
Hombre de dos mundos
Entre Italia y la Argentina, entre la empresa y el arte, Roberto Rocca será recordado como un hombre de dos mundos que supo transitar por ambos con discreción extrema. Su aporte al arte y a la cultura se deberá leer como un compromiso mucho más amplio que el placer de un dilettante que disfruta en la intimidad la belleza de una pinacoteca familiar.
El hombre que murió anteayer en Milán, víctima de un cáncer de páncreas, sabía mirar un cuadro, alentar a los artistas y hasta apartarse de la mirada de los otros para ensayar con los pinceles su propia obra. Las crónicas que trazaron su perfil en los diarios porteños no se equivocaron al decir que era un buen cocinero y un gran gourmet, haciendo honor a la tierra de sus orígenes donde la comida alcanza la categoría de un ritual. Del mismo modo que sentía admiración por la obra de Guillermo Roux, en quien reconocía el talento del artista y la capacidad única de sistematizar el trabajo, Rocca sabía disfrutar los proverbiales "spaghettis al pesto", de Franca, la mujer de Roux.
* * *
No hay un porteño melómano que no admita a viva voz que Roberto Rocca era una institución dentro del Teatro Colón, por su apoyo incondicional al Mozarteum, a la Fundación del Teatro Colón y a todas las iniciativas que tuvieran como fin la difusión de la música en general y de la ópera en particular Con Andreína, su mujer, compartía el amor por la Argentina, su gente y su cultura.
Andreína Bassetti de Rocca impulsó un par de años atrás la Fundación Sumampa, lanzada en la Feria del Mueble de Milán, con el objeto de mostrar al mundo y comercializar los muebles hechos por artistas autodidactas en el chaco santiagueño. El proyecto nació de una larga investigación de Ricardo Paz Bullrich y la presentación italiana resultó un éxito de público y de crítica.
* * *
La vida cultural de Buenos Aires se vio notablemente enriquecida con la apertura de la Fundación Proa, brazo extendido de Techint a la escena del arte contemporáneo. Impulsada por Paolo Rocca, hijo menor de Roberto, la Fundación se instaló en una vieja casa de la Vuelta de Rocha, que Andreína y Roberto compraron en los años setenta con intención de convertirla en un mojón de la memoria de los inmigrantes.
Desde su apertura Proa se convirtió en un centro vital de arte contemporáneo, le cambió la vida al barrio y amplió el circuito cultural hacia el sur. Incondicional benefactor de Proa, Roberto Rocca alentó un proyecto que implicaba la difusión del arte con el soporte de la empresa privada en un país todavía huérfano de una eficaz ley de mecenazgo. Como otro patriarca de la industaria italiana muerto este año,el "avoccato" Gianni Agnelli que usaba el reloj sobre el puño de la camisa, Roberto Rocca había convertirdo en hábito llevar el anillo de casamiento en la malla de su reloj pulsera.






