“Hasta acá llegué con este laburo”

Mercedes Korin
Mercedes Korin PARA LA NACION
Fin de año suele ser el momento de decir: "Hasta acá llegué"
Fin de año suele ser el momento de decir: "Hasta acá llegué"
(0)
27 de diciembre de 2018  • 00:00

Fin de año, ¿y fin de qué mas? Los diciembres traen no solo el cierre de un ciclo de 365 días (cada tanto, 366), sino también otros cierres, tan diversos como el del año escolar de los chicos o el del balance contable en una empresa.

Hay cierres más significativos que otros: no es lo mismo el diciembre en que un niño pasa de cuarto grado a quinto que el diciembre de séptimo, cuando egresa. ¿Qué impronta le damos a esta época del año respecto de nuestro trabajo? ¿Este diciembre está implicando un cierre de mitad de camino o tiene una magnitud mayor? Muchas veces el cierre de año viene con la expectativa de terminar una etapa laboral: "Hasta acá llegué con este laburo" o "Hasta acá llegué en este puesto" son pensamientos muy propios de estas fechas.

Fin de año llega con una necesidad imperiosa de cerrar pendientes. Con la ilusión de empezar el nuevo año en cero respecto de todo lo irresuelto. Y lo irresuelto puede ir desde una conversación postergada con un amigo hasta actualizar la licencia de conducir. En ese clima de cierres aparecen también los cuestionamientos a la propia vida laboral. Solo que justamente el mismo clima que lleva a esos cuestionamientos viene con un peso sideral de necesidad de cierre en otros rubros que nos tienen ocupadísimos. Y encima tiene que sobrarnos energía para celebrar las Fiestas.

Entonces, salvo que contemos con una vitalidad descomunal o estemos padeciendo una situación insostenible, tal vez mejor que sea otro el momento de pensar estrategias y encarar acciones para lograr una transformación laboral. En cambio, fin de año parece ser más bien un tiempo de rituales.

Ritos propios

Los ritos son actos simbólicos que ayudan a repensar la vida cotidiana. Aunque a veces se los conoce más por las supersticiones que los rodean o por una obediencia sin cuestionamientos a las tradiciones (comer doce uvas en las primeras campanadas del año, usar ropa interior de un color determinado esa noche), los ritos son interesantes para encomendarnos no a otro o a la magia sino a nosotros mismos.

Un rito puede ser útil para identificar más claramente nuestros deseos, apropiarnos de situaciones que vivimos y que queremos sostener o, al contrario, erradicar. Existen ritos y ritos que ponen énfasis en una cierta continuidad y ritos de transición, que simbolizan el paso de una etapa a otra.

Para el deseo de un cambio laboral, un ritual posible es tomar dos papeles y en uno, escribir las características concretas que debería tener una mejor situación laboral y guardarlo en un lugar significativo, y en el otro escribir, las características negativas de la situación que queremos cerrar, romperlo en pedacitos y tirarlo. Aunque hay ritos muy establecidos, es válido que cada uno invente el propio, o lo adapte.

Con todos los pendientes de diciembre, la celebración de fin de año debería ser… ¡en enero, una vez que el 31 haya pasado! Aprovechemos para darle lugar a los ritos en función de lo que queremos cerrar, de lo que queremos abrir y de lo que queremos continuar. Ya llegará un nuevo año y con él, quizás, un tiempo de descanso que luego le dará lugar a un tiempo de planificación.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.