
Fondos esquilmados
Una pregunta como ésta puede aflorar en cualquier momento de labios ingenuos: ¿para qué sirven los fondos reservados?
Felizmente, el licenciado Floripondio Peribáñez, titular de la Secretaría de Erogaciones Solapadas, es capaz de evacuarla: "Ante todo, conviene aclarar que bajo el rubro en cuestión se disfraza una ingente masa de dinero que el gobierno, éste o cualquier otro, utiliza a su antojo, con pleno derecho, sin rendir cuentas a nadie. Y son reservados por la sencilla razón de que todo gobierno, por más democrático que sea, suele contraer obligaciones desdorosas, que debe honrar en beneficio de las instituciones públicas y, si me apuran un poco, también en beneficio de los ciudadanos que formulan preguntas así de ingenuas y capciosas".
Peribáñez ofrece estos ejemplos: "Supongamos que Cristina Kirchner le pide a alguno de sus colaboradores de extrema confianza, a Pepe Mostachos, por ejemplo, que le siga los pasos a Elisa Carrió, habida cuenta de que la devenida coruscante Lilita está a escasos cinco kilos de resultarle su adversaria política más temible. Por supuesto, esa pesquisa exigirá que, necesariamente, se eche mano de fondos subrepticios, que vaya uno a saber de dónde salen. Asimismo, si la Secretaría de Inteligencia del Estado quiere saber cuánto hay de cierto en que Brasil acaba de instalar una planta de uranio enriquecido, bajo la apariencia de una embotelladora de guaraná, cabe prever que esa delicada misión de espionaje demandará una suculenta partida de fondos reservados".
En tiempos de la convertibilidad, cuando el peso y el dólar libraron aquel heroico empate 1 a 1, con el severo arbitraje de Anne Krueger, la generosa administración menemista repartió sobresueldos por unos 466 millones de dólares, sustraídos de arcas secretísimas, cuyos goznes chirriaban casi a diario para adornar la lealtad, y quizá la complicidad, de funcionarios -no todos, claro- bastante más voraces que las pirañas. Unos cuantos ya confesaron ante la Justicia que percibían emolumentos extras, bajo cuerda, dato corroborado por auditores contables que merecen plena fe, para nada proclives a expedirse al voleo. Pavoroso resulta el cálculo de que, en tiempos del 1 a 1, los fondos reservados de incierto destino redondearon los 4000 millones de dólares.
"En fin -suspira Peribáñez-, la malevolencia pública siembra cizaña en vez de soja. Por suerte, prescribirán a fin de año las causas judiciales que comprometen el buen nombre de tantos políticos probos y que, encima, ponen en tela de juicio la necesidad de contar con fondos reservados. Tengamos paciencia y confiemos en la Justicia remolona y en la desmemoria ciudadana."





