
Interpol: qué hay detrás del nombre
La organización policial más extendida del mundo esconde celosamente en su fortaleza de Lyon las claves de su funcionamiento en la lucha contra todo tipo de delitos internacionales.
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LYON.- EL secreto es un lujo que pueden permitirse, hoy en día, muy pocos individuos, y muy pocas instituciones, menos aún internacionales. Entre otras razones, debido a que el "cybermundo" en el que vivimos instruye, informa, delata o miente alegremente en la red, con una profusión de datos difícilmente cuantificable.
Hay, sin embargo, excepciones. Una de ellas es Interpol, cuyas siglas, OIPC, corresponden a Organización Internacional de la Policía del Crimen; tiene su sede en la ciudad francesa de Lyon, a una hora y media de Ginebra. Curiosamente, a pesar de que Interpol ya forma parte del léxico cotidiano de las noticias televisivas o de las novelas policiales de John Le Carre, Patricia Cornwell o James Bond, la institución logra mantener una enorme cuota de misterio en su funcionamiento, sus actuaciones y hasta en sus integrantes.
Por cierto, penetrar en el elegante cuadrilátero de cristal azul opaco y acero no es tarea fácil. Las visitas pueden hacerse sólo por invitación, y la invitación debe pedirse con varias semanas de anticipación, enviando no sólo las credenciales pertinentes, en el caso de periodistas, sino también todos los datos y números del pasaporte. En la respuesta se estipula el tiempo de la visita: una hora y media en total, incluidos 15 minutos de "charla informativa" con el secretario general, Raymond Kendall.
La sede de Interpol está ubicada en una calle tranquila, paralela al Quai General De Gaulle, una estupenda avenida que bordea el río Ródano, a pocos metros de una de las zonas verdes más extensas y bellas de Lyon: el parque de la Tête D´or, y muy cerca del Museo de Arte Contemporáneo. Como el edificio no exhibe ninguna identidad en su frente, probablemente muchos de los turistas que transitan camino al parque no sospechan que están frente a la organización antidelictiva más poderosa del planeta.
Entrar ya es toda una aventura: la puerta de acceso, automática, conduce a un pequeño edificio separado del edificio principal: allí, una azafata, después de controlar nuestra identidad y de entregarnos un pase especial, nos hace pasar por un enorme detector de metales, tipo aeropuerto, del cual separa cuidadosamente grabadores y teléfonos portátiles. Así, llegamos a una doble puerta vidriada, que se abre y se cierra por los dos lados, gracias a un dispositivo de seguridad. Sólo más allá de la puerta vidriada se llega a un pequeño jardín, con un pasillo que une la entrada al edificio principal. Sobre las lajas del jardín, el emblema de Interpol: un globo terráqueo, rodeado de laureles y atravesado por una espada. Hacia ambos lados del globo, dos balanzas representan la justicia.
Allí está el vocero de Interpol, quien explica que la organización está dirigida por un secretario general, nombrado y elegido por la asamblea general de los 177 países miembros, cada cinco años, con posibilidad de reelección. También aclara que la sede cuenta con cuatro departamentos: el administrativo, el jurídico, el de asuntos criminales y el técnico.
Ya instalados en una sala de reuniones, aparece Raymond Kendall, el actual secretario general, un cincuentón de aspecto elegante y austero, de nacionalidad británica. "Lamentablemente, hoy no dispongo de mucho tiempo porque está reunido el comité ejecutivo (compuesto por 13 miembros), que está por elegir el próximo secretario del año 2000. Por eso, tendrán la ventaja de saber quién será, sobre el fin de la visita."
Al preguntarle cuáles son los objetivos principales de Interpol, y a cuánto alcanza su presupuesto anual, Kendall no titubea: "La lucha contra el terrorismo y el crimen organizado internacional, en todas sus formas, ya se trate de blanqueo de capitales, de tráfico de droga o de falsificación de monedas. El tráfico transfronterizo de niños, las redes internacionales de prostitución y la actuación de grupos mafiosos también entran en nuestro mandato. El presupuesto anual es de 35 millones de dólares, que se dividen entre los 177 países miembros".
