Gardel descascarado
Hay algo peor que le puede pasar al Gardel sonriente que se descascara sin parar en lo alto de la esquina clave de Figueroa Alcorta y Tagle: que lo tape un edificio y chau mural.
No es una hipótesis: es una certeza. En el terreno donde por muchos años estuvo el mítico Rond Point y, desde hace rato, funciona una concesionaria de autos importados, se levantará un nuevo edificio que tapará esa desmejorada pared de tanta visibilidad.
Aclaremos: no se trata de cualquier mural. Es una gigantografía de un cuadro pequeño que pintó en 1989 el artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró. Agrupa, en un colorido collage, a varios símbolos porteños. Más allá del máximo prócer de la música popular rioplatense, que ocupa el centro de la obra, y del Obelisco, que oficia de corbata del cantor, también hay una pareja de bailarines de tango, perfiles de edificios emblemáticos y del puerto, una carrera de caballos y un Maradona con su pelota.
El estudio del afamado arquitecto, también uruguayo, Carlos Ott levantará en ese terreno un rascacielos. Resta saber si el nuevo edificio le reservará un espacio tan relevante, como el que ahora tiene, a una copia flamante de esa deteriorada obra, o si será reubicada en otro lugar.









