
Jeroglíficos del futuro
La piedra de Rosetta es una perfecta capsula del tiempo de un decreto del faraón Ptolomeo V, que llega hasta nuestros días con su mensaje intacto en tres idiomas antiguos.
Al estar tallados los caracteres en un soporte tan contundente -una roca parecida al granito-, cualquier enmienda posterior se notaría o hasta podría haber roto esa roca. Paradójicamente, la virtualidad que envuelve a nuestra época permite modificar una y otra vez textos e imágenes sin que se advierta en lo más mínimo.
En estos días trascendieron fotos del Papa en las que luce una campera acolchada blanca, retoza bajo una sombrilla en una playa, anima una fiesta como DJ y hasta toca la guitarra. Un material que no deja de viralizarse mundialmente, aunque se alerta que se trata de una broma realizada con inteligencia artificial. Ahora esas imágenes vienen con un sobreimpreso que dice “fake”.
Pero ¿cómo se interpretarán esas fotos intervenidas en 200 años o más si el soporte digital sobrevive en el tiempo y la travesura original pierde por el camino las advertencias actuales?
Para los historiadores del futuro, más difícil que descifrar jeroglíficos, será distinguir del pasado lo real de lo ficticio.







