Hubiera

Fernando Sánchez Zinny
Fernando Sánchez Zinny PARA LA NACION
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16 de junio de 2002  

"Si yo hubiera sabido eso purgaría la condena porque la culpa no me dejaría vivir."

(Del alegato del ex juez Hernán Bernasconi ante el tribunal que lo juzga.)

Como de aquella historia han pasado ya unos cuantos años, al cabo de los cuales, y según testimonios fehacientes, el ex juez Bernasconi sigue con vida, es sensato suponer que, en efecto, no ha experimentado mayores sentimientos de culpa. Convengamos, de paso, que el "si yo hubiera..." es un mecanismo verbal mandado hacer para erigir bellos recordatorios a la imprecisión -también conocida como cautela-, amada por los periodistas y aborrecida por los entusiastas.

Es verdad: si hubiera sido previsor no me pasaría lo que me pasa, si hubiera desposado a una rica heredera gozaría de paz espiritual. Pero como no se hizo ni una cosa ni la otra, he aquí que ambos enunciados son, a lo sumo, aburridas especulaciones del desencanto. Naturalmente, Bernasconi no sabía nada, nunca lo supo y en afirmar esto con vehemencia consiste su defensa.

Es creíble en tanto no se demuestre lo contrario. Lo que no quiere decir que no queden flotando dudas y no por el viejo caso del Cóppola y la Samantha y su sombra previa al olvido, sino por tantos otros más recientes, protagonizados por la entera guía telefónica. Al fin y al cabo, Bernasconi no es sino un humilde emergente del limbo generalizado. Sea a propósito del corralito, del Mundial, de los excrementos caninos, del peaje compulsivo, del desempleo o de los niños famélicos, una única respuesta dice que sí, si hubiera sido de otro modo, lo que significa que no.

Nada saben ni el juez ni el vigilante, ni el banquero ni el ministro, ni el entrenador ni el promotor, ni la asistente social ni la preceptora, partícipes todos de una llamativa perplejidad común. ¿Es esto posible? Cierto, en lo individual ninguna ignorancia es recusable, ¿pero todas juntas no son mucho? La suspicacia es inevitable y tan larga que recorre el Purgatorio y el Infierno. En cuanto a Bernasconi, acaso no haya sido sino el pato de la boda, ¿pero cómo podemos decirlo nosotros que nada sabemos?

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