
Itinerario de Rudi Dornbusch
Por Stanley Fischer Para LA NACION
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NUEVA YORK
Con la muerte de Rudi Dornbusch, acaecida el 25 de julio a la edad de sesenta años, hemos perdido a un gran economista y un ser humano excepcional.
Había nacido en Krefeld, Alemania, donde transcurrió su infancia. Estudió en la Universidad de Ginebra y en 1971 se doctoró en la Universidad de Chicago. Enseñó en la de Rochester desde 1972 hasta 1974, para luego regresar a Chicago como profesor asociado de la Graduate School of Business. En 1975 aceptó una oferta del Departamento de Economía del Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde ejerció la docencia hasta su fallecimiento.
Sus primeros trabajos reflejaron, tanto en el tema como en el estilo, el influjo de Robert Mundell, su padrino de tesis doctoral. El tema era la producción y las tasas de cambio y de interés. El estilo era elegante y engañosamente simple, con modelos complejos reducidos a la interacción de dos curvas. Por un tiempo se los conoció como "diagramas de Dornbusch". Rudi reunió muchos de estos estudios tempranos en su libro, ya clásico, Macroeconomía de la economía abierta , publicado en 1980.
Fluctuaciones cambiarias
En 1976, a poco de su llegada al MIT, escribió su artículo más famoso e influyente: "Expectativas y dinámica del tipo de cambio", sobre la corrección excesiva ( overshooting ) de las tasas de cambio. Las fluctuaciones cambiarias subsiguientes a la transición hacia las tasas flexibles, en 1973, sorprendieron por su amplitud (fueron mucho mayores que las fluctuaciones de los precios internos). El gran interrogante fue a qué obedecían.
Rudi propuso una explicación sencilla. El nivel de precios y el de producción son "viscosos", esto es, sólo cambian con lentitud. Cuando la economía recibe un choque, éste es absorbido inicialmente por las tasas de interés y de cambio. Poco a poco, el impacto se traslada a la producción y los precios internos, en tanto que la tasa cambiaria avanza hacia un nuevo equilibrio.
Es típico de este proceso que la tasa de cambio sobrepase su valor a largo plazo ("resultado de Dornbusch"). Por eso fluctúa más que el nivel de precios. Como señaló Ken Rogoff, discípulo de Rudi y actual economista principal del Fondo Monetario Internacional, en ocasión del vigésimo quinto aniversario de la publicación del ensayo: "El artículo sobre "corrección excesiva" [...] marca el nacimiento de la macroeconomía internacional moderna".
Mientras seguía escribiendo destacados trabajos teóricos, Rudi se interesó por las cuestiones de política económica. Llegó a sobresalir entre los economistas especializados en el tema, haciendo gala del mismo talento que había manifestado en sus ensayos teóricos: la capacidad de extraer la esencia de un problema complicado y explicarla en términos que la hiciesen parecer simple.
Estudió los problemas más importantes de la actualidad nacional e internacional, y echó mano de sus conocimientos de historia económica para esclarecer el presente. Por ejemplo, aplicó las lecciones de la disolución del Imperio Austro-Húngaro a la desintegración del bloque soviético.
Su contribución más célebre es un artículo de 1994 en el que predijo la crisis monetaria de México. Entre sus muchos trabajos sobre los problemas de América Latina, también vale la pena releer "Populismo macroeconómico" (1990). En él describe con exactitud una tentación a la que solían sucumbir quienes dictaban las políticas en los países latinoamericanos, y en otros.
Su fama se extendió a la par de su interés por las políticas económicas. Viajero, escritor y disertante incansable, fue una presencia formidable por la agudeza y la rapidez mental transparentadas en sus artículos más populares, sus columnas y sus conferencias.
Fue uno de los mejores polemistas dentro de su profesión. Nunca temió exponer sus puntos de vista, que a menudo reflejaban aquel consejo de Keynes: "Las palabras deben tener una pizca de impetuosidad porque son la embestida de los pensamientos sobre la irreflexión". En más de una ocasión fue persona non grata para las autoridades de diversos países por haber descripto sus políticas o su conducta en términos que no agradaron. De nada valió que sus aciertos fueran más frecuentes que sus yerros.
Pese a su imagen pública, Dornbusch fue un excelente asesor confidencial. Durante mi gestión en el FMI, lo llamaba a menudo para discutir alguna situación difícil. Hablaba todo el tiempo que fuese necesario y la clarividencia de sus consejos, siempre reflexivos y matizados, revelaba cosas que nadie había percibido.
Por un tiempo, Rudi pensó en la posibilidad de incorporarse al gobierno de Bill Clinton. Pronto desistió. Tenía poca paciencia para la burocracia, las largas reuniones y la necesidad de respetar una línea oficial. Fuera del gobierno, tenía la ventaja de poder desarrollar libremente sus observaciones perspicaces y expresar sus opiniones.
En la docencia, tuvo un éxito no menos espectacular. Pocos lo igualaron como consejero de tesis doctorales. Todos los macroeconomistas internacionales de renombre que pasaron por el MIT (entre ellos, Jeffrey Frankel, Paul Krugman, Maurice Obstfeld y Ken Rogoff) fueron discípulos suyos.
El mayor elogio
En cualquier parte del mundo, encontramos otros discípulos notables. Muchos son planificadores políticos. Su afecto por el maestro y amigo es el elogio más grande a su enseñanza y guía.
Tuve la suerte de colaborar con Rudi en la redacción de dos libros de texto y varios artículos. Uno de aquéllos, Macroeconomía , superó el millón de ejemplares vendidos en el mundo. Fue la mayor satisfacción en mi carrera profesional. Lo mismo sintió él.
Rudi animaba cualquier grupo en que participara. Fue uno de los hombres más talentosos, cálidos y generosos con su tiempo y su persona: estaba a disposición de sus discípulos y amigos toda vez que lo necesitaran. Luchó con su cáncer terminal por más de dieciocho meses, sin quejarse jamás, mostrando siempre una confianza optimista en que el último tratamiento experimental daría resultado. Cuando, finalmente, tuvo que guardar cama, expresó su esperanza de que sus amigos lo recordaran como había sido, y no como era al final. Así lo haremos.
© Project Syndicate y LA NACION
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)
El autor es uno de los vicepresidentes del directorio del Citigroup. Fue vicedirector administrativo del FMI y profesor de economía del MIT.




