
Intrigas de alcoba de un seductor serial
Contemporáneo de Casanova, otro de los seductores impenitentes que animaban la vida cortesana durante el reinado de los Luises en el siglo XVIII, el mariscal de Richelieu inspiró dos criaturas deliciosas: el Valmont de Relaciones peligrosas, novela de Laclos llevada al cine por Stephen Frears, y el Cherubino de Las bodas de Fígaro, pieza de Beaumarchais que trasladó a la ópera Mozart. Se conocen muy bien, pues, su gusto por la intriga palaciega y el ansia de deseo que provocaban en él los pruritos morales y las dudas de marquesas, duquesas, princesas y cuanta muchacha temía caer en las redes del pecado.
Richelieu murió nonagenario, y hasta última hora hizo gala de su capacidad amatoria, pues "el recuerdo de lo que había sido parecía embellecer su vejez". En Vida de un perfecto seductor (Tusquets), el grandísimo amante revisa con delicadeza sus aventuras galantes en tiempos de Madame Maintenon, Madame Pompadour y Madame Du Barry, y refuta aquella idea, tan caballeresca, de que la mujer no tiene pasado y el hombre no tiene memoria.




