
Homenaje que reivindica la figura de Alfredo Pochat
La restitución de su nombre al auditorio de la sede de la Anses revaloriza la dimensión de alguien que luchó contra la corrupción en la función pública
1 minuto de lectura'

La memoria sesgada de los gobiernos promueve amnesia social en los pueblos. Sobre todo cuando se borran del acervo histórico nombres de personas que encarnaron luchas sociales, que reivindicaron derechos o abrazaron principios que los llevaron a dejar la vida en su defensa.
Hacia finales del gobierno encabezado por Cristina Fernández de Kirchner, se decidió quitarle el nombre del doctor Alfredo Pochat al auditorio de la sede central del organismo. De esta manera, no sólo se profanó la memoria de quien fue asesinado por investigar y denunciar actos de corrupción en la entidad, sino que se agredió a sus hijos, su viuda y su familia ninguneando a ese padre, esposo, hijo y hermano que les fue arrebatado, al condenarlo a un injusto anonimato dentro del propio edificio desde donde bregó para que el Estado garantizara uno de los derechos básicos de la sociedad, al cuidar la administración de los recursos públicos que debían ser destinados a pagar jubilaciones dignas.
El 4 de junio de 1997, Alfredo Pochat, mientras cumplía tareas de investigación dentro de la Anses, viajó a Mar del Plata para denunciar hechos de corrupción que involucraban a la titular de esa delegación. Pero nunca llegó a la conferencia de prensa prevista para esa tarde. El marido de la funcionaria pidió verlo horas antes y le disparó tres tiros, que acabaron con su vida.
Y también acabaron con la investigación que impulsaba Pochat, ya que la Anses no continuó impulsándola, porque cuando no hay institucionalidad, detrás de un Pochat, en lugar de continuar otro Pochat, retornan la cobardía, la desidia y la complicidad; en definitiva, regresa el sistema que garantiza impunidad a los corruptos. Pochat lo sabía y sin embargo siguió adelante. Por eso su tarea de investigación de la corrupción estructural en el Estado debe ser reconocida, valorada su lucha y perpetuada su persona, elevándola a la más alta consideración pública. Por ello, bajar la placa con su nombre del auditorio de la Anses fue un acto de bajeza de funcionarios que, manipulando la historia, borran la memoria y vacían el futuro.
Al poco tiempo de ser asesinado Pochat, la fundación Poder Ciudadano promovió un petitorio ante la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires para que el 4 de junio fuera declarado día de la lucha contra la corrupción en su homenaje. La campaña de firmas impulsada por la ex presidenta de la entidad María Batch terminó en un proyecto de ley presentado por el entonces legislador Gustavo Beliz, quien desde una generosidad política poco frecuente lo abrió a los demás bloques para que se presentara conjuntamente, lo que permitió que fuera votado por unanimidad.
Inspirado en esa ley, días atrás, el actual titular de Anses, Emilio Basavilbaso, reparó el agravio a la memoria de Pochat y puso las cosas en su lugar al volver a colocar su nombre al auditorio de la entidad. Con la presencia de varios familiares y amigos, además de funcionarios públicos y empleados del organismo, la figura de Pochat volvió a cobrar dimensión, en un momento en que su lucha por la transparencia puede alcanzar un punto de inflexión, ya que, por un lado, la Justicia investiga la megacorrupción que pone bajo sospecha a numerosos funcionarios y empresarios vinculados al kirchnerismo, incluyendo a la propia ex presidenta, y, por el otro, un nuevo gobierno le vuelve a dar sentido a la Oficina Anticorrupción al impulsar leyes básicas para luchar contra la defraudación al Estado, como la ley de acceso a la información pública.
Sin duda este pequeño acto no termina de hacer justicia en la dimensión que merece un gran hombre como Pochat, pero cobra gran significancia porque, frente a quienes quisieron condenarlo al olvido, asoman quienes bregan por perpetuarlo en la ejemplaridad. Pues se podrá borrar el nombre de Pochat de un auditorio, pero lo que no se puede borrar es la memoria colectiva de quienes lo valoran por su lucha y lo admiran por su muerte.





