Intriga con fondo de ciencia

Armando Capalbo
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29 de noviembre de 2015  

Bióloga y escritora, la danesa Sissel-Jo Gazan (Dinamarca, 1973) incursiona en Las alas del dinosaurio en la intriga policial para desarrollar una novela vibrante en la que confluyen conflictos psicológicos, disquisiciones científicas y un logrado recorte sobre la angustia de sobrevivir con secretos inconfesables que hacen de la identidad una simple máscara.

Lars Helland y Clive Freeman, científicos y académicos de enorme reputación (de las universidades de Copenhague y de British Columbia), vienen enfrentándose desde hace décadas respecto de si las aves actuales descienden o no de los dinosaurios. La tensa disputa abarca a profesores e investigadores de los departamentos de Biología en los que trabajan y presenta avances y retrocesos a lo largo de casi dos décadas. En el presente del relato, la contraposición llega a un punto exasperante, justo cuando la joven bióloga Ana Bella Nor debe presentar su tesina de graduación. Su tutor, Helland, aparece sorpresivamente muerto. Pronto se descubre que fue atrozmente asesinado a través de la inoculación de parásitos. El hecho no sólo paraliza la agenda universitaria sino que además se complica con un segundo y brutal crimen, el de uno de los ayudantes de Helland, Johannes, pieza fundamental para que se sustancie el protocolo de defensa que Ana Bella necesita. El investigador policial Soren Marhange no sólo está desorientado por no encontrar ni pistas ni móvil sino que además, al interiorizarse de la trama oculta de la vida de los muertos, se identifica con el horror de esconder o disimular los pormenores íntimos de su propia existencia. Será la propia Ana Bella quien motorice la investigación y expurgue lo más recóndito para que triunfe la verdad.

Para desplegar su trama policial, Gazan articula un punto de vista omnisciente que, sin embargo, va marcando moderados registros de profundización en el interior anímico de los tres personajes que terminan siendo protagónicos (Ana Bella, Soren y Clive). Así, el desarrollo de la historia criminal se va intercalando con el buceo en el pasado de los personajes y con el dosificado develamiento de los profundos secretos que entorpecen la investigación de Soren. El propio detective es uno de los personajes más atormentados por la encrucijada psicológica que significa para él enfrentarse a dos asesinatos sin móvil, enlazados por la presencia de una mujer joven con una hija pequeña, abandonada por su marido. El pasado también golpea su espíritu, agobiado y resquebrajado por haber perdido una familia clandestina. Este cruce entre lo psicológico y lo policial atempera, en cierta medida, el peligro de dispersión que las densas parrafadas científicas proveen a la novela. Aun así, lo que sale desfavorecido es el ritmo, desajustado por tanta información específica sobre la problemática del origen de las aves y de su posible o remoto vínculo con el linaje de los dinosaurios.

La batalla de las áreas científicas de las dos universidades busca trasparentar que el pequeño gran universo de las teorías científicas está, como muchos otros, sometido a la vanidad, al orgullo y a la moda académica, dejando muchas veces a un lado la búsqueda del conocimiento. A simple vista, se trataría del trasfondo de una ciencia humanizada pero la novela aspira a trabajar además un paralelismo entre las obsesiones personales que movilizan una investigación sobre la vida animal prehistórica y las inevitables pistas que el detective va encontrando en los asesinatos. La hábil combinación del planteo sentimental de Soren y Ana Bella con el derrumbe anímico de Clive por ver sus teorías rebatidas termina erigiéndose como una línea de avance tan importante que se sitúa a la par de la resolución de los crímenes. Es destacable que Las alas del dinosaurio ubique en el centro de su rompecabezas la identidad profunda como verdadera sustancia de la trama policial para así poner en cuestión el género.

LAS ALAS DEL DINOSAURIO

Sissel-Jo Gazan

Alfaguara, Traducción: B. Ortiz Ostalé

494 páginas, $ 249

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