Haciendo cosas raras para gente normal
Si la industria de la salud logra que los alimentos sean visiblemente etiquetados al contener alteraciones genéticas, las ciencias de la ficción deberían poder advertirnos cuando, en el laboratorio, manipula nuestros recuerdos y sentimientos.
Es el caso de Stranger Things, la serie estrenada este mes por Netflix que va camino a convertirse en su producción más exitosa, según la data de la empresa de streaming. Esa información también dice que el mayor grupo etario entre sus suscriptores es el comprendido entre los 30-44 y eso explica el suceso.
Ambientada en 1983, protagonizada por niños, combina en dosis precisas Poltergeist, The Goonies, Cuenta conmigo, experimentos gubernamentales, Stephen King, E.T. y John Huges; los blockbusters de la época en la que esos suscriptores eran niños. La obra reproduce esa memoria colectiva en ocho capítulos aptos para consumir de un atracón. Mucho más que nostalgia, asoma como un gran experimento de género que combina terror, amor, drama, sci-fi, ternura. Su exitosa fórmula es precisamente basarse en fórmulas exitosas.