Kendall reconoce que los gobiernos europeos están cada vez más preocupados por el avance de la criminalidad organizada a nivel internacional, ya que manejan tecnologías de punta cada vez más sofisticadas. Para combatirla, es necesario contar con medios de transmisión rápidos, eficaces y que a su vez sean totalmente seguros. "Hoy en día, tardamos exactamente 150 segundos en transmitir fotos, informaciones e impresiones digitales a las oficinas nacionales de nuestros países miembros."
Un hecho del que se habla poco es la colaboración -acentuada sólo recientemente- entre Interpol y las organizaciones de las Naciones Unidas: por ejemplo, con Unicef en el caso de grupos de paidófilos internacionales y, ahora, con el Tribunal Internacional de La Haya, en su búsqueda de criminales de guerra.
No fue siempre así. Según el libro sobre Interpol del periodista francés Laurent Greilsamer (Ediciones Alain Moreau), recién el 3 de abril de 1985 Interpol difundió desde su sede un aviso urgente a sus países miembros para descubrir el paradero de Joseph Mengele, uno de los autores de la "solución final" en los campos de exterminio del Tercer Reich. La orden de arresto había sido pedida por Alemania en 1950, y repetida en 1981. Demasiado tarde: entretanto, Mengele supuestamente había muerto en Brasil. Sobre el tema, Kendall había respondido al periodista francés en 1986: "La decisión de pedir el arresto internacional de Mengele la tomé yo mismo: una persona que ha participado en un genocidio no puede beneficiarse con una protección como un soldado acusado de crímenes de guerra". La precisión de Kendall, en el caso Mengele, es importante. En el artículo 3 de los estatutos de Interpol se estipula que "toda actividad o intervención en las cuestiones o los asuntos que presenten un carácter político, militar, religioso o racial está rigurosamente prohibido a la organización". En realidad, la decisión de Kendall, en 1985, fue la de acatar la Convención de la ONU sobre el Genocidio, votada por unanimidad ya en 1948.
Las circunstancias que condujeron a los países europeos a la Segunda Guerra Mundial influyeron en forma decisiva en el futuro de Interpol. Cuando las tropas de Hitler ocuparon Austria, en marzo de 1938, el presidente de Interpol, cuya sede estaba en Viena, fue obligado a renunciar. En su reemplazo, los jerarcas nazis, conscientes de la importancia de los archivos y del sistema de comunicaciones de la organización policial, nombran a un funcionario complaciente con el régimen, Otto Steinhausl.
Dos años después, asumiría el control de Interpol el general de las fuerzas SS Reinhard Heydrich. Al mismo tiempo, la Sociedad de Naciones congela su colaboración con la institución y los representantes de Francia y Suiza intentan trasladar la sede internacional de Viena a Lausana. Pero ya es demasiado tarde. La asamblea general de la organización, reunida en Bucarest, Rumania, resuelve por mayoría que el próximo cónclave tendrá lugar en Berlín. Y allí será transferida la sede hasta el fin de la guerra.
De hecho, la transformación de Interpol comenzó, lentamente, durante los años setenta, cuando emergen los grupos terroristas palestinos, armenios y europeos.
Así fue como, a partir de 1975, Interpol comenzó a tratar los dossiers del terrorismo, como las Brigadas Rojas y la Banda de Baader. Fue también en ese año que Interpol comienza a reclutar las primeras informaciones sobre Carlos, llamado en realidad Ilich Ramírez Sánchez, venezolano, hoy preso por actos terroristas cometidos en Francia.
