
Hercúleo
"El volumen de las tareas es hercúleo. Hay que superar las tres curvas terribles de la Argentina: exclusión social, inequidad de distribución del ingreso y desempleo."
(Del canciller, Rafael Bielsa.)
Para la asunción presidencial, la mítica Buenos Aires se llenó de dioses, entre ellos el cubano Cronos, quien se presentó con una copa de ron en una mano, un habano en la otra y un discurso tan extendido como su imperio colgando de la barba. Terminada la fiesta, la legión regresó al Olimpo, dejando aquí al hijo de Zeus para que se las arregle como mejor pueda con sus hercúleos deberes, tareas y misiones.
El riojano Euristeo, huésped transitorio de su propia esposa en Chile, ha acumulado sobre el escritorio del pobre Hércules trabajo atrasado. Envidioso, vengativo y sobre todo bastante cobarde, Euristeo enumeró sus órdenes: le exige que luche con los leones y jabalíes del Fondo y que pelee con una rara especie de caballos antropófagos que ha aparecido en Texas. Le ordena que vaya detrás de Lula el Minotauro, que controle a la hidra piquetera de nueve cabezas que brotan y rebrotan en cualquier esquina, que le quite el cinturón a la reina de las amazonas, Elisa; que se las arregle con Gerión, gigante justicialista de tres cuerpos unidos por la cadera; que traiga de las Hespérides suficientes manzanas de oro como para tapizar una vez más las bóvedas del Banco Central, que transforme al bulldog Cerbero en un chihuahua y que lo haga todo corriendo más rápido que Cerinita la cierva, ya que perversos augures dicen que el tiempo apremia.
Hércules contempla su menú y se pregunta cuál será su suerte. Por ahora, superó la huelga de los maestros entrerrianos, pero sabe, por lo que le dicen el canciller y los oráculos, que deberá batirse pronto con rivales mayores. Tiene a Atenea de su lado, como siempre, desde que estudiaba en La Plata, pero está aprendiendo que debe cuidarse tanto de sus enemigos como de sus amigos, y aun de su propia sombra. "En toda empresa no hay nada peor que los malos compañeros", repite con Esquilo y con hercúlea y obstinada insistencia, mientras vela las armas.






