
Freud bajo la lupa
Por Rodolfo Rabanal
1 minuto de lectura'
Que Freud ha sido una de las más grandes figuras culturales del siglo XX es tan indiscutible que, a estas alturas, sería insensato negar la poderosa influencia que sus teorías y prácticas psicoanalíticas ejercieron sobre casi todas las áreas de la vida civilizada en Occidente.
Discernir en qué medida el influjo de esta personalidad casi mítica responde mayormente a las fantasías y supersticiones de toda una época, y no por entero al rigor científico de sus principales investigaciones, es la tarea que emprendieron en los últimos veinte años cuidadosos biógrafos ocupados en buscarle la quinta pata al gato, a veces con tanta fortuna que, ante sus datos demoledores, la comunidad psicoanalítica internacional responde ahora indignada, acusando a los "detractores" de Freud de paranoicos y sensacionalistas. Pero lo cierto es que están a la defensiva.
El libro que en estos momentos hace estragos entre quienes están en favor y en contra del psicoanálisis es una biografía de Freud a cargo del holandés Hans Isra‘l, traducida hace poco al alemán y ya lista a ser vertida en otras lenguas. En español, su título sería "El caso Freud; nacimiento del psicoanálisis a partir de una mentira". Como se ve, un verdadero frente de ataque en plena batalla. La hipótesis de Isra‘l es tan clamorosa y destructiva como irritante y seductora: según él, Freud nunca vaciló en esgrimir mentiras que lo favorecieran cada vez que una de sus ideas no encajaba en la realidad. En otros términos: Freud estaba tan convencido de la exactitud de sus teorías que era capaz de modificar los hechos para que los resultados correspondieran a sus ideas.
El cargo de "deshonestidad" científica alcanza asimismo a su vida privada, e Isra‘l se atreve a decirnos que la relación con Mina, su cuñada, no fue sólo una fantasía del hombre que otorgó a los sueños un significado activo. Desde ya, este último detalle es una trivialidad más bien sensacionalista, pero apenas desdeñable si se tiene en cuenta que el psicoanálisis apoya su fortuna en la probidad y confianza que el terapeuta inspira en el paciente.
¿Mintió Freud, verdaderamente? ¿Es el psicoanálisis una poderosa y poco menos que mágica fabricación literaria hecha a la medida de las muy numerosas e insondables debilidades humanas? Siempre recuerdo que el novelista ruso Vladimir Nabokov no perdía oportunidad de nombrar a Freud bajo el mote despectivo de "el brujo de Viena".
También Borges, en lo posible, trataba de omitirlo de sus textos o conversaciones. Ocurre como si estos dos grandes escritores del siglo XX hubiesen "husmeado" en la teoría psicoanalítica un intento de apropiación indebida, donde Freud usurpaba de algún modo el peculiar terreno en el que ellos eran maestros: el terreno de la palabra. Y aún más: el ámbito cautivante de la narrativa y de la ficción misma.
Aunque Hans Isra‘l no establece comparaciones entre el psicoanálisis y la creación literaria, aprueba esa analogía al asegurar que Freud depositaba en "la magia de las palabras" una confianza nada común, pero esta última observación posee la inquietante naturaleza de la ambigŸedad: no sabemos si exalta al escritor -excelente- que había en Freud, o prefiere diseñar un denuesto y tratarlo de embustero.