¿Cuáles son, entonces, las intervenciones de Interpol en los delitos internacionales no ligados al crimen organizado? El área es enorme, e incluye tanto los crímenes contra el patrimonio (tráfico de bienes o de obras de arte) como la criminalidad económica y financiera (fraudes bancarios y comerciales, tráfico de materiales radiactivos y crímenes contra el medio ambiente), así como el tráfico de estupefacientes. Siempre y cuando los servicios policiales y las autoridades judiciales de un país miembro lo soliciten. El tema es grave: Interpol evalúa en 500.000 millones de dólares los daños causados por la criminalidad económica en 1997, sólo en Europa occidental.
Antes de despedirse, Raymond Kendall contesta a una pregunta sobre las actuaciones de Interpol en la Unión Europea, que "para nosotros, Europa cuenta con 45 países, no 15, y tenemos un activo intercambio de informaciones con Europa del este, así como una oficina nacional en Moscú".
No es para menos. Según lo afirma el sociólogo suizo Jean Ziegler en su último libro Los señores del crimen (Ediciones du Seuil, 1998), el "propio Ministerio del Interior de Rusia precisa que alrededor de 5700 bandas mafiosas controlan el 70 por ciento del sector bancario del país, y la mayor parte de las exportaciones de petróleo, gas natural y minerales estratégicos del país".
Ciertamente, el tema de la inseguridad internacional "inquieta cada vez más: el libro de Ziegler es sólo uno de los muchos que se han editado en los últimos años sobre la incontrolabilidad de los grupos que manejan el crimen organizado internacional.
La documentación acumulada y el sistema autónomo de telecomunicaciones del que dispone la sede central de Interpol tienen un papel considerable en esta lucha. Pero no es todo. Para que el combate resulte realmente eficaz, vale la pena citar una definición, también de Ziegler, quien propone que "para resistir a la violencia, al chantaje y a la agresión cotidiana de los carteles del crimen organizado, una sociedad necesita contar con valores. Sólo los ciudadanos solidarios, que valoran el bien público común, unidos en la defensa de la democracia, practicando entre ellos relaciones de complementariedad y de reciprocidad, resistirán a la corrupción y a la seducción que ejercen los agentes de la criminalidad transnacional".
Hoy en día, más de 500.000 delitos están registrados en las computadoras de Interpol, pero sólo se dan a conocer los casos resueltos. Ejemplo: un cómplice del supuesto terrorista internacional Ben Laden -actualmente refugiado en Afganistán e inculpado de muerte contra un ciudadano de los EE.UU.- pudo ser arrestado en Alemania y luego extraditado a Estados Unidos gracias a la colaboración de la policía alemana con Interpol y EE.UU.
Minutos antes de la partida, un escueto comunicado informó que el próximo secretario general será -si es aprobado por la asamblea general- el estadounidense Ronald K. Noble. No le quedará más remedio que aprender francés.
La historia de Interpol
1914
- Se reúne el primer congreso internacional de la Policía Judicial en Mónaco, para estudiar la posibilidad de crear un fichero internacional de policía y armonizar los procedimientos de extradición.
1923
- Segundo congreso de la Policía judicial en Viena, donde se crea la Comisión Internacional de Policía del Crimen (CIPC). Su sede se establece en Viena, Austria.
1946
- Después de la Segunda Guerra Mundial renace la CIPC. Su sede se transfiere a París,Francia, y se adopta el nombre de Interpol.
1956
- La CIPC se convierte en la organización Internacional de Policía del Crimen (OIPC), Interpol.
1984
- Entra en vigor un nuevo acuerdo, y la asamblea general adopta resoluciones sobre la lucha contra el terrorismo.
1989
- Se inaugura oficialmente el nuevo edificio de la sede, en Lyon, Francia.
1996
- Interpol cuenta con 177 países miembros (comparado con 50 en 1955 y 100 en 1967).
1999
- La Asamblea General designa al norteamericano Ronald Noble para reemplazar a partir del 2000 al británico Raymond Kendall al frente de la organización.






