoz y los Videla?
-Pero agente, ¿quién le dijo que yo estoy a favor de Videla?
-Te voy a tener que hacer una multa.
-¿Qué multa?
-Te voy a bajar de categoría en mi estima. Como persona, vas a quedar reducido en mi consideración. Ahora, para mí, sos un facho egoísta.
-¿Te doy asco, amigo? Perdón. ¿Le doy asco, agente?
(Ahora sí, la psicopateada mayor, con balas de plomo.)
-¡Por favor, circule!... Que necesito recuperarme del golpe anímico que significa para mí verlo apoyar a la patria contratista...
Despido a mi amigo con un beso donde las mejillas no se tocan y me voy caminando atribulado. En el fondo le tengo envidia. Es que pensar el mundo en términos de "todo o nada" es más cómodo. Me exime de tener que investigar los grises, los claroscuros. Al enrolarme en un discurso, me libro del trabajoso ejercicio de descubrir mi propia aventura de pensamiento y me subo cómodamente a la aventura de otro que ya pensó por mí.
¿Puede el relato K haber logrado contar a la Argentina como quien cuenta los tantos del truco, poniendo sobre la izquierda la N de "nosotros" y sobre la derecha la E de "ellos"?





